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13.12.07

DUCHAMP Y BEUYS A LA PASARELA


Imágen::ESTUDIO DAVIDELFIN::



"Personalmente, considero el proceso artesanal muy importante. La sensación de que algo está hecho a mano me resulta esencial, y considero que representa todo lo que la actual industria de la moda no es. No me gusta la producción ni el consumo masivo y el concepto de producir rápido y ganar mucho dinero está envenenando el mundo de la moda actual", puntualizó Sandra Backlund a la revista Metal en su última edición, la ganadora del Festival de Hyères nominada por el mismísimo Christian Lacroix e integrante de la Segunda Bienal de Arte de Arnhem.


Tomo esta declaración de la diseñadora sueca para detenerme en ese mismísimo asunto: la industrialización. Si bien respaldo su inteligente y pertinente opinión (que comparto y respeto), preferiría ahondar más en la premisa de cómo el universo textil se está tomando esta cuestión. De una forma cautelosa pero a la vez notoria, algunos creadores de altísima talla se han puesto a tratar el tema pero desde una visión que mezcla una crítica y a la vez una provocación como statement, una suerte de declaración de intensiones, un calibrado tratado que mezcla arte, moda y capitales simbólicos aún algo andróginos.


Marcel Duchamp en su tiempo, cogió un urinario y lo insertó dentro del espacio expositivo museístico conmocionando al mundo del arte. Nadie creía bajo este shock que un objeto de uso común devenido del diseño industrial fuera elevado a la categoría de objeto artístico de contemplación estética, muchísimo menos comercializado. Luego vendría el portabotellas, el taburete-rueda y un sinnúmero de ready-mades que darían pié al nacimiento del arte conceptual (Joseph Kosuth y sus "tres sillas" de por medio) vigente y pregonado hasta la actualidad.


Por su parte el artista Joseph Beuys, al ser invitado por una famosa galería neoyorkina a realizar una performance cuyo objetivo sería domesticar un lobo salvaje en la más completa soledad, exigió ser trasladado desde el aeropuerto a dicha galería envuelto en una manta de tejido industrial y atado por sogas. Beuys no quería tener ningún contacto con la cultura de consumo masivo norteamericana ni con nada que tuviese relación con ella. Con su site specific no sólo logró domesticar al lobo, sino que además, como bofetada a los Estados Unidos, volvió al aeropuerto de Nueva York de la misma forma: envuelto y atado con la oscuridad como principal protagonista.
Al ver las últimas creaciones de la Maison Martin Margiela, no puedo sino trasladarme automáticamente a la obra de Duchamp y observar cómo se palpa una evidente intención por cambiar el capital simbólico de objetos de la vida cotidiana y dotarlos de otra connotación arriba de la pasarela. Colgantes-candado (llave y copia incluídas), enormes navajas de principios de siglo transformadas en cinturones y brazaletes, y chaquetas hechas a partir de bolsos de viaje, entre otras, no me dan otra opción para catalogar sus diseños sino como la "duchamptización" misma de la moda.


A su vez en España, Cibeles fue testigo en su última edición de cómo Davidelfin presentó ante sus narices la reencarnación de Beuys como un ave fénix. Modelos envueltas y atadas caminaban con temple serio como queriendo transmitir el lacónico y brillante universo de Beuys, asimismo, acopló a sus espaldas respaldos de sillas industriales de madera, recordando a los que realmente entendían de la relación entre la moda y el arte que respaldando a Beuys se encontraba Kosuth con toda su carga psicológica e iconográfica.


Con estas asociaciones evidentes, podríamos entender el próximo paso del mundo de la moda que quizás se transforme en su principal grito de guerra. Más allá de la muy válida opinión de Backlund, sea la respetuosa sencillez estética y un elevado discurso simbólico socio-cultural los que doten a la industria un merecido puesto dentro de la legitimización cultural, hoy todavía polémica en el circuito.


EL PODER DEL PACKAGING EN LA MODA


IMAGEN::CELEBRITY BABIES::

La función que ha desempeñado el packaging dentro del mundo de la moda, lejos de lo que pueda pensarse, ha sido el de transformarse en uno de los principales aliados de las grandes marcas para promocionar sus nombres en los rincones más recónditos e insospechados. Aparte de ser los mismos productos de estas firmas los encargados de promocionar a sus creadores, sos sus envases y embalajes los que se transforman en verdaderas pancartas publicitarias circulantes, que se transportan por cielo, mar y tierra protegidos por sus clientes con recelo. Asimismo, algunas empresas del lujo han hecho de sus packaging la imágen misma de sus conglomerados.

Si queda alguna duda con respecto a esta afirmación, basta ver en cualquier avenida atestada de tiendas de lujo como sus clientas pasean bajo distintos ánimos exhibiendo bolsas mejor o peor diseñadas, pero mostrando al resto de los transeúntes que posee el poder adquisitivo suficiente para consumir este tipo de productos. Intencionada o desintencionadamente, ejercen una fuerte comunicación visual que genera un deseo de posesión por parte de otras personas sin siquiera saber qué objeto lleva dentro de aquellas bolsas, sea un vestido pret-à-porter o un kilo de manzanas.

Dotándolo de un poder digno de un estudio sociológico, el packaging posee una fuerza comunicacional muchísimo más fuerte que un gran anuncio en esas mismas avenidas, o imágenes gráficas dentro de los medios de comunicación masivos, por la simple razón que el packaging tiene contacto directo con los sujetos, ahí en la calle, en una esquina, un café o una plaza. Se transforma en un producto en sí que quien pueda llegar a poseerlo no se deshará de él una vez llegar a casa. Lo guardará para llevar otros bienes por su funcionalidad transportiva, además, tendrá la doble función de marcar la personalidad propia de su dueño (en el caso que quiera hacerlo). Es decir, la firma podrá asegurarse que además de una primera promoción de su marca una vez salir el cliente de la tienda, volverá a salir a la calle, circular por avenidas, metros, aviones y la totalidad de los medios de transporte.
Es interesante observar esa situación de lucha de clases a través de un objeto tan simple como una caja de cartón o una bolsa de papel, que si analizamos detenidamente, es el producto de más bajo coste en sus sistemas de producción y material, es decir, es el elemento de marketing comunicacional que menos gasto sugiere para las firmas y sin embargo, es al que más atención presta el sujeto.

Por nombrar algunos ejemplos, la firma Gucci, dependiendo del producto adquirido entrega a sus clientes bolsas de 54 x 64 cm confeccionadas en un exquisito cartón couché con sus letras gofradas en oro opaco cuya única forma de transportar es colgada del hombro (por sus enormes dimensiones), obligando al cliente que exhiba el nombre de la firma de manera monumental. Como lo lleve de la mano, la bolsa rebotará en el pavimento, razón por la cual transforma su packaging en un complemento más de la vestimenta del cliente.
La firma Tiffany & Co. por su parte, transformó desde sus inicios su pequeña caja celeste desaturada con el cinto blanco en la imágen de su empresa, convirtiéndola en un verdadero sello y símbolo de la más exquisita joyería de autor. Con esta increíblemente bien pensada estrategia, la pequeña caja de Tiffany es en la actualidad uno de los objetos más preciados y deseados en el mundo entero.

Ante la enorme importancia comercial que sugiere esta área del diseño industrial (no sólo para la moda sino que para todo el mercado), es increíble que casi todos estos productos de embalaje, transporte y comunicación empresarial sean realizados (en la mayoría de los casos) por estudios de diseño gráfico, y más increíble aún resulta saber que no exista en ninguna universidad occidental la carrera en esta área, sino más bien como una especialización más dentro de otras ramificaciones del diseño, ni que escuelas superiores e institutos de diseño de moda no integren la cátedra dentro de sus programas curriculares. Otro de los ejemplos que Asia nos entrega y del que sin duda deberemos prestar atención, y total atención.