
Imágen::MADRID UNDERGROUND::
Un colega de profesión me decía "cuando la novedad se masifica, quiere decir que ya está liquidada". Cuando me lo dijo me reí con él y a carcajadas. Lo que no imaginábamos entonces, es que esa misma frase pondría en jaque nuestros propios oficios. y en tiempo récord.
Hace un par de meses, recibí la llamada de una periodista de la televisión catalana interesada en hacer un reportaje sobre el coolhunting. Hace una semana atrás, recibí el mismo día, dos mails. Uno para informarme sobre un nuevo postgrado en coolhunting de una escuela superior de diseño, y el otro de un joven madrileño que me preguntaba dónde podía hacer un máster o postgrado en coolhunting. Y hace dos días me llaman de una escuela, interesados en que impartiese clases en sus cursos regulares (no reglados, por supuesto), ¿sobre que?:coolhunting. La respuesta a todos estos contactos, excepto al chico, fue la misma: no.
La institucionalidad se piensa que de un día para otro, pueden tomar un oficio y recapitalizarlo a su antojo, sobre todo "ese" oficio, aquel que precisamente, funciona en tomar cosas y recapitalizar sus códigos, normas y valores para incertarlos en la oficialidad. La reacción, por supuesto, se transformó en una guerra sin precedentes.
Para ser didáctico, una persona cuya labor radica en buscar nuevas tendencias, no se debe a que egresó de un postgrado para buscar nuevas tendencias. Por la simple razón de que su formación, la real, la de verdad, no la del aula, ha sido en la calle. Lugar que precisamente es el meollo de cualquier nueva tendencia. Desde un plano estrictamente formal de análisis, un coolhunter tiene que ser capaz de insertarse en la alta y la baja cultura de forma horizontal (más aún en la baja) para poder tener acceso a información vital para su trabajo. Su camaleonidad tiene que ser capaz para hacerlo parecer "uno más" tanto en la semana de la moda de París con un verdadero charme, en el palacio de la ópera de Luxemburgo como un sofisticado intelectual, o en el barrio más marginal de Londres como cualquier delincuente común.
Sus conocimientos, a la vez, deben cumplir con las expectativas de estos sectores, por lo que su nivel cultural debe incluir hasta los aspectos más insospechados y surrealistas. Esto les abre un inmenso abanico de aprendizaje que, lógicamente, amplian sus opiniones y los hace más fríos al momento de identificar los símbolos que pueden llegar a ser recapitalizados en el sector de la producción industrial de objetos, con mayor precisión. Su dominio de los idiomas, y sobre todo de sus usos (tanto el académico como el "slang" de la calle) les permite inmiscuirse en los círculos con docilidad y recopilar la información con rapidez.
Sin embargo, después de tres décadas de completa discreción, de la noche a la mañana su perfil se transformó en una atracción de feria, y feria cool. La profesión perfecta para la pseudo sociedad vanguardista, es decir, las clases medias. Supuestos "coolhunters", que quizás antes lo eran, publican sus curriculums con ostentación en infinidad de planes académicos y hasta se han vuelto comentaristas en programas de televisión, olvidando por completo que la regla número uno en este oficio, es el anonimato, asi como la discreción con respecto a nuestros clientes.
Creo quizás que esa misma soberbia ha provocado una mala jugada en contra, esa soberbia de pasar por completo de las instituciones oficiales un escalón más arriba, mutando en una suerte de semidioses que juegan con los parámetros y valores simbólicos de la sociedad para transformarlos en sus futuros hábitos de consumo. Ahora esa misma oficialidad con la que jugábamos y de la cual nos burlábamos, nos la devuelve con la mayor de las prepotencias, es decir, legitimarnos dentro de la institucionalidad académica y elevarnos a la categoría de estrellas dentro de los medios de comunicación de masas. Ante este poco alentador panorama, creo que lo mejor será retirarse y cambiar a otro sector. Dejar paso libre a estos nuevos "coolhunters titulados" y ver qué hacen... y cuánto tiempo duran. Al final al joven madrileño le escribí: "Si te quieres dedicar a esto, a esto de verdad, te doy tres consejos: No te creas nada, no te creas nada... y no te creas nada".
