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9.7.11

LA MODA DEL PERIODISMO


Image::MR WILLIAM EGGLESTON PHOTOGRAPHER © MEMPHIS::


Para todos los que trabajamos en la prensa [sobre todo en periódicos] la última semana la atención ha estado puesta en Londres. El caso NoW, el cierre del periódico News of the World por parte de su propietario Rupert Murdoch, conocido como el “dueño de la prensa”, ha caído como una bomba en las redacciones de todo el planeta. En plena crisis de la prensa, donde todos luchan por salvar el papel ante la rapidez, instantaneidad y gratuidad de esto, de internet, el cierre de ese semanario británico no ha hecho derramar una sola lágrima, por parte de nadie. Probablemente todos los periodistas han terminado su jornada laboral, apagado sus ordenadores y suspirado en silencio. Los directores de los medios, a redacciones vacías a media noche, se habrán encerrado en sus despachos a solas, corrido el pestillo, habrán abierto una botella y quedado ahí, sentados, inmóviles, bebiendo a tragos cortos, o a fondo blanco. Todos sabían cómo funcionaba el negocio, hasta hoy. Murdoch, el inescrupuloso magnate con una fortuna que dejaba sin respiración a cualquiera, ese anciano prepotente que desde detrás de la cortina maneja los hilos del poder a escala mundial, se veía envuelto en un thriller cinematográfico que superaba al mismo séptimo arte. Murdoch pasó los límites de lo humano y globalmente aceptable, poniendo al propio primer ministro David Cameron [ahora descubierto como un secreto a voces en el imaginario, como otro simple número más de sus peleles], frente a la cámara de los comunes a dar explicaciones y evitar como pueda que ruede su cabeza.



Esto lo sabía todo el mundo, desde hace mucho, cómo Murdoch usaba y abusaba de sus medios como un aparato de relojería para formar una red de tráfico de poder a fin de mantener el control de las decisiones políticas y económicas que asegurasen su propio imperio, pero nadie jamás abría la boca. Para cualquier periodista significaba su entierro en vida y para mandatarios un verdadero suicidio político. Una película de suspenso. Las revelaciones de que el tabloide interceptó el buzón de voz de una niña secuestrada, cuyo asesinato paralizó el corazón de todo el Reino Unido en el dos mil dos, han catapultado la crispación pública y política hacia las prácticas de la prensa sensacionalista controlada casi por completo por Murdoch. Con un tiraje de casi tres millones de ejemplares, News of the World fue durante décadas el estandarte de una perversión periodística que abarca la interceptación de comunicaciones privadas en busca de exclusivas. En el caso de Milly Dowler, la niña secuestrada y brutalmente asesinada, su contestador no solo fue interceptado por periodistas del semanario, sino que era regularmente vaciado para dejar espacio a nuevos mensajes, lo que alentó en sus padres la idea de que aún continuaba viva y confundió la investigación policial. Se me humedecen los ojos escribiendo esto, pensando entre medio hasta qué punto puede llegar lo siniestro, lo inmundo, lo sórdido y lo perverso. Recordé lo sucedido en Barcelona hace un par de años, cuando en un círculo de amigos propietarios de bares y restaurantes exclusivos aparecieron los “guiris”, un grupo de ingleses jóvenes, guapos y bien vestidos, de formas refinadas y trato cordial. Extrañamente vivían en pisos amoblados de alquiler y cambiaban constantemente de oficinas, con un nivel de gasto y consumo, caro y excesivo que no era normal, en lo absoluto. Más temprano que tarde terminamos todos por descubrir que esos cabrones cogían los tabloides británicos dominicales, seleccionaban a los muertos de los obituarios, ubicaban a sus familiares y aprovechándose de su fragilidad por la pérdida, los convencían de invertir en sus empresas con acciones falsas y ni bien tenían las herencias en sus cuentas, desaparecían de Inglaterra. Ahí estaban “escondidos”, en Barcelona, pagando cenas, copas, alquileres de lujo, trajes, viajes a Baleares y líneas de cocaína con los ahorros de toda una vida de ancianos golpeados por la muerte de sus seres queridos… cayeron ellos mismos, se autodelataron gracias a su burdo estilo de vida. Interpol se los llevó en un solo golpe. Después de eso, es imposible no desconfiar de la careta y la sonrisa de supuestas gráciles damas y caballeros que finalmente llegan a ser sórdidos desgraciados. Miro por las informaciones el rostro y el semblante de Rebekah Brooks, esa pelirroja que empezó como secretaria y terminó siendo mano derecha de Murdoch, y la imagen de “los guiris” se me repiten en la cabeza como una arcada. “Es de los mismos”, pienso en silencio. Esa tipa que sin mover una ceja asegura insosteniblemente desconocer todo sobre el sórdido asunto. Papel principal para Brooks caballeros, porque va siendo la mejor actriz de todas. Pienso en su padre, quién será aquel hombre, o qué pensará, porque si mi hija viniese a visitarme, una como Brooks, ni bien entrase por la puerta le daría vuelta la cara de una bofetada a palma abierta, igual, sin levantar ni una sola ceja a esa serpiente, que como Murdoch y sus periódicos, como dice Juan [Cruz], han basado su exitosa historia comercial en el desprecio a la vida humana en todas sus formas y matices, incluyendo la vida de aquellos que no se pueden defender, porque han muerto y han sido mancillados en la intimidad ya silenciada, para siempre. Utilizando trucos tecnológicos sofisticados y otros hasta burdos, han jugado con el prestigio de las personas con el único propósito de ganar lectores injuriando, despreciando los más elementales materiales de periodismo lícito, sustentada y protegida por la complicidad de las diversas administraciones políticas cuyos dirigentes le han extendido la alfombra y bajado sus pantalones a Murdoch, a pesar de la inmoralidad de su propuesta periodística, de su basura. Esa basura practicada por NoW y replicada por tabloides en todo el mundo, como en mi país, donde sus periódicos son controlados por la clase política y económica, donde intencionadamente publican periódicos para clases altas y bajas incitando al germen siniestro de la lucha de clases, poniendo a sus “elites” [gentes provenientes de familias con menos de 200 años de historia] como si tuviesen sangre azul y alimentando a su clase media y baja de farándula de cuarta, tragedias y hasta perversiones en la lengua a fin de mantener atada su red de privilegios. No tienen perdón.



Trabajando en revistas de moda [sin ser periodista ni haber pasado jamás por una escuela de periodismo], en donde tu rol principal y básica responsabilidad es crear visibilidad a diseñadores, artistas y creativos para la legitimización de sus propuestas y la consecutiva estabilización de sus proyectos desde el punto de vista económico y también creativo, como dice MR Cruz, aprendí observando y también practicando [muchas veces riendo y otras más peleando], que el periodismo caballeros es una práctica muy seria [independientemente el área al que te dediques], se corresponde con el deseo y la necesidad de la información en cualquier sociedad y se basa en el contraste, en el respeto, en el riesgo de guardar lo que no se sabe a ciencia cierta aunque otro apunte la exclusiva, o su aparente exclusiva. El periodismo señores no se basa en la rapidez, ni siquiera en la competencia. Se basa en la verdad que sabemos, no en la suposición ni en el ruborizante afán de sobresalir pretendiendo que sabemos más de lo que honestamente sabemos. El desfalco de ese propósito ha de ser denunciado en todas partes, en primer lugar por los propios periodistas. Ese periodismo indigno cuyo símbolo mayor ya se acaba, ha enseñado el ombligo en todo tipo de soportes y ahora también aquí, en internet donde cualquiera se monta un blog o un sitio, en un elevado número de televisiones, en cientos de medios impresos [América Latina la que más], y desde esos vectores del periodismo se lanzan cada día apelaciones a la libertad de expresión como garante de sus imperdonables patrañas, de su falta de vergüenza. Qué les puedo decir, que caiga News of the World, que caiga News International y que caiga Murdoch y toda su tropa de mercenarios, que han traficado hasta con las palabras inocentes de los muertos. Que os den. Su caída es una noticia, irónicamente, que advierte al mundo de la manipulación inmunda de la vida, y que advierte a Gran Bretaña, su parlamento, su clase política y su ciudadanía que no pueden permitir que Murdoch saque negocio de este desnegocio adquiriendo BSkyB, y si tienen que oler la sangre y correr cabezas, que corran, porque primero, introducirá salud en el porvenir del oficio de la prensa, y segundo, será un aviso que ni siquiera el hombre más poderoso del mundo, puede funcionar al margen de la ley ni creer que no existen límites para sus actividades, para su degeneración. Es un tema de respeto por la dignidad, extendible a cualquier orden de cosas, y a cualquier aspecto de la vida, propia y también común.



Volviendo a la moda, con todo esto, me vuelve a la memoria ese buen día que fui a reunirme con el director del Colegio de Periodistas de Catalunya [sin cita previa, donde la secretaria miraba de reojo con cara de pocos amigos], para convencerlo de que me permitiese distribuir una revista en los kioskos de las arterias principales de la ciudad. “Pierdes el tiempo” me dijo, y después de un enfrentamiento verbal, ese hombre [un muy buen hombre, que a pesar de su peso practicaba el trekking y escalaba las cumbres más altas del mundo, terminó confesándome], irritado, se ensalzó en una conversación en la que me contó la manipulación y absoluto monopolio de las distribuidoras y Holdings editoriales, CondéNast, G&J y Hachette Filippacchi incluidas, lo que aseguraba la rotunda muerte de cualquier proyecto independiente que pretendiese ver la luz en la ciudad. Ese hombre dio muchas pistas, precisamente, para mantener el proyecto en pie. Ese hombre me terminó enseñando, en lo más profundo de la racionalización, en la propia pasión, que los proyectos que al final terminasen por sobrevivir, vivir y convertirse en instituciones, con poder real, serían aquellas que precisamente respetasen el sentido mismo del periodismo, en la decencia de su práctica, y no precisamente deberían tener “la exclusiva”. El cierre de ese tabloide inglés, News of the World, o el golpe a Berlusconi a favor del grupo CIR, editor del diario La Repubblica en la pugna por el control de la editorial Mondadori aún fresca, me lo vuelve a confirmar, como un puñetazo, qué quieren que les diga. “Se justo” dijo ese hombre. “Si lo llegas a hacer, y estás arriba, ayuda a que aparezcan más revistas, y si aparecen, apóyalos, muéstralos, es la única forma de que sobreviva esto, y así tiene que ser”. Y así se hizo, y qué quieren que les diga, fue brillante. No llegó mucho dinero, pero las carcajadas no te las quita nadie. Apagas la luz y te vas a dormir en paz, con una sonrisa en la cara. Es un puntazo. Esa era la responsabilidad, de proteger, incentivar y fomentar el nacimiento y la mantención de proyectos que ejercieran la práctica de un periodismo de primera, independientemente de cuáles fueses sus públicos objetivos o sistemas de distribución. Así no te puede ir mal. Hablando de editoras, el hecho que algunas editoras como Anna Wintour o Ana de lo Russo pierdan el norte, se alejen de su rol periodístico y editorial y aparezcan en films, programas de televisión y un ejército de webs y blogs, para el dueño de CondéNast o Fairchild resulta un negocio redondo, una publicidad única [y gratuita] que no hace más que asegurar la facturación de sus arcas. El tipo se debe partir de risa verlas, y ellas tan contentas. El gran tema es cuánto van a durar, porque cuando te metes en el show business perteneciendo a un área completamente distinta, después de cierto tiempo terminas por agotar, y cuando agotas, ya puedes ir despidiéndote, ¿Por qué? Porque te transformas en un producto, y cualquier producto, sea el que sea, tiene que ser remplazado para seguir con la máquina, con el ruido. Por algo Carine [Roitfeld] se fue. Abandonó a tiempo. Fue una mujer inteligente. Misma inteligencia que han tenido las tres mejores editoras de moda españolas [Yolanda Muelas, Eugenia de la Torriente y Joana Bonet], curiosamente las tres barcelonesas, que han mantenido un elegante perfil bajo, una desde un proyecto editorial independiente, otra desde un periódico y otra desde un proyecto perteneciente a Holding. Puede entenderse porque las tres se han recorrido medio mundo, o son puro rock´n´roll, o mantienen los pies siempre muy bien puestos en la tierra, aunque quizás más importante aún, es porque las tres han hecho un trabajo periodístico como lo que explica MR Cruz, con una sobriedad y valoración real por la información que a ratos va mucho más allá del mundo de la moda, bajo la premisa que si algo no está escrito, no es verdad, y que si se escribe sobre una verdad, tiene que ser realmente, con rigor, la verdad en su más alta realidad, de facto, y nada más. A partir de esa premisa, echa a volar la imaginación. España entera puede estar muy orgullosa de sus mujeres en la moda. Lo bueno que sucedió en España, en la prensa relativa a moda, es que por la forma de hacer periodismo de estas tres mujeres, empezó a subir la calidad de las informaciones relativas a una industria, y eso sirvió para crear una imagen colectiva de primer nivel internacional [por medios impresos en papel y también en la poderosísima amplitud de la virtualidad global de internet]. Sus hombres también hicieron un trabajo excepcional [Luis Venegas, David Vivirido, Francesco Sourigues, Andrés Rodríguez y Juan Montenegro], que crearon un imaginario editorial nacional por la que vale quitarse el sombrero, con todas sus letras. Volviendo a lo primero de este artículo, al periodismo sin dignidad, espero, honesta y humildemente, que el revés de News of the World y Murdoch, sirva, al menos para todos los que pensamos, sentimos y expresamos en esta lengua, que entender e integrar al diario vivir una prensa que haga eso, entender e integrar una opinión [real y digna] al diario vivir, sea, simplemente, una lección para el resto de lenguas, y por ende, para el resto del globo, de eso, de la más alta belleza, que no es más que la más alta dignidad. Enhorabuena por el periodismo, y se los dice, con una sonrisa en los labios, uno que no es periodista. Eso es clase, y lamentándolo por Murdoch o por Berlusconi damas y caballeros, aquello, simplemente, no se compra… aprendan la lección. Es la moda del periodismo.

5.7.11

HIPSTER WHAT?


Image::MR EZGI POLAT PHOTOGRAPHER © BERLIN::


Hace un par de días, Gigi [Harrington] me envío un artículo para revisar, publicado por el diario “La Vanguardia” el pasado veintidós de mayo y escrito por el periodista Xavi Ayén, autor del libro “Rebeldía de Nobel”, una compilación de entrevistas a dieciséis premios Nobel de literatura bajo la editorial El Aleph. No era ningún imbécil. Leyendo su artículo, mientras avanzaba iban apareciendo todos los colegas y proyectos y tiendas de colegas: los Blackie Books, American Apparel, Holala, los chicos de “Vice”, Coke [Bartrina], Elena [Gallén], Silvia [Prada], Yolanda [Muelas], Apartamento, Barcelonés, Gilles [Lipovetsky], Gerard [Estadella], Corina de la Ras [Gallery], Mutt, Roberto [Piqueras], Krizia [Robustella], los chicos de Sónar, el Primavera [Sound] y varios más. Después de terminar de leer el artículo, sin saber qué decir, me tapé la boca a palma abierta, negué con la cabeza y después, exploté a carcajadas. “¡Madre mía, pero qué fuerte!”, fue lo único que se repetía en la cabeza… madre mía. No daba crédito a lo que acababa de leer. Aquello era un refrito de un artículo publicado hace meses atrás por la revista “Barcelonés”, pero verlo en un medio global, masivo, como aquel, cambiaba su propia connotación. Su perspectiva más amplia.



Ayén los calificaba [y hasta caricaturizaba] con las palabras “Hipster”, “gafapastas” y “modernillos”. La verdad que leerlo resultaba bastante gracioso, porque en muchas cosas, pese a su generalización, daba en el clavo como un puñal. Pero tampoco todo el mundo era así, aunque acertase en que Barcelona era la ciudad con más “modernillos” por metro cuadrado. Comparto absolutamente. Tenía que pasar, pensaba. Ayén y también, como dice, las universidades norteamericanas y revistas de medio mundo están ahora obsesionadas con “el qué pasó ahí”, con un grupo muy meritorio de personas que movieron muchos hilos y que sí, porque es verdad, entre todos, como grupo, se convirtieron en emblema de una cultura, de una generación y muy amplia, inclusista en edades, condiciones y ubicaciones. No marginó a nadie, sólo marginó a todo lo que tuviese que ver con la vulgaridad del establishment, en absolutamente todas las áreas: políticas, sociales, culturales e industriales. Ahora, para ellos [“estudiosos”, según llama Ayén y vaya uno a saber qué pirado norteamericano más haciendo una tesis], eso les resulta incasillable. Tenía que pasar, en el establishment, que finalmente catalogaran a la gente según un parámetro, sino se les escapan de las manos, de su corta forma de entendimiento y compresión de lo que tienen frente a sus narices, y ahí lo tienen, bien calificados: “Hipsters”. Toma ya. Vamos a hablar sobre lo que dicen nuestras queridas universidades norteamericanas, y los amigos de las revistas de medio mundo sobre lo que pasó, y nuestros queridos periodistas locales. A que se pasan un buen rato. Vamos ahí.



Dice Ayén: “Los modernillos, los gafapastas, los hipsters... como quiera que se llamen, y aunque no reconozcan serlo (que no lo reconocen), ya han hecho historia. Las universidades norteamericanas y las revistas de medio mundo los estudian, los analizan hasta el mínimo detalle, y su estética, su filosofía y sus gustos culturales han pasado a formar parte del mainstream, de lo aceptado por la mayoría. Han triunfado, y en el triunfo llevan inscrita de forma indeleble su futura decadencia. La tribu urbana que mejor ha definido lo que significa ser joven y enrollado en la década de los 2000 es hoy objeto de especial interés. La editorial Alpha Decay –uno de sus referentes, junto a otros sellos como Blackie Books o Melusina– acaba de publicar el ensayo colectivo ¿Qué fue ‘lo hipster’?, coordinado por Mark Greif, profesor de la New York School University y fundador de la revista n+1. Si Greif se centra, sobre todo, en los hipsters de Nueva York, un recorrido por Barcelona permite establecer notables paralelismos entre Manhattan y el Raval. Es “un fenómeno cultural cuyo interés radica en que no procede de la televisión ni ha sido predigerido”, como dice Greif”… pues casi es verdad. Es gente que directamente no veía televisión como la mayoría [vaya uno a perder el tiempo como quiera], o la justa y necesaria. La gente trabajó muchísimo, sin horarios laborales de ocho a ocho, sino veinticuatro horas los siete días de la semana, punto uno. Tenían también amigos que si trabajaban en televisión, detrás de las cámaras, y bastante bien. Incluso algunos formaban parte de las plantillas en diferentes estaciones del país, vamos, que se conocía todo el mundo. Sobre su decadencia, aquello puede parecer una realidad [bien es cierto que las cosas en España no andan nada bien] pero puede ser cuestionable. ¿Tanto les impresiona que de la calle con un dossier o un book bajo el brazo, sin que nadie les conociera, bastantes pasaran a galerías en París o a la Tate?, ¿Saben, queridos estudiosos, por qué pasó? Pasó por lo que explica Elena [Gallén] en ese artículo: porque se ayudaban. No era gente egoísta ni miserable, no eran ratas como en el establishment, que ahí sí que eran ejército. Pongan eso en sus tesis o en sus libros. Entre todos ayudaban a uno desde sus posibilidades, y viceversa. Como dice el refrán caballeros: “una mano lava la otra y las dos lavan la cara”.



Sigue Ayén: “De hecho, un test infalible para saber si la ciudad donde uno vive es lo suficientemente hipster es: ¿tiene una tienda de ropa de la marca American Apparel? Barcelona, sí, en la calle Avinyó, y allí los hipsters alimentan su armario, como también lo hacen en Holala, en la plaza Castella, en Retro City de la calle Tallers o en otras tiendas del Raval y Gràcia. Una publicidad de Holala dice: “Vístete de pies a la cabeza como las celebrities con auténtica ropa vintage (años 40 a 80): vestidos 70’s-80’s a partir de 9€ , botas y zapatos de tacones altos de calidad a partir de 12€ (...), auténticas trencas de la US Navy y de la marina francesa por 28€ , parkas del ejército sueco por 14€ , cazadoras 50’s réplica nuevas en piel y napa al 50%...”. También hay creatividad local: los diseños de Krizia Robustella o Roberto Piqueras”. American Apparel fue un gran aliado de las revistas de calidad barcelonesas, fue una marca norteamericana que, por el contrario de las locales, apostó por tener una presencia importante desde el punto de vista comercial y ayudar a mover la ciudad, atrajo a los públicos más jóvenes y dieron un viento fresco de desprejuicio y heterogeneidad a un circuito. Holala lo mismo, su propietario, un francés dejó la costa azul gala para establecerse en la capital catalana, y contaba [y cuenta] con un ejército de compradores en los lugares más impensables, curiosamente de nacionalidad japonesa, para abastecer sus depósitos, e hicieron [y hacen] un estupendo trabajo. Dieron la posibilidad a muchísima gente de tener esos mismos objetos exclusivos, esas trencas de la US Navy, la marina francesa y el ejército sueco, entre muchas otras, a costos que cualquier mortal se podía permitir, y eran exclusivos, porque eran piezas históricas, únicas, y a mi personal parecer, mucho más exclusivas que cualquier prenda de vestir confeccionada con materias primas recién salidas de fábrica, por muy de alta costura que sean como producto final, porque tienen algo tan esencial y básico para el ser humano como es el sentido de la historia, de pertenencia a un mundo [a un nivel global]. ¿Esa estética estudian?, ¿Para eso gastan tanto papel y horas de análisis? Pierden el tiempo, qué quieren que les diga. Encasillan también a Roberto y Krizia. Roberto [Piqueras] caballeros, tomó por él mismo la opción de mantenerse al margen del establishment, de sacar su propio proyecto adelante sin desfilar en ninguna pasarela, lograr repercusión pública metiéndose en otras áreas, en la docencia y a su vez en la fiesta, y tener los huevos de cruzar el océano para internacionalizar su imaginario en tierras latinoamericanas. ¿Con qué derecho lo encasillan? Por su parte Krizia [Robustella], hizo también un pulcro trabajo como diseñadora, creo un mundo propio, lo inventó ella sola sin ayuda del establishment, pero sí con mucha de ese grupo de gente, de ese movimiento que lo hizo por una cosa de caballerosidad, que tiene su fundamente en que si alguien hace un trabajo bien hecho, cuida sus comunicaciones y se esfuerza por tener una visibilidad internacional, “había” que ayudarla si tenías los medios. Después Robustella termina ganando un premio doble en la pasarela española con más repercusión mediática en los círculos artísticos e intelectuales de todo el globo, y ahí claro, todos a por Krizia. ¿Ese fenómeno estudian con tanto ímpetu universidades que en vez de tratar de entender algo tan simple como eso, y gastar dinero en ello, deberían dedicar sus esfuerzos a otro tipo de investigaciones, médicas o científicas, a ver si encuentran la cura a alguna de las enfermedades mortales? Pierden su tiempo, honestamente.



Prosigue el artículo: “Las fiestas son muy importantes. Si en los 90 el club o discoteca fue el centro de lo cool, ahora lo han sido las celebraciones puntuales, organizadas por una marca, una galería, una revista... “Desde el 2006 no ha abierto ningún club de referencia”, apunta el fotógrafo Coke Bartrina, coeditor del fanzine Fuego. Lo más parecido a un club hipster son las sesiones Nasty Mondays que se celebran los lunes en la sala Apolo. La figura del dj profesional es reemplazada por el pinchadiscos amateur –un diseñador, fotógrafo, publicista... que se pone a los platos, como la ilustradora Silvia Prada, también organizadora de las fiestas Tropicana–, y han vuelto a ocupar el podio los grupos que tocan música en directo. Una hipotética banda sonora hipster iría desde Belle & Sebastian hasta The Strokes, pasando por Björk, Nouvelle Vague, Los Planetas o los barceloneses El Guincho, Dorian o Fuckin’ Bollocks”. Pienso en Silvia. El trabajo de Silvia era y sigue siendo muy acertivo, directo a la médula. Mezclar visibilidad pública entre la población más joven, también nocturna, en una cultura underground al mismo tiempo que ejerce la docencia y trabajó y trabaja en su vocación de artista, como ilustradora en centros y museos de fama mundial, asimismo en revistas de primera calidad cuidando las vías de direccionalidad de su trabajo, una vez más, lejos del establishment, es solamente una cosa de tener dos dedos de frente y valorar su profesión, sabiendo que como que te metes en un establishment, te autocondenas a tener fecha de nacimiento y muerte, y en eso, Silvia saltó y salta como en las olimpiadas. Pero eso ella lo sabe, es solamente una cosa de sentido común. ¿Por eso catalogan a Silvia como “hipster”? Discúlpenme, pero Silvia es incasillable, lo siento por vosotros y vuestras investigaciones.



“Se trataría, según los expertos, de una generación desacomplejadamente frívola, hedonista, que rehúye el compromiso aunque aluda a la realidad sociopolítica con una mirada irónica y descreída que pudiera interpretarse como una crítica. Para Brotons, “no creen en nada, pero no son cínicos”. Para Greif, “lo hipster es una subcultura fruto del neoliberalismo, sus valores ensalzan la política reaccionaria pero lo enmascaran todo de rebelión. Son jóvenes de clases media y alta que quieren seguir siéndolo, pero adquiriendo el atractivo de la contracultura”. Otros, sin embargo, apuntan una vertiente ecologista y antiglobalización donde el compromiso no sería ninguna militancia sino que se manifestaría según los productos que se consumen”. ¿Expertos?, ¿Quiénes son esos “expertos”? Me gustaría revisar los antecedentes e idoneidad suficiente de esos expertos que tienen la prepotencia de osar poner una etiqueta a un grupo inigualable de personas, que primero desde su singularidad y después como pluralidad, pusieron a una ciudad en boca de todo el globo terráqueo, porque a ellos se les debe que Barcelona, en su momento, fuese epicentro de los creativos más colosales que se conozcan en la época moderna, como bien dice ese artículo, y elevase a Barcelona por encima del resto como una poderosa marca-ciudad, una distinguida marca país. Por eso se les escabulleron antes, porque no son conejillos de indias de nadie. Absolutamente de nadie. ¿Gente desacomplejadamente frívola, hedonista que rehúye el compromiso?, ¿Quiénes?, ¿Esa gente en Barcelona, que defendieron y protegieron [y hasta financiaron] a la infancia, como la CRE8 Foundation convirtiéndola en proyecto emblema, al igual que UNICEF, esos que velaron por la igualdad de condiciones para con las minorías como inmigrantes y homosexuales sin tolerar jamás algún tipo de diferenciación?... cállense la boca. Error MR Brotons. Ese movimiento sí que creía en algo, y efectivamente, no eran cínicos. No eran gentes de clases medias ni altas. Los había, ciertamente, pero eran los menos. Fueron gentes de todos los estratos, con diferentes tipos de realidad pero un único sentido, muy fuerte, que era primero, centrarse al medio de los dos polos para tener una visión amplia y pragmática de lo que sucedía [si a eso llamáis “no creer en nada”] y de ahí se partía para tomar la mejor decisión posible en cuanto al trabajo propio, y luego grupal. Todos sabían qué sucedía, porque era un movimiento que se autopreocupaba por formarse, e informarse caballeros, porque era la única forma de ser competitivos frente a una competencia monstruosa desde el punto de vista global, y tenían puesta la vista en eso, en lo global, en lo internacional, y tenían [y siguen teniendo] los cojones suficientes. ¿Los increpan con que procuraron ensalzar la política reaccionaria maquillándola de rebelión sin tener militancias? Hay que ver qué cosas se le pasa a la gente por la cabeza… honestamente. A lo mejor el tratar de preservar el bien común y el Estado de Bienestar a través de las estéticas y de opiniones que ponen ariscos a políticos y representantes de ambos bandos sin distinción, termina siempre por descolocar. Sólo se procuró proteger a las áreas creativas de las escaramuzas de la política diciéndoles las cosas en su propia cara, y lo entendieron a la perfección. Tuvieron cuidado, y estuvo muy bien. No metieron las narices, y cuando lo intentaron, se les tiraron las cartas en la mesa antes siquiera que pudieran abrir la boca. Se les controló para proteger un abanico de impresionantes artistas y cerebros para con los cuales nunca tuvieron condescendencia alguna, y cuando ya estaban arriba trataban de sacar partido. No se les permitió, así de simple. Si a eso le llaman política reaccionaria, pues venga. Siempre deben clasificar. Es la práctica de la falta de vergüenza. Súbanse al carro.



Vice, además, organiza fiestas, vende publicidad, crea actos y produce vídeos (vbs.tv), con Spike Jonze como director artístico. Junto a Vice, hay una panoplia de cabeceras locales, como Metal (centrada en la moda y dirigida por Yolanda Muelas), H Magazine (que nació en los 90 y sigue el fenómeno desde sus inicios), Apartamento, Barcelonés... Además de nutrirse de prensa propia, una característica hipster es que se apropian de barrios de clase baja para reconvertirlos en zonas cool. Lo llaman gentrificación: un barrio humilde se llena de hipsters y se vuelve trendy. Sucedió así en EE.UU. en los barrios negros que, merced a estos chicos, volvieron a ser blancos. Y ha sucedido en Barcelona, de modo más matizado, primero en el Raval y ahora en Poblenou, dos zonas que hace unos años nadie hubiera identificado con ningún tipo de vanguardia artística. El equivalente madrileño sería el barrio de Malasaña, y la especificidad barcelonesa, que “aquí está todo más centrado en la moda y la música”, a decir de Bartrina”. Coke tiene razón, Barcelona centró sus líneas de acción en la moda y la música, pero también en las artes visuales [El BAC!, dirigido por Gigi Harrington y Juanjo Fernández han sido uno de los grandes impactos dentro de la escena artística barcelonesa movilizando miles de personas] y el mundo editorial [METAL, HERCULES, PAPER PLANES, LAMONO, APARTAMENTO, FANZINE 137 eran todos colegas, iban unos a las fiestas y presentaciones de los otros] y discúlpenme los expertos, pero las fiestas no eran solamente en barrios de “clase baja”. METAL hizo fiestas en El Raval y Poblenou [en hoteles de primera como ME y BARCELÓ], pero también en el Puerto Olímpico, Port Vell, la Eixample, el Borne y el mismo Paseo de Gracia, como también en Estocolmo, Los Ángeles, París y Nueva York... y las sigue haciendo. Existen inexactitudes, nuevamente, en lo de Ayén. Puede haber sucedido con mayor impacto en Nueva York [Michael [Nevin] de THE JOURNAL, para eso es un genio], pero no en Barcelona. ¿Eso es de ser un Hipster? Creo que no. Un “modernillo” que anda en una tabla de skate [sacándome el sombrero por los skaters], para hacer todo eso, creo que no tendría mucho tiempo para subirse a la tabla, qué quieren que les diga.



“El apoyo económico familiar es citado por varios como clave para sostener su estilo de vida. Con el tiempo, dice Greif, “cumplirán 30 años, se pondrán un traje y tendrán una hipoteca”. Christian Lorentzen, el periodista autor del mítico artículo ¿Por qué lo hipster debe morir? (2007), apunta otro rasgo: “Disfrutan relacionándose con personas de nivel socioeconómico inferior al suyo”. El infantilismo es otra característica clara, y se traduce, en ocasiones, en un retorno a los años 70 y 80 y un gran surtido de complementos y adornos nostálgicos. Uno de los lugares donde más hipsters pueden detectarse en la ciudad es la Ras Gallery, en la calle Doctor Dou. Su librería es un catálogo casi perfecto de las editoriales y las revistas que la tribu consume, y asistir a una de sus inauguraciones, esquivando las tablas de skate aparcadas en el suelo, es una plataforma de observación privilegiada”. En silencio, me pregunto por qué esta gente creerá que son “niños bien”. ¿Sabrá Greif que prácticamente todos tenían 30 años y más, por una cosa de elección no usaban traje y que no podían pagar una hipoteca tratando de pagar imprentas los que tenían revistas [pagando alquiler o compartiendo piso], y materias primas y puntos de venta los que sacaban colecciones, lo mismo que los que organizaban festivales de arte y música? Por su aseveración, pues parece que no. Se habla de la librería y galería Ras, así como de MUTT como el garito de una “tribu”. Mal hecho, considerando que aparte de revistas, son puntos de venta de libros sobre arquitectura, diseño industrial y proyectos realizados por la misma ciudad u otros provenientes de enormes grupos editoriales como Taschen o Phaidon. Razón tiene Corina en enfadarse, y encima tratar de ridiculizarla por las gafas que lleve en un artículo escrito. Eso es de mediocre, discúlpenme que os los diga. Jamás una cosa así, para con nadie. Mal ahí Ayén.



“El fenómeno carece de la solidez grupal de las tribus urbanas tradicionales. Un punk o un mod se definían como tales “y matarían por ello”, advierte Brotons, mientras que nadie acepta la etiqueta de hipster e incluso los casos más palmarios aluden a diferencias de matiz para justificar su exclusión del grupo. “Negar que eres hipster es la mejor prueba de que lo eres –certifica Greif–, los que no lo son jamás se plantean esa pregunta””. Segundo error Brotons. Comprenderán señores, que si se habla que un fenómeno carece de la solidez grupal de las tribus tradicionales, es precisamente, porque no es una tribu tradicional. Es que ni siquiera es una tribu. Comprenderán que toda la gente que puso en marcha ese movimiento, no andarían en grupete a lo piñón como punks o mods. Para eso se presentaba un proyecto, se convocaba y la gente aparecía y ahí se compartía, y al día siguiente todo el mundo volvía a trabajar, y muy duro. Así, ¿ cómo te piensas que alguien se va a encasillar en una “tribu urbana”? Obviamente te va a responder ¿Tribu?... ¿Pero de qué tribu me hablas? Tribu al amazonas, que ahí aún quedan. Con respecto a lo que asevera una vez más Greif sobre la negación de la condición… debería preguntarse profundamente Greif si los que formaron y fueron parte de esa “tribu”, lo hicieron todo de tal manera para que cuando llegase el momento de encasillarlos como éste [que obviamente sabían que vendría], la única manera posible de catalogación para los “expertos” fuese la certeza en la negación al encasillamiento de quienes pretenden catalogar. Van muy rápido caballeros… los podrían sorprender y tirarles por tierra todas sus investigaciones, dejarlos como cretinos y después decirles con la barbilla en alto “Si guapo, soy Hipster” con la mano levantada. Yo tendría más cuidado. O quizás esperaría más tiempo para ver un certero desarrollo en su amplitud de un fenómeno que fue real, que dio vuelta al mundo y fue eso, el emblema de una cultura. No olviden nunca, Ayén, Greif y Brotons, que cuando fuego hubo, cenizas quedan, y basta un pequeño papel para que se vuelva a encender, y vuelva a hacer una hoguera, y puedan terminar por quemarse. A lo mejor vuelven. Quizás están esperando el momento justo, a lo mejor. No los cataloguen, porque no fue una tribu, fue simplemente, un grupo que trató de hacer las cosas bien, y así lo hizo, y ahí siguen. Invéntenle un nombre a eso, y den cátedras en sus universidades norteamericanas, sobre eso, y publíquenlos en sus revistas en medio mundo. Harán un bien a mucha gente, estoy seguro. Por algo triunfaron caballeros, por algo los 2000, como dice Ayén, fueron suyos. No los felicito, porque siguen ahí, trabajando duro. Es lo que importa. Nada más.