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19.4.13

NUEVAS TENDENCIAS Y CONTRACULTURA

Image::MR WALTER PFEIFFER PHOTOGRAPHER © ZURICH::


El pasado cinco de este mes, el periódico español “El Confidencial” publicaba un artículo firmado por el periodista Víctor Lenore, donde hablaba de la contracultura, y específicamente del fenómeno “VICE”, de propiedad de nuestro colega Shane Smith y hoy por hoy, convertido en un fabuloso conglomerado internacional de comunicaciones. En ese artículo, Lenore, también autor del libro “CT o la Cultura de la Transición”, despotrica contra Shane, VICE y otros cuantos etiquetándolos como “Contracultura de Derechas”... muy grave lo de Lenore. Grave en el sentido de no llegar a entender del todo el fenómeno de la actual contracultura y quedándose adozado a lo que en la década de los setenta se entendía por tal. Lenore debería saber que las cosas han cambiado mucho desde entonces. Dispara contra los modernos y los “gafapastas”, tilda de pijos a toda una nueva camada de artistas de toda suerte de áreas creativas, pasando desde lo editorial a lo musical en un tono despectivo que a más de uno le entrarían ganas de ir a por él a la redacción de ese periódico, agarrarlo del cuello contra la pared y partirle la cara. Por supuesto, Shane, muy él, se ha encargado de responderle a través de un artículo tan desproporcionadamente irónico como soberbio, y con justa razón.



Sin pretender defender a esos colegas, habría que volver a recordar a Lenore qué es lo que se entiende por contracultura, dada su especialización en el tema. Aquello, sin embargo, no es tarea fácil, menos en estos tiempos, donde todo va cambiando a velocidad de vértigo. Fue por ahí en mil novecientos sesenta y ocho cuando el catedrático Theodore Roszak inventaba el término, refiriéndose a él como un movimiento organizado y visible cuya realización viene determinada por las aspiraciones y sueños de un grupo social marginal, y en eso, Lenore tiene plena razón. Sin embargo caballeros, debemos recordar que esa contracultura se asociaba, en ese tiempo específico, a situaciones globales igual de específicas, que eran fenómenos sociales diversos, pero solo en apariencias. Al final vendrían a circunferenciar un solo todo: el pacifismo anti-Vietnam, una primera conciencia ecológica, los intentos de experimentar la realidad de otra manera en corrientes donde se unían las preocupaciones políticas, las culturales novedosas y la que ponía sobre la mesa la pregunta de si podía cambiarse la forma de abordar la realidad. Esos mismos tres ejes vuelven a repetirse, pero con un dinamismo y efervescencia dirigidas hacia otros temas, como lo son las redes sociales y la tecnología, la crisis sistémica, la indignificación del abusado sistema capitalista o la igualdad de derechos. Y en ello, no incumbe sólo a esos grupos marginales, sino también a las clases medias, y también a esos “pijos” a los que Lerone tan despectivamente se refiere, y eso no quiere decir, en ningún caso, que se trate de una derecha. Esa aseveración es una absoluta imbecilidad, y os lo digo con pleno conocimiento de causa, aunque suene a un pedante.



No es ni bueno ni malo, simplemente es diferente. Y es diferente primero por la razón explicada anteriormente, y segundo, porque no pueden compararse los niveles educacionales de la actualidad con los sesenta o setenta, donde sin luga a dudas, eran infinitamente mejores, por mucha marginalidad de la que tal o cual proviniese. Hoy en día, la educación es tan insuficiente que los artistas que pretendiesen participar de una contracultura, no podrían aspirar a hacerlo sin tener mejor educación, o más preparación en lo que a cultura se refiere, ¿Por qué? Porque la contracultura debe permanecer en las vértices del establishment, afuera, pero debe tener una calidad igual y hasta superior que la del establishment, porque para que la contracultura sea realmente lo que es, debe darse de ostias con ese establishment, y aquello, en nuestros días, resulta sino imposible, muy difícil si no dominas esos temas fundamentales de los que la contracultura debe preocuparse, que son la contestación política, social y cultural, y de ahí crear vanguardias que pongan en tela de juicio a las normas establecidas y a un sistema. Y antes, pese a lo que se cree, tampoco distaba tanto de esta concepción. Debes estar preparado para enfrentarte a ello, desde las puntas, y muy bien como para poder saltar por sobre sus espaldas y si quieres darte garbeo, en un triple salto mortal, caer de pie, darte vuelta y reirte en su puta cara. Y ya. Si al final, como decía Roszak, en todo esto se vuelve a repetir el elemento central que alimenta a la contracultura y el underground, que es la importancia de que cada uno de nosotros se convierta en una persona, entera e integral en la que se ponga de manifiesto un sentido de experiencia verdadera de la variedad humana, la idea de haberse reconciliado uno mismo con una realidad vasta, expandiendo la personalidad que se consigue abriéndose con ingenuidad a la experiencia, y eso, hoy, a contrario de los sesenta y setenta, es algo que pueden hacer todos, porque todos, simplemente, están hartos de todo, pobres, clases medias y ricos por igual.



Usted no puede atacar a VICE, como dice Lenore, por hacer bromas contra negros, homosexuales o pobres, porque VICE no se ríe de ellos, sino que se ríe de todos, sea Usted amarillo, marrón o escarlata, y si Shane ha tenido la inteligencia de ver cómo se iba transformando el mundo frente a sus ojos, y presentía ese desplazamiento sociocultural antes que el resto, y lo puso en práctica con una literatura o periodismo al puro estilo mojo, y encima con eso se enriqueció, y a lo grande, pues bien por él, y eso no es razón para tildarlo de derechista, eso es de idiota, disculpando la expresión, claro está. A los que mejor les va yendo dentro de la actual contracultura, son a los que son capaces de ver con claridad esos tres aspectos de los que hablábamos más arriba, meterles a todos un palo por donde todos sabemos y que a su vez, integran a ello un orden intrincado, implicado y complejo representado por el movimiento, el cambio, la fluctuación y la fluidez. ¿Por qué? Porque nuestra realidad, hoy, es un caos, así de simple. Son los capaces de percibir las diferentes manifestaciones artísticas entremezclando caos y orden de forma orgánica, tratando de gestar un orden superior en el desorden y pulsando en cada vez más dispositivos de mediación. Sea la persona de menores o mayores recursos, la contracultura de la actualidad es fabricada por el que sea capaz de dar valor a la libertad señores, que es una cualidad de la mente y el corazón que no es patrimonio de ninguna corporación ni institución educativa o creativa atrapada en la tecnocracia de las que muy pocos están siendo capaces de escapar desde entonces, por eso van girando la cabeza a esa nueva contracultura.



Y si les queda alguna duda, es cosa de que abra una revista, prenda la televisión o se meta a internet, donde todos los sistemas tecnócratas de información tratan de copiar, con mayor o menor suerte, la estética de esa nueva contracultura, porque en elegancia y charmé, les dan clases magistrales, y créame que no son de derechas, tampoco de izquierdas, y siguen estando fuera, porque están en el centro. Y eso no viene de nada más que del conocimiento, en una época donde los supuestos punks miran realities, los subversivos comen en McDonalds y los autores polémicos no saben quién es Borges... Usted mismo. Siga la ola, o nade contra ella. Esa es el secreto [desde ahora no más un misterio] de los que producen eso, las tendencias y la contracultura. Es simplemente, otra forma de mirar el mundo, y de ahí, a inventar, que no será más que darle en sus narices, como un puñetazo furioso, pura realidad. Bienvenidos al diez.



14.4.13

AIRES Y MEDIOS

Image:: © THE ALEX CEBALL STUDIO_WORLDWIDE::


Leyendo a diario medios de comunicación escritos, periódicos y revistas, por montón, cualquiera cae en la cuenta que las escuelas de periodismo no pasan por su mejor momento, y da esa impresión porque no alcanza uno a llegar al segundo párrafo cuando ya el tema agobia... en la mayoría. Me refiero a la forma en que una enorme suma de redactores presenta temas que hace soso hasta el más interesante de los asuntos, al menos en lo que al idioma español nos reúne. Y no entro con esto a las estructuras de escritura, sino a la vida que un artículo, reportaje o entrevista debería tener para que el lector se sambulla en el mundo que tal o cual periodista le propone. Todo esto, por supuesto, respecto a la misma generación de periodistas de quién os escribe. Generaciones anteriores siguen resultando un delirio a la lectura, viejos que al leerlos producen orgasmos a la comprensión del mundo en el que vives, el que a diario intentas comprender. De esos, muchos. ¿A qué se deberá? A lo mejor se acerca a la respuesta la impresión de MR Antonio Campillo, que dice no sin conocimiento de causa que un signo de la crisis es la reducción de estudios de artes y humanidades en los países de ideología neoliberal, y con ello, una concepción economicista y tecnocrática del conocimiento y la educación.



Es curioso esto del periodismo, sobre todo qué tipo de periodismo. El periodismo tradicional resulta un coñazo, y dentro de sus ramas, pareciese ser el cultural el que más va seduciendo a innumerables lectores. ¿Por qué? A lo mejor, porque como tradicionalmente se piensa que hablan de cosas irrelevantes desde ese pensamiento economicista y tecnocrático que hoy rige casi a la totalidad de los medios, van teniendo más libertad, y en esa liberta, han aparecido verdaderas exquisiteces de autores, con mensajes entre lineas que dependiendo de la agudeza del lector, enganchan hasta el culto. Xavi Sancho, Gregorio Belinchón, Eugenia de la Torriente, Iñigo López Palacios, Inés Muñoz Martínez-Mora, Javi Giner o Iker Seisdedos resultan una alegoría a la narración, por nombrar sólo a algunos. Resultan un plato muy fuerte, ágil, acogedor y culto, y es porque como muchos otros, provienen de una generación donde todo ha cambiado a ritmo de tornado, naciendo en una época, quizás la última, donde todo era más calmo, por eso leerlos resulta ubicarlos entre dos mundos distintos, que a su vez es nuestro mundo, el actual, y a su vez siendo capaces de unir las generaciones más jóvenes con las adultas. Es admirable, porque son parte de la actualidad, y eso es un privilegio. Al menos a esta edad, donde parece que nadie se entera de nada, y si se enteran, no hacen mucho más que permanecer parados como un pisapapel... ya lo decía MR Vicente Verdú. Si TIME se trata de una elaborada fotocopia de la realidad, VOGUE es parte exacta de la actualidad... sólo una parte, pero incomparablemente más prometedora que los buenos deseos o que liantes mandamases. Desde hace ya bastante, muy buenas revistas de tendencias han crecido en sus análisis, sus noticias sobre humanidad y consumo, pudiendo decirse que a estas alturas del mundo de las apariencias en el capitalismo de ficción, han pasado a integrar el contexto en cuanto la cosmética ha extendido sus brazos hacia mujeres y hombres, en una cabal acepción de un tratamiento del cosmos... un cosmos de la contemporaneidad reflejada en un surtido de conocimientos que jamás se recibirían de un parlamento o una universidad.



Esta cultura [porque lo es, aunque sea mirada por encima del hombro por la intelectualidad, autodenominada culta y mal vestida, dicho sea el paso...], en la alicaída y añorada sociedad de consumo azotada por la austeridad, la publicidad, la moda y el modo en la totalidad de sus signos, han ido ocupando un lugar central para juzgar cada una de las épocas. Esas publicaciones de calidad procuran los brillos más elocuentes de algunos intersticios sociales, que parecen, en vista y contenido, un antídoto contra tanta tristeza... y no es menor. Dice Verdú que son gran cosa, y cada vez los serán más, en la medida que dejen aparte los sermones sobre el fin del mundo, el carromato político y la corrupción para abrazar el estilo famoso, amoral, libre y curativo del deslizante papel couché... ¿Qué os parece? Pueden estar o no de acuerdo. Lo cierto de todo este asunto, es que es ahí donde va naciendo un grupo de periodistas que se dice son unos torcidos, y escriben lo que se les sale de los cojones. Y eso está muy bien caballeros, considerando que fueron otros torcidos, en suelo americano por ejemplo, los que crearon la época dorada del periodismo anglosajón.



Me robo a Iker [Seisdedos] cuando habla de ellos: Tom Wolfe, Hunter S. Thompson, Joan Didion, Jimmy Breslin, Gay Talese, John Sack, Norman Mailer, Thomas B. Morgan, Truman Capote... esos autores impresionantes que cambiaron la forma de comunicarse a través del texto impreso, que seguían, a propósito o no, la senda de García Márquez y lo que el boom latinoamericano produjo como la mayor factoría de sueños que la literatura haya conocido hasta entonces... el soñar, que es el paso previo para hacer cosas grandes y cruzar generaciones. Los héroes del relato, capaces de acercar la fantasía a nombres de carne y hueso. ¿Cómo no te vas a deborar un texto entero así? Y con gusto... con mucho gusto. En eso, Latinoamérica ha dado cátedra. Un periodismo de historias, no simplemente de noticias rápidas; un periodismo con mirada y voz de autor más allá del producto impersonal de la factoría informativa... e imagínese Usted, con tantas malas noticias, pues nadie quiere eso, la fría impersonalidad, o al menos, no creo que nadie en su sano juicio lo quiera, aunque para gustos, colores. Un periodismo bien contado, pero no por pura habilidad narrativa, sino por la necesaria fundamentación en la investigación y el trabajo de campo, ahí, en la puta calle, así como por la depuración creativa de un buen proceso de edición... los nuevos aires a los medios de comunicación, si quieren sobrevivir, debería ser un periodismo que aspirase a enganchar a sus lectores apostando a temas duros, al conocimiento, al respeto por la audiencia dejando de lado las asquerosas banalidades mediáticas, a los que gran parte de periodistas de mi generación están acostumbrados, haciéndose inleíbles.



Si no me creen, basta mirar el fenómeno, donde aparecen nichos de mercado auténticamente interesados [porque lo consumen] incrementando gradualmente el impacto político y social del género, mientras que los académicos encerrados tras sus impolutas cuatro paredes lo vuelven objeto de estudio. Aquel grupo de americanos crearon modelos fundamentales para medios del mundo entero, como el apego a los hechos y la intervención de los editores, una corriente que hoy, resulta obligatoria para una buena educación periodística. Los nuevos aires a los medios en habla castellana, vendrán, más que por todo el resto, por la inspiración y el ejemplo de la tradición propia del periodismo literario. Y en eso debe mirarse a América Latina y leer [por estos días casi una práctica vintage] y aprender de la crónica aquella que te teletransportaba al lugar de los hechos de la mano de algunos como Rubén Darío, José Martí, Tomás Eloy Martínez, Elena Poniatowska o el mismo García Márquez. Y es importante, a los que se dediquen a esto, a escribir, y en los medios, ensanchar los espacios de un periodismo narrativo de altas ambiciones, también ideales, por supuesto, ante un futuro carente de certidumbres para el negocio del periodismo, y por sobre todo, para el oficio, si es que lo considera realmente una vocación, renovando profundamente el ejercicio del pensamiento ante la gran tarea y a su vez responsabilidad, que no es más que ayudar a reconstruir la razón, esa importante razón que se haga cargo de su pasado múltiple y se enfrente al porvenir con una actitud reflexiva y cooperativa, y sus lectores se multiplicarán, porque terminarán con el punto final, y tendrán en la cara una sonrisa. Y eso, por supuesto, siempre se agradece: La sonrisa.