16.8.08

EL SWING DE CUBA

Image::RUBEN AND ISABEL TOLEDO BY KARL LAGERFELD::



Aquellas situaciones que generan ideas que no puedes sacarte, que funcionan como una suerte de mosquito desagradable y pesado en el brazo, es la que asocio a la repentina presencia de cubanos en mi vida diaria, de forma accidental, y para bien. No sé si será por un aumento explosivo de la inmigración, o el hecho de que soy moreno y podría pasar como uno más en La Habana, lo que lógicamente da como para un acercamiento más rápido que quizás, con un sueco. Pero creo que la razón es la misma que por la cual ese país suena y recorre el mundo por sus bienales, escritores, dramaturgos y artistas. La envidia del intelecto europeo se llama La Habana. Es eso, la pletórica genialidad intelectual de esa raza azotada por otros factores que al caso, no cabe mencionar, a veces subestimada.


Primero fue en París. Comía con una amiga en una de las millones de terrazas de la ciudad y en español, charlábamos de temas que son sólo de su incumbencia. Mi tenedor cayó y cuando me levanté escuché un comentario en perfecto español, miré y a mi lado se encontraba un cubano, un hombre joven, era Rubén Toledo, quien para que con disgusto no conozca, simplemente es el mejor ilustrador de moda del mundo. Le tuve que estrechar la mano e invitarle un café, para mí era un honor que haya escuchado menudas barbaridades en la mesa contigua.


Luego fue otro, esta vez en Barcelona. En aquel entonces ejercía de docente con una materia referida a packaging en una escuela superior de diseño y buscaba ideas para un par de empresas. y este tipo empezaba a sonar y sonar, en postgrados, cursos. Era coolhunter... en ese tiempo no éramos muchos y nos conocíamos todos, pero su nombre no le sonaba a nadie, pero hacía bien su trabajo y funcionaba de una forma muy legal, como los de antaño. Bienvenido fue.


Después el interés por una firma me llevó, por casualidad, a otro cubano. Su nombre es Renier Guerra y es el cerebro de "Le Swing". Definir a esta firma no es fácil. Comenzó como tienda de mercancías, a secas. Pero el concepto de este cubano era diferente, él quería en su escaparate piezas vintage originales de los diseñadores más consagrados del planeta, con certificación de origen y todo. Lógicamente, el concepto arrasó y en pocos años, este cubano, no sólo abrió dos tiendas más, sino que se transformó en una suerte de becerro de oro para los estilistas de todas las revistas de tendencias. El estrellato parecía sideral... pero el cubano sólo se reía, el tipo es de risa fácil.


Hace poco tiempo atrás, Guerra además abrió un bar, que se ha convertido en el lugar de moda en la ciudad condal. Lógico, era el café "Le Swing", el mismo nombre que aquella empresa de donde provenían los más fastuosos complementos de las editoriales de moda españolas más exquisitas. Ese era Guerra, y lo que me costó encontrarlo y dar con él a solas, a través de un año le hizo completo honor a su apellido. Pero Guerra se reía... el tipo era de risa fácil.


Risa también me da, de la buena y alegre al ver cómo Renier Guerra ha hecho de una tienda un verdadero estudio de ideas y creatividad de esos de antaño, de esos que se extrañan, aquellos de excelencia desaparecidos de la noche a la mañana, que este cubano ha logrado resucitar a base de esfuerzo, humor y sobre todo, mucha humildad. Este cubano cultiva naturalmente la sencillez, la novedad y esa chispa que muchos van perdiendo, y quizás sea oportuno de recomendar a ese cubano que por las buenas, decida de una vez presentarse como Estudio y regalarnos un poco de descanso emocional. Felicitaciones, de parte de todos.


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