5.7.11

HIPSTER WHAT?


Image::MR EZGI POLAT PHOTOGRAPHER © BERLIN::


Hace un par de días, Gigi [Harrington] me envío un artículo para revisar, publicado por el diario “La Vanguardia” el pasado veintidós de mayo y escrito por el periodista Xavi Ayén, autor del libro “Rebeldía de Nobel”, una compilación de entrevistas a dieciséis premios Nobel de literatura bajo la editorial El Aleph. No era ningún imbécil. Leyendo su artículo, mientras avanzaba iban apareciendo todos los colegas y proyectos y tiendas de colegas: los Blackie Books, American Apparel, Holala, los chicos de “Vice”, Coke [Bartrina], Elena [Gallén], Silvia [Prada], Yolanda [Muelas], Apartamento, Barcelonés, Gilles [Lipovetsky], Gerard [Estadella], Corina de la Ras [Gallery], Mutt, Roberto [Piqueras], Krizia [Robustella], los chicos de Sónar, el Primavera [Sound] y varios más. Después de terminar de leer el artículo, sin saber qué decir, me tapé la boca a palma abierta, negué con la cabeza y después, exploté a carcajadas. “¡Madre mía, pero qué fuerte!”, fue lo único que se repetía en la cabeza… madre mía. No daba crédito a lo que acababa de leer. Aquello era un refrito de un artículo publicado hace meses atrás por la revista “Barcelonés”, pero verlo en un medio global, masivo, como aquel, cambiaba su propia connotación. Su perspectiva más amplia.



Ayén los calificaba [y hasta caricaturizaba] con las palabras “Hipster”, “gafapastas” y “modernillos”. La verdad que leerlo resultaba bastante gracioso, porque en muchas cosas, pese a su generalización, daba en el clavo como un puñal. Pero tampoco todo el mundo era así, aunque acertase en que Barcelona era la ciudad con más “modernillos” por metro cuadrado. Comparto absolutamente. Tenía que pasar, pensaba. Ayén y también, como dice, las universidades norteamericanas y revistas de medio mundo están ahora obsesionadas con “el qué pasó ahí”, con un grupo muy meritorio de personas que movieron muchos hilos y que sí, porque es verdad, entre todos, como grupo, se convirtieron en emblema de una cultura, de una generación y muy amplia, inclusista en edades, condiciones y ubicaciones. No marginó a nadie, sólo marginó a todo lo que tuviese que ver con la vulgaridad del establishment, en absolutamente todas las áreas: políticas, sociales, culturales e industriales. Ahora, para ellos [“estudiosos”, según llama Ayén y vaya uno a saber qué pirado norteamericano más haciendo una tesis], eso les resulta incasillable. Tenía que pasar, en el establishment, que finalmente catalogaran a la gente según un parámetro, sino se les escapan de las manos, de su corta forma de entendimiento y compresión de lo que tienen frente a sus narices, y ahí lo tienen, bien calificados: “Hipsters”. Toma ya. Vamos a hablar sobre lo que dicen nuestras queridas universidades norteamericanas, y los amigos de las revistas de medio mundo sobre lo que pasó, y nuestros queridos periodistas locales. A que se pasan un buen rato. Vamos ahí.



Dice Ayén: “Los modernillos, los gafapastas, los hipsters... como quiera que se llamen, y aunque no reconozcan serlo (que no lo reconocen), ya han hecho historia. Las universidades norteamericanas y las revistas de medio mundo los estudian, los analizan hasta el mínimo detalle, y su estética, su filosofía y sus gustos culturales han pasado a formar parte del mainstream, de lo aceptado por la mayoría. Han triunfado, y en el triunfo llevan inscrita de forma indeleble su futura decadencia. La tribu urbana que mejor ha definido lo que significa ser joven y enrollado en la década de los 2000 es hoy objeto de especial interés. La editorial Alpha Decay –uno de sus referentes, junto a otros sellos como Blackie Books o Melusina– acaba de publicar el ensayo colectivo ¿Qué fue ‘lo hipster’?, coordinado por Mark Greif, profesor de la New York School University y fundador de la revista n+1. Si Greif se centra, sobre todo, en los hipsters de Nueva York, un recorrido por Barcelona permite establecer notables paralelismos entre Manhattan y el Raval. Es “un fenómeno cultural cuyo interés radica en que no procede de la televisión ni ha sido predigerido”, como dice Greif”… pues casi es verdad. Es gente que directamente no veía televisión como la mayoría [vaya uno a perder el tiempo como quiera], o la justa y necesaria. La gente trabajó muchísimo, sin horarios laborales de ocho a ocho, sino veinticuatro horas los siete días de la semana, punto uno. Tenían también amigos que si trabajaban en televisión, detrás de las cámaras, y bastante bien. Incluso algunos formaban parte de las plantillas en diferentes estaciones del país, vamos, que se conocía todo el mundo. Sobre su decadencia, aquello puede parecer una realidad [bien es cierto que las cosas en España no andan nada bien] pero puede ser cuestionable. ¿Tanto les impresiona que de la calle con un dossier o un book bajo el brazo, sin que nadie les conociera, bastantes pasaran a galerías en París o a la Tate?, ¿Saben, queridos estudiosos, por qué pasó? Pasó por lo que explica Elena [Gallén] en ese artículo: porque se ayudaban. No era gente egoísta ni miserable, no eran ratas como en el establishment, que ahí sí que eran ejército. Pongan eso en sus tesis o en sus libros. Entre todos ayudaban a uno desde sus posibilidades, y viceversa. Como dice el refrán caballeros: “una mano lava la otra y las dos lavan la cara”.



Sigue Ayén: “De hecho, un test infalible para saber si la ciudad donde uno vive es lo suficientemente hipster es: ¿tiene una tienda de ropa de la marca American Apparel? Barcelona, sí, en la calle Avinyó, y allí los hipsters alimentan su armario, como también lo hacen en Holala, en la plaza Castella, en Retro City de la calle Tallers o en otras tiendas del Raval y Gràcia. Una publicidad de Holala dice: “Vístete de pies a la cabeza como las celebrities con auténtica ropa vintage (años 40 a 80): vestidos 70’s-80’s a partir de 9€ , botas y zapatos de tacones altos de calidad a partir de 12€ (...), auténticas trencas de la US Navy y de la marina francesa por 28€ , parkas del ejército sueco por 14€ , cazadoras 50’s réplica nuevas en piel y napa al 50%...”. También hay creatividad local: los diseños de Krizia Robustella o Roberto Piqueras”. American Apparel fue un gran aliado de las revistas de calidad barcelonesas, fue una marca norteamericana que, por el contrario de las locales, apostó por tener una presencia importante desde el punto de vista comercial y ayudar a mover la ciudad, atrajo a los públicos más jóvenes y dieron un viento fresco de desprejuicio y heterogeneidad a un circuito. Holala lo mismo, su propietario, un francés dejó la costa azul gala para establecerse en la capital catalana, y contaba [y cuenta] con un ejército de compradores en los lugares más impensables, curiosamente de nacionalidad japonesa, para abastecer sus depósitos, e hicieron [y hacen] un estupendo trabajo. Dieron la posibilidad a muchísima gente de tener esos mismos objetos exclusivos, esas trencas de la US Navy, la marina francesa y el ejército sueco, entre muchas otras, a costos que cualquier mortal se podía permitir, y eran exclusivos, porque eran piezas históricas, únicas, y a mi personal parecer, mucho más exclusivas que cualquier prenda de vestir confeccionada con materias primas recién salidas de fábrica, por muy de alta costura que sean como producto final, porque tienen algo tan esencial y básico para el ser humano como es el sentido de la historia, de pertenencia a un mundo [a un nivel global]. ¿Esa estética estudian?, ¿Para eso gastan tanto papel y horas de análisis? Pierden el tiempo, qué quieren que les diga. Encasillan también a Roberto y Krizia. Roberto [Piqueras] caballeros, tomó por él mismo la opción de mantenerse al margen del establishment, de sacar su propio proyecto adelante sin desfilar en ninguna pasarela, lograr repercusión pública metiéndose en otras áreas, en la docencia y a su vez en la fiesta, y tener los huevos de cruzar el océano para internacionalizar su imaginario en tierras latinoamericanas. ¿Con qué derecho lo encasillan? Por su parte Krizia [Robustella], hizo también un pulcro trabajo como diseñadora, creo un mundo propio, lo inventó ella sola sin ayuda del establishment, pero sí con mucha de ese grupo de gente, de ese movimiento que lo hizo por una cosa de caballerosidad, que tiene su fundamente en que si alguien hace un trabajo bien hecho, cuida sus comunicaciones y se esfuerza por tener una visibilidad internacional, “había” que ayudarla si tenías los medios. Después Robustella termina ganando un premio doble en la pasarela española con más repercusión mediática en los círculos artísticos e intelectuales de todo el globo, y ahí claro, todos a por Krizia. ¿Ese fenómeno estudian con tanto ímpetu universidades que en vez de tratar de entender algo tan simple como eso, y gastar dinero en ello, deberían dedicar sus esfuerzos a otro tipo de investigaciones, médicas o científicas, a ver si encuentran la cura a alguna de las enfermedades mortales? Pierden su tiempo, honestamente.



Prosigue el artículo: “Las fiestas son muy importantes. Si en los 90 el club o discoteca fue el centro de lo cool, ahora lo han sido las celebraciones puntuales, organizadas por una marca, una galería, una revista... “Desde el 2006 no ha abierto ningún club de referencia”, apunta el fotógrafo Coke Bartrina, coeditor del fanzine Fuego. Lo más parecido a un club hipster son las sesiones Nasty Mondays que se celebran los lunes en la sala Apolo. La figura del dj profesional es reemplazada por el pinchadiscos amateur –un diseñador, fotógrafo, publicista... que se pone a los platos, como la ilustradora Silvia Prada, también organizadora de las fiestas Tropicana–, y han vuelto a ocupar el podio los grupos que tocan música en directo. Una hipotética banda sonora hipster iría desde Belle & Sebastian hasta The Strokes, pasando por Björk, Nouvelle Vague, Los Planetas o los barceloneses El Guincho, Dorian o Fuckin’ Bollocks”. Pienso en Silvia. El trabajo de Silvia era y sigue siendo muy acertivo, directo a la médula. Mezclar visibilidad pública entre la población más joven, también nocturna, en una cultura underground al mismo tiempo que ejerce la docencia y trabajó y trabaja en su vocación de artista, como ilustradora en centros y museos de fama mundial, asimismo en revistas de primera calidad cuidando las vías de direccionalidad de su trabajo, una vez más, lejos del establishment, es solamente una cosa de tener dos dedos de frente y valorar su profesión, sabiendo que como que te metes en un establishment, te autocondenas a tener fecha de nacimiento y muerte, y en eso, Silvia saltó y salta como en las olimpiadas. Pero eso ella lo sabe, es solamente una cosa de sentido común. ¿Por eso catalogan a Silvia como “hipster”? Discúlpenme, pero Silvia es incasillable, lo siento por vosotros y vuestras investigaciones.



“Se trataría, según los expertos, de una generación desacomplejadamente frívola, hedonista, que rehúye el compromiso aunque aluda a la realidad sociopolítica con una mirada irónica y descreída que pudiera interpretarse como una crítica. Para Brotons, “no creen en nada, pero no son cínicos”. Para Greif, “lo hipster es una subcultura fruto del neoliberalismo, sus valores ensalzan la política reaccionaria pero lo enmascaran todo de rebelión. Son jóvenes de clases media y alta que quieren seguir siéndolo, pero adquiriendo el atractivo de la contracultura”. Otros, sin embargo, apuntan una vertiente ecologista y antiglobalización donde el compromiso no sería ninguna militancia sino que se manifestaría según los productos que se consumen”. ¿Expertos?, ¿Quiénes son esos “expertos”? Me gustaría revisar los antecedentes e idoneidad suficiente de esos expertos que tienen la prepotencia de osar poner una etiqueta a un grupo inigualable de personas, que primero desde su singularidad y después como pluralidad, pusieron a una ciudad en boca de todo el globo terráqueo, porque a ellos se les debe que Barcelona, en su momento, fuese epicentro de los creativos más colosales que se conozcan en la época moderna, como bien dice ese artículo, y elevase a Barcelona por encima del resto como una poderosa marca-ciudad, una distinguida marca país. Por eso se les escabulleron antes, porque no son conejillos de indias de nadie. Absolutamente de nadie. ¿Gente desacomplejadamente frívola, hedonista que rehúye el compromiso?, ¿Quiénes?, ¿Esa gente en Barcelona, que defendieron y protegieron [y hasta financiaron] a la infancia, como la CRE8 Foundation convirtiéndola en proyecto emblema, al igual que UNICEF, esos que velaron por la igualdad de condiciones para con las minorías como inmigrantes y homosexuales sin tolerar jamás algún tipo de diferenciación?... cállense la boca. Error MR Brotons. Ese movimiento sí que creía en algo, y efectivamente, no eran cínicos. No eran gentes de clases medias ni altas. Los había, ciertamente, pero eran los menos. Fueron gentes de todos los estratos, con diferentes tipos de realidad pero un único sentido, muy fuerte, que era primero, centrarse al medio de los dos polos para tener una visión amplia y pragmática de lo que sucedía [si a eso llamáis “no creer en nada”] y de ahí se partía para tomar la mejor decisión posible en cuanto al trabajo propio, y luego grupal. Todos sabían qué sucedía, porque era un movimiento que se autopreocupaba por formarse, e informarse caballeros, porque era la única forma de ser competitivos frente a una competencia monstruosa desde el punto de vista global, y tenían puesta la vista en eso, en lo global, en lo internacional, y tenían [y siguen teniendo] los cojones suficientes. ¿Los increpan con que procuraron ensalzar la política reaccionaria maquillándola de rebelión sin tener militancias? Hay que ver qué cosas se le pasa a la gente por la cabeza… honestamente. A lo mejor el tratar de preservar el bien común y el Estado de Bienestar a través de las estéticas y de opiniones que ponen ariscos a políticos y representantes de ambos bandos sin distinción, termina siempre por descolocar. Sólo se procuró proteger a las áreas creativas de las escaramuzas de la política diciéndoles las cosas en su propia cara, y lo entendieron a la perfección. Tuvieron cuidado, y estuvo muy bien. No metieron las narices, y cuando lo intentaron, se les tiraron las cartas en la mesa antes siquiera que pudieran abrir la boca. Se les controló para proteger un abanico de impresionantes artistas y cerebros para con los cuales nunca tuvieron condescendencia alguna, y cuando ya estaban arriba trataban de sacar partido. No se les permitió, así de simple. Si a eso le llaman política reaccionaria, pues venga. Siempre deben clasificar. Es la práctica de la falta de vergüenza. Súbanse al carro.



Vice, además, organiza fiestas, vende publicidad, crea actos y produce vídeos (vbs.tv), con Spike Jonze como director artístico. Junto a Vice, hay una panoplia de cabeceras locales, como Metal (centrada en la moda y dirigida por Yolanda Muelas), H Magazine (que nació en los 90 y sigue el fenómeno desde sus inicios), Apartamento, Barcelonés... Además de nutrirse de prensa propia, una característica hipster es que se apropian de barrios de clase baja para reconvertirlos en zonas cool. Lo llaman gentrificación: un barrio humilde se llena de hipsters y se vuelve trendy. Sucedió así en EE.UU. en los barrios negros que, merced a estos chicos, volvieron a ser blancos. Y ha sucedido en Barcelona, de modo más matizado, primero en el Raval y ahora en Poblenou, dos zonas que hace unos años nadie hubiera identificado con ningún tipo de vanguardia artística. El equivalente madrileño sería el barrio de Malasaña, y la especificidad barcelonesa, que “aquí está todo más centrado en la moda y la música”, a decir de Bartrina”. Coke tiene razón, Barcelona centró sus líneas de acción en la moda y la música, pero también en las artes visuales [El BAC!, dirigido por Gigi Harrington y Juanjo Fernández han sido uno de los grandes impactos dentro de la escena artística barcelonesa movilizando miles de personas] y el mundo editorial [METAL, HERCULES, PAPER PLANES, LAMONO, APARTAMENTO, FANZINE 137 eran todos colegas, iban unos a las fiestas y presentaciones de los otros] y discúlpenme los expertos, pero las fiestas no eran solamente en barrios de “clase baja”. METAL hizo fiestas en El Raval y Poblenou [en hoteles de primera como ME y BARCELÓ], pero también en el Puerto Olímpico, Port Vell, la Eixample, el Borne y el mismo Paseo de Gracia, como también en Estocolmo, Los Ángeles, París y Nueva York... y las sigue haciendo. Existen inexactitudes, nuevamente, en lo de Ayén. Puede haber sucedido con mayor impacto en Nueva York [Michael [Nevin] de THE JOURNAL, para eso es un genio], pero no en Barcelona. ¿Eso es de ser un Hipster? Creo que no. Un “modernillo” que anda en una tabla de skate [sacándome el sombrero por los skaters], para hacer todo eso, creo que no tendría mucho tiempo para subirse a la tabla, qué quieren que les diga.



“El apoyo económico familiar es citado por varios como clave para sostener su estilo de vida. Con el tiempo, dice Greif, “cumplirán 30 años, se pondrán un traje y tendrán una hipoteca”. Christian Lorentzen, el periodista autor del mítico artículo ¿Por qué lo hipster debe morir? (2007), apunta otro rasgo: “Disfrutan relacionándose con personas de nivel socioeconómico inferior al suyo”. El infantilismo es otra característica clara, y se traduce, en ocasiones, en un retorno a los años 70 y 80 y un gran surtido de complementos y adornos nostálgicos. Uno de los lugares donde más hipsters pueden detectarse en la ciudad es la Ras Gallery, en la calle Doctor Dou. Su librería es un catálogo casi perfecto de las editoriales y las revistas que la tribu consume, y asistir a una de sus inauguraciones, esquivando las tablas de skate aparcadas en el suelo, es una plataforma de observación privilegiada”. En silencio, me pregunto por qué esta gente creerá que son “niños bien”. ¿Sabrá Greif que prácticamente todos tenían 30 años y más, por una cosa de elección no usaban traje y que no podían pagar una hipoteca tratando de pagar imprentas los que tenían revistas [pagando alquiler o compartiendo piso], y materias primas y puntos de venta los que sacaban colecciones, lo mismo que los que organizaban festivales de arte y música? Por su aseveración, pues parece que no. Se habla de la librería y galería Ras, así como de MUTT como el garito de una “tribu”. Mal hecho, considerando que aparte de revistas, son puntos de venta de libros sobre arquitectura, diseño industrial y proyectos realizados por la misma ciudad u otros provenientes de enormes grupos editoriales como Taschen o Phaidon. Razón tiene Corina en enfadarse, y encima tratar de ridiculizarla por las gafas que lleve en un artículo escrito. Eso es de mediocre, discúlpenme que os los diga. Jamás una cosa así, para con nadie. Mal ahí Ayén.



“El fenómeno carece de la solidez grupal de las tribus urbanas tradicionales. Un punk o un mod se definían como tales “y matarían por ello”, advierte Brotons, mientras que nadie acepta la etiqueta de hipster e incluso los casos más palmarios aluden a diferencias de matiz para justificar su exclusión del grupo. “Negar que eres hipster es la mejor prueba de que lo eres –certifica Greif–, los que no lo son jamás se plantean esa pregunta””. Segundo error Brotons. Comprenderán señores, que si se habla que un fenómeno carece de la solidez grupal de las tribus tradicionales, es precisamente, porque no es una tribu tradicional. Es que ni siquiera es una tribu. Comprenderán que toda la gente que puso en marcha ese movimiento, no andarían en grupete a lo piñón como punks o mods. Para eso se presentaba un proyecto, se convocaba y la gente aparecía y ahí se compartía, y al día siguiente todo el mundo volvía a trabajar, y muy duro. Así, ¿ cómo te piensas que alguien se va a encasillar en una “tribu urbana”? Obviamente te va a responder ¿Tribu?... ¿Pero de qué tribu me hablas? Tribu al amazonas, que ahí aún quedan. Con respecto a lo que asevera una vez más Greif sobre la negación de la condición… debería preguntarse profundamente Greif si los que formaron y fueron parte de esa “tribu”, lo hicieron todo de tal manera para que cuando llegase el momento de encasillarlos como éste [que obviamente sabían que vendría], la única manera posible de catalogación para los “expertos” fuese la certeza en la negación al encasillamiento de quienes pretenden catalogar. Van muy rápido caballeros… los podrían sorprender y tirarles por tierra todas sus investigaciones, dejarlos como cretinos y después decirles con la barbilla en alto “Si guapo, soy Hipster” con la mano levantada. Yo tendría más cuidado. O quizás esperaría más tiempo para ver un certero desarrollo en su amplitud de un fenómeno que fue real, que dio vuelta al mundo y fue eso, el emblema de una cultura. No olviden nunca, Ayén, Greif y Brotons, que cuando fuego hubo, cenizas quedan, y basta un pequeño papel para que se vuelva a encender, y vuelva a hacer una hoguera, y puedan terminar por quemarse. A lo mejor vuelven. Quizás están esperando el momento justo, a lo mejor. No los cataloguen, porque no fue una tribu, fue simplemente, un grupo que trató de hacer las cosas bien, y así lo hizo, y ahí siguen. Invéntenle un nombre a eso, y den cátedras en sus universidades norteamericanas, sobre eso, y publíquenlos en sus revistas en medio mundo. Harán un bien a mucha gente, estoy seguro. Por algo triunfaron caballeros, por algo los 2000, como dice Ayén, fueron suyos. No los felicito, porque siguen ahí, trabajando duro. Es lo que importa. Nada más.

2 comentarios:

Bless dijo...

“Si guapo, soy Hipster”

Bless dijo...
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