9.7.11

LA MODA DEL PERIODISMO


Image::MR WILLIAM EGGLESTON PHOTOGRAPHER © MEMPHIS::


Para todos los que trabajamos en la prensa [sobre todo en periódicos] la última semana la atención ha estado puesta en Londres. El caso NoW, el cierre del periódico News of the World por parte de su propietario Rupert Murdoch, conocido como el “dueño de la prensa”, ha caído como una bomba en las redacciones de todo el planeta. En plena crisis de la prensa, donde todos luchan por salvar el papel ante la rapidez, instantaneidad y gratuidad de esto, de internet, el cierre de ese semanario británico no ha hecho derramar una sola lágrima, por parte de nadie. Probablemente todos los periodistas han terminado su jornada laboral, apagado sus ordenadores y suspirado en silencio. Los directores de los medios, a redacciones vacías a media noche, se habrán encerrado en sus despachos a solas, corrido el pestillo, habrán abierto una botella y quedado ahí, sentados, inmóviles, bebiendo a tragos cortos, o a fondo blanco. Todos sabían cómo funcionaba el negocio, hasta hoy. Murdoch, el inescrupuloso magnate con una fortuna que dejaba sin respiración a cualquiera, ese anciano prepotente que desde detrás de la cortina maneja los hilos del poder a escala mundial, se veía envuelto en un thriller cinematográfico que superaba al mismo séptimo arte. Murdoch pasó los límites de lo humano y globalmente aceptable, poniendo al propio primer ministro David Cameron [ahora descubierto como un secreto a voces en el imaginario, como otro simple número más de sus peleles], frente a la cámara de los comunes a dar explicaciones y evitar como pueda que ruede su cabeza.



Esto lo sabía todo el mundo, desde hace mucho, cómo Murdoch usaba y abusaba de sus medios como un aparato de relojería para formar una red de tráfico de poder a fin de mantener el control de las decisiones políticas y económicas que asegurasen su propio imperio, pero nadie jamás abría la boca. Para cualquier periodista significaba su entierro en vida y para mandatarios un verdadero suicidio político. Una película de suspenso. Las revelaciones de que el tabloide interceptó el buzón de voz de una niña secuestrada, cuyo asesinato paralizó el corazón de todo el Reino Unido en el dos mil dos, han catapultado la crispación pública y política hacia las prácticas de la prensa sensacionalista controlada casi por completo por Murdoch. Con un tiraje de casi tres millones de ejemplares, News of the World fue durante décadas el estandarte de una perversión periodística que abarca la interceptación de comunicaciones privadas en busca de exclusivas. En el caso de Milly Dowler, la niña secuestrada y brutalmente asesinada, su contestador no solo fue interceptado por periodistas del semanario, sino que era regularmente vaciado para dejar espacio a nuevos mensajes, lo que alentó en sus padres la idea de que aún continuaba viva y confundió la investigación policial. Se me humedecen los ojos escribiendo esto, pensando entre medio hasta qué punto puede llegar lo siniestro, lo inmundo, lo sórdido y lo perverso. Recordé lo sucedido en Barcelona hace un par de años, cuando en un círculo de amigos propietarios de bares y restaurantes exclusivos aparecieron los “guiris”, un grupo de ingleses jóvenes, guapos y bien vestidos, de formas refinadas y trato cordial. Extrañamente vivían en pisos amoblados de alquiler y cambiaban constantemente de oficinas, con un nivel de gasto y consumo, caro y excesivo que no era normal, en lo absoluto. Más temprano que tarde terminamos todos por descubrir que esos cabrones cogían los tabloides británicos dominicales, seleccionaban a los muertos de los obituarios, ubicaban a sus familiares y aprovechándose de su fragilidad por la pérdida, los convencían de invertir en sus empresas con acciones falsas y ni bien tenían las herencias en sus cuentas, desaparecían de Inglaterra. Ahí estaban “escondidos”, en Barcelona, pagando cenas, copas, alquileres de lujo, trajes, viajes a Baleares y líneas de cocaína con los ahorros de toda una vida de ancianos golpeados por la muerte de sus seres queridos… cayeron ellos mismos, se autodelataron gracias a su burdo estilo de vida. Interpol se los llevó en un solo golpe. Después de eso, es imposible no desconfiar de la careta y la sonrisa de supuestas gráciles damas y caballeros que finalmente llegan a ser sórdidos desgraciados. Miro por las informaciones el rostro y el semblante de Rebekah Brooks, esa pelirroja que empezó como secretaria y terminó siendo mano derecha de Murdoch, y la imagen de “los guiris” se me repiten en la cabeza como una arcada. “Es de los mismos”, pienso en silencio. Esa tipa que sin mover una ceja asegura insosteniblemente desconocer todo sobre el sórdido asunto. Papel principal para Brooks caballeros, porque va siendo la mejor actriz de todas. Pienso en su padre, quién será aquel hombre, o qué pensará, porque si mi hija viniese a visitarme, una como Brooks, ni bien entrase por la puerta le daría vuelta la cara de una bofetada a palma abierta, igual, sin levantar ni una sola ceja a esa serpiente, que como Murdoch y sus periódicos, como dice Juan [Cruz], han basado su exitosa historia comercial en el desprecio a la vida humana en todas sus formas y matices, incluyendo la vida de aquellos que no se pueden defender, porque han muerto y han sido mancillados en la intimidad ya silenciada, para siempre. Utilizando trucos tecnológicos sofisticados y otros hasta burdos, han jugado con el prestigio de las personas con el único propósito de ganar lectores injuriando, despreciando los más elementales materiales de periodismo lícito, sustentada y protegida por la complicidad de las diversas administraciones políticas cuyos dirigentes le han extendido la alfombra y bajado sus pantalones a Murdoch, a pesar de la inmoralidad de su propuesta periodística, de su basura. Esa basura practicada por NoW y replicada por tabloides en todo el mundo, como en mi país, donde sus periódicos son controlados por la clase política y económica, donde intencionadamente publican periódicos para clases altas y bajas incitando al germen siniestro de la lucha de clases, poniendo a sus “elites” [gentes provenientes de familias con menos de 200 años de historia] como si tuviesen sangre azul y alimentando a su clase media y baja de farándula de cuarta, tragedias y hasta perversiones en la lengua a fin de mantener atada su red de privilegios. No tienen perdón.



Trabajando en revistas de moda [sin ser periodista ni haber pasado jamás por una escuela de periodismo], en donde tu rol principal y básica responsabilidad es crear visibilidad a diseñadores, artistas y creativos para la legitimización de sus propuestas y la consecutiva estabilización de sus proyectos desde el punto de vista económico y también creativo, como dice MR Cruz, aprendí observando y también practicando [muchas veces riendo y otras más peleando], que el periodismo caballeros es una práctica muy seria [independientemente el área al que te dediques], se corresponde con el deseo y la necesidad de la información en cualquier sociedad y se basa en el contraste, en el respeto, en el riesgo de guardar lo que no se sabe a ciencia cierta aunque otro apunte la exclusiva, o su aparente exclusiva. El periodismo señores no se basa en la rapidez, ni siquiera en la competencia. Se basa en la verdad que sabemos, no en la suposición ni en el ruborizante afán de sobresalir pretendiendo que sabemos más de lo que honestamente sabemos. El desfalco de ese propósito ha de ser denunciado en todas partes, en primer lugar por los propios periodistas. Ese periodismo indigno cuyo símbolo mayor ya se acaba, ha enseñado el ombligo en todo tipo de soportes y ahora también aquí, en internet donde cualquiera se monta un blog o un sitio, en un elevado número de televisiones, en cientos de medios impresos [América Latina la que más], y desde esos vectores del periodismo se lanzan cada día apelaciones a la libertad de expresión como garante de sus imperdonables patrañas, de su falta de vergüenza. Qué les puedo decir, que caiga News of the World, que caiga News International y que caiga Murdoch y toda su tropa de mercenarios, que han traficado hasta con las palabras inocentes de los muertos. Que os den. Su caída es una noticia, irónicamente, que advierte al mundo de la manipulación inmunda de la vida, y que advierte a Gran Bretaña, su parlamento, su clase política y su ciudadanía que no pueden permitir que Murdoch saque negocio de este desnegocio adquiriendo BSkyB, y si tienen que oler la sangre y correr cabezas, que corran, porque primero, introducirá salud en el porvenir del oficio de la prensa, y segundo, será un aviso que ni siquiera el hombre más poderoso del mundo, puede funcionar al margen de la ley ni creer que no existen límites para sus actividades, para su degeneración. Es un tema de respeto por la dignidad, extendible a cualquier orden de cosas, y a cualquier aspecto de la vida, propia y también común.



Volviendo a la moda, con todo esto, me vuelve a la memoria ese buen día que fui a reunirme con el director del Colegio de Periodistas de Catalunya [sin cita previa, donde la secretaria miraba de reojo con cara de pocos amigos], para convencerlo de que me permitiese distribuir una revista en los kioskos de las arterias principales de la ciudad. “Pierdes el tiempo” me dijo, y después de un enfrentamiento verbal, ese hombre [un muy buen hombre, que a pesar de su peso practicaba el trekking y escalaba las cumbres más altas del mundo, terminó confesándome], irritado, se ensalzó en una conversación en la que me contó la manipulación y absoluto monopolio de las distribuidoras y Holdings editoriales, CondéNast, G&J y Hachette Filippacchi incluidas, lo que aseguraba la rotunda muerte de cualquier proyecto independiente que pretendiese ver la luz en la ciudad. Ese hombre dio muchas pistas, precisamente, para mantener el proyecto en pie. Ese hombre me terminó enseñando, en lo más profundo de la racionalización, en la propia pasión, que los proyectos que al final terminasen por sobrevivir, vivir y convertirse en instituciones, con poder real, serían aquellas que precisamente respetasen el sentido mismo del periodismo, en la decencia de su práctica, y no precisamente deberían tener “la exclusiva”. El cierre de ese tabloide inglés, News of the World, o el golpe a Berlusconi a favor del grupo CIR, editor del diario La Repubblica en la pugna por el control de la editorial Mondadori aún fresca, me lo vuelve a confirmar, como un puñetazo, qué quieren que les diga. “Se justo” dijo ese hombre. “Si lo llegas a hacer, y estás arriba, ayuda a que aparezcan más revistas, y si aparecen, apóyalos, muéstralos, es la única forma de que sobreviva esto, y así tiene que ser”. Y así se hizo, y qué quieren que les diga, fue brillante. No llegó mucho dinero, pero las carcajadas no te las quita nadie. Apagas la luz y te vas a dormir en paz, con una sonrisa en la cara. Es un puntazo. Esa era la responsabilidad, de proteger, incentivar y fomentar el nacimiento y la mantención de proyectos que ejercieran la práctica de un periodismo de primera, independientemente de cuáles fueses sus públicos objetivos o sistemas de distribución. Así no te puede ir mal. Hablando de editoras, el hecho que algunas editoras como Anna Wintour o Ana de lo Russo pierdan el norte, se alejen de su rol periodístico y editorial y aparezcan en films, programas de televisión y un ejército de webs y blogs, para el dueño de CondéNast o Fairchild resulta un negocio redondo, una publicidad única [y gratuita] que no hace más que asegurar la facturación de sus arcas. El tipo se debe partir de risa verlas, y ellas tan contentas. El gran tema es cuánto van a durar, porque cuando te metes en el show business perteneciendo a un área completamente distinta, después de cierto tiempo terminas por agotar, y cuando agotas, ya puedes ir despidiéndote, ¿Por qué? Porque te transformas en un producto, y cualquier producto, sea el que sea, tiene que ser remplazado para seguir con la máquina, con el ruido. Por algo Carine [Roitfeld] se fue. Abandonó a tiempo. Fue una mujer inteligente. Misma inteligencia que han tenido las tres mejores editoras de moda españolas [Yolanda Muelas, Eugenia de la Torriente y Joana Bonet], curiosamente las tres barcelonesas, que han mantenido un elegante perfil bajo, una desde un proyecto editorial independiente, otra desde un periódico y otra desde un proyecto perteneciente a Holding. Puede entenderse porque las tres se han recorrido medio mundo, o son puro rock´n´roll, o mantienen los pies siempre muy bien puestos en la tierra, aunque quizás más importante aún, es porque las tres han hecho un trabajo periodístico como lo que explica MR Cruz, con una sobriedad y valoración real por la información que a ratos va mucho más allá del mundo de la moda, bajo la premisa que si algo no está escrito, no es verdad, y que si se escribe sobre una verdad, tiene que ser realmente, con rigor, la verdad en su más alta realidad, de facto, y nada más. A partir de esa premisa, echa a volar la imaginación. España entera puede estar muy orgullosa de sus mujeres en la moda. Lo bueno que sucedió en España, en la prensa relativa a moda, es que por la forma de hacer periodismo de estas tres mujeres, empezó a subir la calidad de las informaciones relativas a una industria, y eso sirvió para crear una imagen colectiva de primer nivel internacional [por medios impresos en papel y también en la poderosísima amplitud de la virtualidad global de internet]. Sus hombres también hicieron un trabajo excepcional [Luis Venegas, David Vivirido, Francesco Sourigues, Andrés Rodríguez y Juan Montenegro], que crearon un imaginario editorial nacional por la que vale quitarse el sombrero, con todas sus letras. Volviendo a lo primero de este artículo, al periodismo sin dignidad, espero, honesta y humildemente, que el revés de News of the World y Murdoch, sirva, al menos para todos los que pensamos, sentimos y expresamos en esta lengua, que entender e integrar al diario vivir una prensa que haga eso, entender e integrar una opinión [real y digna] al diario vivir, sea, simplemente, una lección para el resto de lenguas, y por ende, para el resto del globo, de eso, de la más alta belleza, que no es más que la más alta dignidad. Enhorabuena por el periodismo, y se los dice, con una sonrisa en los labios, uno que no es periodista. Eso es clase, y lamentándolo por Murdoch o por Berlusconi damas y caballeros, aquello, simplemente, no se compra… aprendan la lección. Es la moda del periodismo.

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