10.9.08

080 BARCELONA Y PUNTO CERO

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Dura la primera semana de septiembre. Tres días de frenética recopilación de información visual y quince desfiles en donde diseñadores locales e internacionales ponían a prueba de fuego sus últimas colecciones ante toda la prensa especializada acreditada de más de 300 medios. Y qué decir, casi en su mayoría, no defraudaron. Como todo, con sus puntos débiles y una excesivamente calurosa pasarela presentaron su trabajo Alberto Tous con su séquito de admiradores, lo mismo Bamby by Laura, David Steinhorst, EBP, Gori de Palma, Martin Lamothe, Oscarleon, Lutz, Petar Petrov, Andrea Llosa, Manuel Bolaño, Nerea Lurgain, Txell Miras, projecte Bressol y Zazo & Brull, quienes clausuraron.


Se mantuvieron siempre fieles a sus estilos Martin Lamothe, Alberto Tous y Gori de Palma. Txell Miras presentaba una bailarina que corría por toda la pasarela quitándose una a una las prendas, válido como performance dentro de un campo estrictamente artístico, pero insuficiente en su capacidad para presentar una colección. Teresa Helbig lo hacía a través de una suerte de muñecas rockeras con excesiva diversificación de materiales que tiende a despitar aquellas prendas como de su autoría. Manuel Bolaño presentaba viudas en prendas cuyo patronaje y clase deslumbraban, lo mismo el londinense David Steinhorst.

Los más valorables fueron sin duda alguna el búlgaro Petar Petrov con una endiabladamente bella y sencilla colección masculina, una cátedra magistral de clase y humildad sobre la pasarela. Lo mismo sucedió con la firma Bamby by Laura de Laura Figueras, que de la mano de la soberbia estilista afincada en París Raquel Franco-García presentó minutos de sublime elegancia. Una irónica y menuda cantante guitarra en mano y un casting de amazonas de rasgos clasicistas presentaron una colección de piezas que remitían en fracción de segundos a los veranos de la costa azul francesa del siglo pasado, de un patronaje extremadamente sofisticado.


Finalmente, el colectivo Lutz, integrado por Lutz Huelle y David Ballu, egresados de la Saint Martins londinense y actualmente con sede comercial en París, regalaron a Barcelona desfile y conferencia. Necesitaban hablar de lo suyo, y con razón. Sus prendas, alejadas del lujo, representa en todas sus aristas el nuevo rol del diseño, creando una moda funcional y multifuncional. Chaquetas y bufandas que se convierten en vestidos, trozos de tela que se enrollan en el cuerpo adirhiéndose con belcro que se transforman en elegantes vestidos de fiesta, entre otros. Lo que la moda ya hace tiempo viene sugiriendo como parte del nuevo relevo generacional.


En un plano general, la apuesta de la moda está enfocándose hacia la transición de finales de los ochenta para entrar de lleno en los noventa, la vuelta del grunge, las transparencias, las hombreras, las chaquetas americanas, los zapatos de plataforma, las zapatillas de tennis. Una suerte de acercamiento a la filosofía de Martín Margiela y en general, de los belgas. La elevación de objetos devenidos del diseño industrial de uso común cambiando sus valores y significaciones simbólicas sobre la pasarela. La vuelta del negro, los colores desaturados, las cadenas y las botas de obrero. En este sentido el jurado internacional presidido por Ann Demeulemeester eligió bien a los participantes, con mucho criterio. Por el contrario, los errores de casting y falta de calidad en cuanto estilistas fueron poco subestimadas gracias a impresionantes visuales que fueron el brazo de ahogado que mantuvo el evento en regla, ante la escéptica mirada de la prensa especializada, sobre todo la internacional. En plano general el evento cumplió, pero no posee la madurez como para catalogarse integrante de las pasarelas oficiales europeas, pero veamos de a poco, tiempo al tiempo. Sus fiestas fueron lo mejor.

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