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3.2.10

080 BCN FASHION A|W 010_011_

Imágen::080 by MR GERARD ESTADELLA PHOTOGRAPHER::



Hace dos o tres años atrás, cuando ejercía la docencia en una escuela superior de diseño local, tenía al frente, junto a otro puñado de adolescentes y no tanto, una alumna que nada se creía, vestida siempre de negro, corte de pelo estilo príncipe feliz y reservada en sus palabras, cuyos trabajos de packaging, que les encargaba de forma demoníaca, como un energúmeno, cada vez me sorprendían por su prolijidad y tozudez en mezclar materias primas, más allá del simple cartón, aunque me intrigaba más profundamente su carácter. Su nombre era Karlota Laspalas; Hace un año atrás, Enric, marido de Miriam Ponsa y padre orgulloso, me confesaba con ilusión cómo reformaban un viejo local a pasos del Museo de Arte Contemporáneo para instalar su tercera tienda, ilusionados ambos a la vez que agobiados por lo que significa tirar muros abajo y arreglar desde la electricidad hasta la obra gruesa para crear el nuevo escenario de piedra, cemento y metal que caracterizan sus tranquilos puntos de venta. Con pocos meses de diferencia, con los chicos detrás de la marca Jan Iú Mes, Alfonso y Jan, nos burlábamos que si la cosa no iba bien, en ese tiempo cuando nada andaba bien, se montarían sin vacilar un restaurante de sushi, especialidad oriental donde esta dupla maneja una envidiable destreza. Era una risa. El último jueves del mes pasado, después de tres días corriendo con el dj y videorealizador Poncho Paradela y el fotógrafo Rodrigo Manzano micrófono en mano y cámara al hombro, se acabó. No pude más que levantarme y aplaudir. ¿La razón? Todas estas personas, creadores brillantes, se hacían, literalmente, con todos los premios de la quinta edición del 080 ¿Describirles la alegría y emoción? Simplemente inexplicable. Fue Notable. Fue muy notable. Había que llevarse los dedos a los labios, cerrar la boca y empezar a chiflar hasta quedar sin pulmones. Sacaron la cara por ésta área y por todos los proyectos que confiaron en ellos. Fueron un orgullo, un lujo para toda la ciudad. Y si no bastase, otra del grupo, ex asistente de la firma Guillen Doz, la paulista Flavia Duarte y compañera de juerga, se hacía con el primer premio de la pasarela desarrollada por la Federación de Diseñadores FAD. Qué quieren que les diga, había que ir a beber. Así se hizo.





Ahora regresemos en el tiempo, desde que la primera modelo puso el pié sobre el octavo pabellón de la Fira de Montjuïc, cuando se prendió el primer alógeno, dio el primer paso y empezó el espectáculo. A Alfonso y Jan les tocó primero, recién llegados de Tranoi en París, maletas perdidas de por medio y otro par de milongas, que no fueron suficientes para acabar con un desfile que logró alcanzar un ritmo perfectamente competible a cualquier pasarela de grandes ligas, a pesar de las innecesarias morisquetas de un actor local invitado a desfilar que confundió eso con un set de televisión. Hicieron la pasarela suya gracias a prendas sobrias pero enternecedoras, estilismos premeditadamente sencillos y correctos, con un casting inigualable de hombres manos enfundadas en elegantes guantes de sastrería, elaborados en procesos artesanales, a mano por un brillante talabartero, al igual que sus pocos e igual de únicos accesorios. Descansabas viendo ese desfile, al mismo tiempo que te animaba todo el evento y lo que seguiría. Fue un verdadero placer. Es infundado decir otra cosa, como ya han empezado a hacerlo blogueros salidos quién sabe de dónde. Fue un desfile casi perfecto. Sin rebatimiento. Les siguieron la pin-up Bibian Blue, el griego Yiorgos Eleftheriades, a quién le resulta un peligro mezclar materias primas tan dispares como la seda y el pelo, que hacen peligrar su producción, Montse Liarte y llegar a Juan, a Juan Antonio Ávalos. Juan fue otro notable participante. Perdió el miedo y se lanzó a matar la pasarela, y para bien. Para un excelente. Tomó el enorme riesgo de utilizar texturas complicados para venta, y no le fue mal. Los dotó de un capital simbólico absoluto, le creó un personaje a toda una situación, y salió todo radiante. Se preocupó de sus comunicaciones, entendió que la correcta visibilidad mediática, pero controlando sus límites, podían ser la mejor herramienta para sacar a relucir su propuesta, y así fue, inundó los medios de comunicación. Me quito el sombrero Mr Ávalos. Cerró Miriam, como con un pesado broche de oro. Presentó su colección “Tejido Social”, que trajo quizás, a mi personal sentir, al concepto de familia, de tranquilidad, de campo traviesa, de hierba fresca, de abuelos, antigüedades de la tierra, en pocas palabras, tratar de vivir en paz. La gente salió de ese desfile diferente de cómo entraron, trastornados por una foto que difundiera algún centro comercial. El trabajo de Miriam fue pesado, demostró experiencia y compromiso con su propio trabajo y su propia ideología y percepción de la vida, como mujer, como creadora y como madre, me lo demostró con las entrevistas que dió, vulgarmente hablando, con dos cojones. Se ganó su premio.





Al día siguiente abrió Crommorc, para dejar paso a Karlota [Laspalas], de quién no tengo mucho más que decir, ya lo he dicho todo. Sobre su desfile, como sus comunicaciones y cómo se enfrentó al evento en sí, fue cien por ciento. Otra que se ganó su premio, sola. Manuel Bolaño presentó una colección estupenda desde el punto de vista artístico. Me arrodillo ante ello, pero desde el comercial, es una locura, que lamentablemente, era básica en la puntuación del jurado. Es una lástima a todos los casos, porque sus piezas son verdaderas obras de museo, esculturales. Debería proponerlo a galerías, galerías importantes, sería un puntazo. Mis felicitaciones. Tim Hamilton, bonachón, hiperquinético y caballero-payaso, sabía perfectamente a lo que venía: llegar, presentar una colección excepcional, divertirse y marcharse. Así lo hizo, pasaba del bien y el mal. Un crack. Llegó Heal y luego Elena Martin con su firma Martin Lamothe, seleccionada para el próximo London Fashion Week y su ejército de asistentes para mover una vez más la pasarela como un sismo. Quizás la diseñadora con más proyección internacional del sector independiente del país, hizo esperar a sus asistentes con el tema “crucero” del compilatorio Hotel Costes, les regaló botellas de naúfrago que manda una carta de socorro, les mostró una colección de relajo total arriba de un gran trasatlántico con veinte diferentes paradas impresionantes al ojo humano de los cinco puntos del globo, la acabó y los invitó a una fiesta propia en el Borne. Una dama. El resto de los participantes fueron la enseña koreana Songzio, la argentina Tramando, Celia Vela, la mallorquina Stefania Borras y Krizia Robustella con su apuesta street “Bang-Bang”. Y se acabó.





En general la quinta edición del 080 Barcelona Fashion estuvo bien, las instalaciones para el showroom a buyers eran también adecuadas y el staff configurado por coordinación de prensa, protocolo y personal de seguridad tuvieron un trato elegante con la prensa. Y lo más subrayable: los propios diseñadores. Fueron la clave. En esta ocasión, aparte de los modelos, detrás en backstage nadie aparentaba nada. Se conocían entre todos y se estaban entre todos tirando un cable, dándose ánimo, apoyándose. Eso hace la gran diferencia señores con el resto de pasarelas europeas. Que aquí no se rayan, no intentan con desesperación suicida ser una figura pública, porque es poco elegante. Eso déjenselo a los milaneses o los parisinos. A ellos les encanta. Aquí no, esto es Barcelona, esto es mediterráneo. Creo que a todo el mundo que participó le quedó muy en claro, y a los que vinieron y se fueron pluma en mano también. Ahora, los errores también los vimos todos, contundentes. El más grave, el insólito protagonismo del gobierno en un evento de estas características, cuyos responsables se fotografiaban más que cualquier diseñador o supermodelo, una cosa que dejaba verdaderamente perplejo. Deben ser más cuidadosos la próxima vez, ser más discretos, en lo posible. En las grandes capitales de la moda, que son grandes potencias, ningún jefe de gobierno asiste a ningún desfile ni se pone frente a ninguna cámara, a esos casos son sus esposas quienes ejercen la representación, y encima los tienen adecuadamente dotados de una infraestructura para la producción, que siendo intimista, más que talleres parecen lofts con suelo de parquet y calefacción vitrocerámica. Claro que aquí no es el caso, sabiendo de primera mano que nuestros diseñadores tienen que cocer con guantes de lana en invierno y trabajar en escasos metros cuadrados donde abunda el cemento. Es decir, el excesivo protagonismo de una administración ante estas condiciones puede ser un peligro para la veracidad de ese mismo protagonismo. Hay que ser un poco más distante. Siempre es mejor. Otro paso en falso fue el control sobre la prensa acreditada. Una parte de los front-row son para jurado, otra para buyers, otro para sponsors y el resto, para la prensa. Aquello fue un circo. La presencia de estudiantes de diseño de moda o afines con blogs atestados de imágenes sin precisión de sus autores ni mucho menos de copyright, fueron una verdadera plaga para el evento en sí mismo. Sabemos todos que esta actividad se ha masificado meteóricamente, y hay que tener mayor control, porque dificulta el trabajo de verdaderos periodistas, editores y audiovisuales, que no vienen a este evento vestidos como si de un concurso de disfraces se tratase. Tampoco se trata de quién consigue más retratos para quién sea. Para eso vayan a una agencia, es una vía más rápida, realmente. Será cosas de la edad, pero para eso hay otros canales, con el mismo brillo.





Mirando a estos chicos durante tres días, con mucha gracia, se me venían a la cabeza unas palabras de Xavier Guix, un colaborador del diario “El País”. La estética representa los valores más elevados de nuestro mundo. Así, por excelencia, lo hace con la belleza, vinculada esencialmente al arte. Nos orienta también en lo feo y en lo sublime, como elevando nuestras almas. En nuestros contextos cotidianos, en cambio, el sentido estético lo vinculamos a criterios cosméticos, de estatus y de proyección social o a lo sumo, de elegancia personal. Seguimos asociando valores a nuestra estética, aunque ahora, como veía con aplomancia frente a mis propios ojos, eran analizados por las grandes empresas de marketing. Era muy gracioso. Era patético. Para Plotino la belleza se encontraba sobre todo en la vista y también en el oído, por la composición de las palabras, y en la música, porque hay cantos y melodías que son muy bellos. Y si uno se remonta incluso más allá de los sentidos, encontrará actividades, acciones, gestos, hábitos y saberse bellos, así como la belleza que surge de las virtudes. Para Kant no había ciencia sino crítica de lo bello, depende del sentimiento del sujeto y de los criterios comunes, a los que hoy llaman “moda”, la gran reguladora de elecciones. Lo bello anda sometido al que ve. El que ve es uno mismo y a la vez se sabe visto por los demás. El criterio va a ser distinto según donde se ponga la atención. Si unos pantalones diseñados para mostrar el trasero se ponen de moda, muchas personas se los van a poner, lo lógico, aunque los pantalones y su trasero no puedan llegar a ser, superficialmente hablando, diametralmente más antiestéticos. Se supone así que el que se mira y es mirado no se rige por un valor estético, sino mediático. Patetismo, 2-0. Segundo round. Entonces caballeros, cabe preguntarse si elegimos según nuestro sentido estético, que personaliza, o seguimos los criterios homogéneos que van estando de moda con fechas de nacimiento y muerte, que vulgariza, por muy bonitos que sean. ¿ Queremos ser nosotros o queremos ser como los otros? He ahí la gran pregunta, el gran tema. Nuestros grandes sabios y artistas, nos dijeron toda la vida que lo que produce belleza es la proporción de las partes entre ellas y el conjunto, junto con las coloraciones que se le añadan. Se basa en la proporción y las medidas ajustadas, o sea, que es el conjunto quien hace brillar a las partes y no al revés. Ahí damos con dos pistas esenciales: cuando dedicamos tanta energía por el culto al cuerpo, estamos absolutamente fuera de medida, caemos en la desproporción, sólo porque abandonamos otras partes de nosotros, algunas, bastante más importante. Y sólo va a ser ese conjunto, el todo que somos, el que mostrará belleza o no. Honestamente se los digo. Por eso hay que acostumbrar al alma a mirar por ella misma, primero las cosas bellas, después las obras bellas, hechas por personas bellas. No hay más misterio, y al igual que el artista lima, pule y limpia hasta lograr la belleza que busca, así podemos arrancar lo que nos sobra, limpiar lo oscuro hasta hacerlo brillar, hasta iluminar la virtud. Es un placer. Puede que por ahí vengan auténticos cambios y transformaciones, personales, hacer las tan necesarias rehabilitaciones estéticas, como lo acaban de hacer hace pocos días estas damas y caballeros. Pasaron de todo, y sacaron premio. Miles de felicitaciones chicos, nos han dado una buena alegría a todos. Nos han hecho un honor, y eso es un pro. A seguir trabajando. La cosa va excelente. Congrat.




1 comentario:

Estel dijo...

Un placer la lectura de tu artículo y completamente de acuerdo con todas tus opiniones. Saludos desde www.itfashion.com y www.unseentrends.com