24.10.11

ARTE DE GUERRILLA

Image::MR MUSTAFA SABBAGH PHOTOGRAPHER © AMMAN|VENICE::

En pocos días más, se inaugurará oficialmente la décima segunda edición del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Barcelona [BAC], co-dirigido por la ya mítica dupla de Juanjo Fernández y Gigi Harrington, donde el tema principal será el arte de guerrilla… arte de guerrilla. En el texto de presentación de esta edición, se habla del desarrollo de las artes desde los márgenes del oficialismo para convertirse con el paso de los años en una poderosísima fuerza de opinión y crítica ante las injusticias sistemáticas del poder, que por nuestros días toma primera connotación, donde como un efecto mariposa, alrededor de todo el mundo las sociedades se van sublevando ante las poco ortodoxas prácticas de la banca y las clases empresariales y políticas, mientras al mismo tiempo, China va extendiendo su poder económico de corte imperialista como un gigantesco pulpo de tentáculos infinitos en lo más profundo de las aguas, de forma silenciosa. Se viene a la cabeza la imagen de Ai Weiwei, considerado como el artista más poderoso del mundo al haberse enfrentado cara a cara a un gobierno déspota [destrucción de su taller, detención y desaparecimiento incluido] y haberse exigido su liberación por los Museos, centros, revistas y artistas más influyentes del mundo. Fue pura guerrilla. Al mismo tiempo los ejemplos se multiplican en otras áreas, se extienden a los anónimos, que van derrocando con asombrosa rapidez a las dictaduras en el mundo árabe u otros, los Indignados, que van desplomando la respetabilidad, credibilidad y prestigio de gobiernos y jefes de Estado como en España, Grecia o aquí, al fin del mundo.



Robo las palabras textuales a Cristóbal [Muñoz] un colaborador cercano, cuando afirma que entre la rebelión árabe y la occidental existen asincronías profundas. Mientras unos se jugaron y siguen jugando la vida para derrocar tiranías corruptas y represivas, otros salen a manifestarse a las calles, juntarse en las plazas, tomarse hoteles y prenderle fuego a edificios públicos amparados en sus derechos constitucionales contra los recortes de sus beneficios sociales. En occidente tal vez no sea la falta de libertad o la brutalidad represiva, sino un pequeño libro de treinta páginas escritas por MR Stephane [Hessel], un nonagenario que perteneció a la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, encarcelado, torturado y sobreviviente a la Gestapo, participante en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el sesenta y ocho. Treinta páginas sin rodeos que sacaron a todo un país a las calles y extendió su poder sistemáticamente hasta llegar al corazón mismo de Wall Street, donde sigue generándose una pelea campal entre una desconcertada policía y la población, en el lugar donde unos pocos desgraciados hundieron literalmente al globo terráqueo.



Históricamente en la época reciente, las rebeliones contra los avances imparables de la tecnificación del mundo han dado paso a cambios paulatinos, reposados, puntuales. Sin embargo, la rebelión de la actualidad resulta de un alcance muchísimo mayor, enormemente más significativo, por el simple hecho de ser una rebelión global, una guerrilla global contra ese histórico pequeño grupo de personas que son los que realmente tienen el poder en sus manos, que están escondidos y contenidos tras la cortina del anonimato, los que toda la vida han usado a los jefes de Estado como simples peleles de acuerdo a sus intereses particulares. Se les van poniendo nombres y apellidos a esos pocos de carne y hueso, y se va a por ellos. Nadie puede olvidar que el poder es una cosa inmaterial, es un círculo que abarca no solamente al dinero, sino que se amplía a las redes de contacto, a las posibilidades de ejercer presiones, manipular el pensamiento masivo con el control de los medios de comunicación y al don particular de crear aparatajes de conspiración y su contrario. Ahí el poder tropezó con su propia piedra, porque detrás de esa inmaterialidad, existían hombres, con nombre y apellido. En otras épocas aquello era muy difícil de saber, como contaba Cioran al respecto de la fascistoide posición de Maistre sobre la revolución francesa: “Cuando se le da a un niño uno de esos juguetes que gracias a un mecanismo interior realizan movimientos inexplicables para él, tras haberse divertido un rato, lo rompe para ver qué hay dentro. Así han tratado los franceses al gobierno. Han querido verlo por dentro: han puesto al descubierto los principios políticos, han abierto los ojos al vulgo sobre objetos que a él nunca se le hubiera ocurrido examinar, sin pensar que hay cosas que se destruyen al mostrarlas…”. Palabras éstas de una lucidez insolente, agresiva, que podrían haber sido pronunciadas por el representante de cualquier régimen o partido. Nunca, sin embargo, un liberal ni un hombre de izquierdas se atrevería a hacerlas suyas. Pues ha sucedido caballeros que el antaño “vulgo” se transformó en clases medias de millones de profesionales alrededor del mundo que vieron ese aparataje secreto servido a la mesa, una cena idílica de horror cocinada por esa misma “elite”, de derechas e izquierdas por igual de la cual, como en la revolución francesa, ahora se exige su cabeza. ¿Quiénes fueron los primeros en presentirlo, meterse por debajo de la pesada cortina y con sus propios medios y manos correrla, por historia, una vez más, con todas sus energías? Adivinen. Los artistas. ¿Quiénes les ayudaron? Los mismos desgraciados, ladrones globales en su desprecio a la vida, en su fantasía de pertenecer a la Sagrada Providencia y poca sabiduría y elegancia en su propia ambición, terrenal, mediocre… como siempre. Fueron ellos mismos. Los artistas sólo les dieron un pequeño empujón. Lamentablemente, ya no tienen cómo defenderse, porque no tienen cómo esconderse. Ciertamente no serán enviados a la guillotina, tampoco devolverán todo lo robado, pero ya no podrán ser enterrados como señores, tampoco recordados con un busto en una plaza, ni ser recordados con cariño por las masas ni las clases intelectuales globales. Lamentablemente, pues ya no pertenecieron más a la Divina Providencia. ¿No es caballeros lo que todo el mundo quiere?, ¿trascender en esta historia universal tras la muerte? Pues no se pudo. Estarán en los libros de historia como simples horteras con fortunas robadas, pobres diablos anestesiados por el capitalismo e ilusiones de poder apuntados con el dedo por sus propios pueblos. ¿Y los artistas, los mejores del globo? Lo mismo aparecen con una foto a su lado, como los que les pusieron el pie sin esos millones, como quien dice. No está nada mal, aunque honestamente, no creo que aquello les llegue a interesar, porque no creo que tengan esa ambición. Nietzsche decía que en la ambición sistemática hay una falta de honradez… y la honradez obliga a continuar respetándola hasta el final, a no contradecirla.



En la próxima edición del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de la ciudad condal a punto de comenzar, decenas de artistas bajo esta premisa, como otro pulpo, se desperdigarán por decenas de galerías y espacios para mostrar cómo nuevos talentos y otros consagrados, hacen suya una respuesta universal desde sus propias particularidades al caos que vivimos, cara a cara, sin miedo, y con muchísima honradez. Volverán a movilizar Barcelona, uno de los puntos donde nacieron y se refuerzan los Indignados inspirados por Hessel bajo el ojo de todo el globo, y qué les puedo decir, será pura guerrilla, y estará muy bien. Muchos éxitos para todos, sin excepción. Damas y caballeros, sean muy bienvenidos.





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