18.1.12

LA ILUSIÓN COMO MILAGRO

Image::MR ESTEBAN VARGAS PHOTOGRAPHER © SCL::


Hace pocos días, contesté una entrevista a una joven periodista de una revista berlinesa. En ella me preguntaba sobre mi obra como artista [hoy muy arisca], el rol como editor, sobre revistas de moda, tendencias y algo de mi vida personal. Las respuestas, casi todas, circulaban a un concepto, que era el generar ilusión, y desde la realidad. Ese mismo día, por la noche y contra voluntad, estaba sentado en la mesa de un restaurante con seis personas que poco y nada conocía, excepto una muy buena amiga que quería que la acompañase. Cosas de compromiso para que no se aburriese como una ostra. Desde luego no se aburrió, os lo aseguro. Sabrán por qué. Eran gente de posición acomodada, dinero no les faltaba. Entre ellos un empresario frutícola [transgénico todo, por supuesto]. Me sobrepasaba en edad sólo por un par de años. La cosa no partió bien. Romper el hielo fueron comentarios al aire de las delicatessen que tenía aquel restaurante por parte del tipo, en un francés mal pronunciado. Vamos, que en su vida había pisado Francia. Tragué saliva. Empecé a beber vino. Era una delicia. Sus primeras cuatro preguntas fueron las que por intuición, después de un año por aquí, esperaba: Cuál era mi apellido, en qué colegio había estudiado, en qué barrio vivía y cuál era mi profesión, todo, por supuesto, con una enorme sonrisa. “Y a ti qué coño te importa. Primero pregúntame el nombre, ¿no?... mala costumbre la de Ustedes”. Silencio en la mesa. De ahí en adelante la cena fue un auténtico tedio. El resto no se quedaban atrás. Ya la venía venir. Sacaron las escopetas. Otro, gerente de algo en otra empresa vaya uno a saber de qué, fue el más valiente entre el ir y venir de comentarios con doble sentido. Se acomodó la corbata, cruzó sus manos sobre la mesa mostrando su gran reloj plateado que más parecía una radio a pilas, y disparó: “Bueno y tú, que te dedicas al arte y a toda esta cosa de la moda [en un tono burlesco con el que se delató solo… cuestión de idiota], dime una cosa, ¿Qué ganas con hacer todo eso, ¿cuánto ganas?”, preguntó… “Más de lo que seguramente tú vas a ganar en toda tu vida, guapo. No convertirte en un nuevo rico arribista de mierda, razón por la que se ríen de todos nosotros en el mundo “desarrollado”, para que nos llamen sudacas, y con justa razón, ¿no crees?, ¿Qué te piensas, que eres un Borbón por andar de corbata y traje? Pues mira, ni ellos”, fue la respuesta antes de dejar los cubiertos sobre el plato, tirarles un par de billetes en la mesa y largarme de ahí. No volaba ni una mosca, o se quedó tiesa en pleno vuelo. El tipo no podía más de la irritación, pero no se atrevió a decir nada. Cosa de cobarde, a lo mejor para no quedar peor con el grupo o el resto de comensales que ya a esa altura tenían puestos la vista en nosotros, o a lo mejor para no llevarse un buen puñetazo en la nariz. Lógicamente no caería en una cosa así de baja, pero de todos modos, confirmé aquel fabuloso ambiente de falta de cojones, y por supuesto, de la más mínima educación... Menudos.




Al salir me puse a andar. Estaba en la zona alta de la ciudad y el clima de la noche veraniega era ideal. Empecé a bajar por la avenida principal observando los edificios acristalados cual Houston, el equipamiento urbano como sacado de un depósito de atrezzo, a la gente, muchas chicas vestidas de pies a cabeza en retail chino y complementos de centro comercial. Estaba todo pulcro. Era una verdadera copia de una ciudad norteamericana pequeña en los años ochenta… Era un asco. Al llegar a una plazoleta coronada por un jinete a caballo en bronce llamada Plaza Italia, que divide la zona alta del centro de la ciudad, de una cuadra para otra, la cosa cambiaba radicalmente. Miré al cielo los enormes avisos publicitarios arriba de los edificios. “Qué puta falta de creatividad”, pensé. Debía doblar justo en ese sitio para cruzar un puente y llegar a casa, pero seguí avenida abajo. Aquello era entrar de lleno en otra película. Sus edificios, sus colores, la gente… era estar en la tosquedad de la Unión Soviética de Stalin, o en la Alemania del Este antes de la caída del muro de Berlín… era la más opulenta escenografía prusiana, como para asesinar la ilusión de hasta el más entusiasta. ¿Qué demonios había sucedido con ese país?... ¿Cómo permitieron que pasara todo para llegar a un extremo tan gris?... ¿Cómo habían permitido llegar a esa desigualdad tan extrema, que tenía a la gente inmersa en tanta pena, en una lobotomía de clases sociales cual guetos?... ¿Sería la acumulación de tantas estafas encubiertas por parte de la empresa privada monopólica, al ninguneo por parte de las instituciones para con la población, la estrategia de los medios de comunicación para seguir alimentando las diferencias educacionales y de opinión, por ende esa eterna lucha de clases, mezclado con el fantasma permanente del dolor y el sufrimiento ejercido a punta de fusil y tortura por parte de ese hijo de puta cuyo nombre no era ni necesario mencionar?... pensé de nuevo en las preguntas de esa periodista alemana. ¿Acaso sabría aquella buena chica nacida en la comodidad democrática posterior a la unificación alemana lo difícil que era crear ilusión, y desde la realidad en este sitio, cuando la realidad era tan tosca y dura como un cubo de metal en bruto? Realmente, esa realidad quitaba los ánimos y la energía a cualquiera. Pensaba al mismo tiempo en los amigos extranjeros que últimamente habían pasado por la ciudad, franceses, norteamericanos, ingleses y escandinavos en principio para radicarse, y que luego habían escapado espantados sin dar crédito a lo que vieron aquí… a una realidad tan excesivamente hostil. Con ellos eran herméticos, como si se tratase de extraterrestres. “Entiéndelo tío, es una isla, es difícil salir y tampoco llega mucha gente y la educación es muy básica, de parte de pobres y sobre todo de los ricos”, les decía. Lo entendían, pero no querían estar ni un segundo más aquí. No se les podía culpar. Se apenaban verdaderamente de la situación del país, porque sabían que al final, no era culpa de la gente. Todo funcionó durante décadas para que fuese así. Sólo se quedaban con la impresionante naturaleza del país, que les emocionaba hasta las lágrimas, porque era fabulosa, realmente única en el mundo.




La única forma de sobrevivir en un sitio como éste y no caer en lo endógeno era mantenerte al margen, precisamente como ellos, como un turista, como un observador, y desde ahí enfrentarte a esas formas y no para armar polémicas o líos ni por el mero hecho de confrontarse, sino quizá, para hacer entender a otra persona que el mundo es un poco más grande, y que ciertas cosas son verdaderas aberraciones al sentido común, a la lógica y a la racionalización más básica, dentro de esa ceguera generalizada, con las cosas hasta más básicas del diario vivir. Las cosas debían cambiar, y estaba comenzando. Los estudiantes habían sido el puntapié inicial, e iban a por todas. Sin embargo, a pesar de cómo estaba todo, las cosas iban mejorando, de a poco, con pié de plomo, avanzaba en una suerte de somnolencia, pero avanzaba. En lo que a nuestra área respecta, las cosas iban extraordinariamente bien. Era sólo cosa de ponerse a mirar alrededor, y en silencio, a solas, te reías de buena gana, pese a todo. La única diseñadora nacional, Pola Thomson, se empezaba a abrir paso en el panorama internacional, desde Nueva York a París. El resto de diseñadores locales, empezaban a mejorar no sólo su producción y seriedad en sus estructuras de empresa, sino también sus sistemas de información y promoción a través de las nuevas tecnologías de la información alejándose de la farándula de cuarta, como la gruppie de Hall Central o Zurita. Aparecía un grupo de fotógrafos que empezaban a dar qué hablar, tanto los establecidos en la ciudad que a través de la paulatina observación de distintas referencias desde todos los puntos del globo comenzaban a crear imaginarios personales y no vulgarmente comerciales, como Sebastian [Ghërre], Esteban [Vargas], Félix [Neira], Nacho [Rojas] con su proyecto THE NACHONAL que era un placer, Daniel [Gil] o Felipe [Bracelis], sin copiarle nada a nadie, y los otros emigrados fuera de sus fronteras conseguían de a poco, atornillándolos como fuese, tener un antaño prácticamente imposible reconocimiento en su propia tierra, como Sebastián [Troncoso], Sebastián [Sabal Bruce] o Juan Pablo [Montalva] entre otros, todos, nacionales de una tierra que pareciese despreciar a su propia creación. Los pocos sitios webs también empezaban a profesionalizar tanto sus contenidos como su diseño, donde falta aún un trabajo enorme, pero que van por una vía excelente, ya encarrilada. Los artistas locales también, de a poco, van rompiendo sus prejuicios a relacionar diferentes áreas creativas y a colaborar entre ellos, avaladas por los directores de sus museos y sus opiniones, dándoles ese difícil y a su vez importante voto de confianza. Empezaba a nacer una efervescencia, como pasarse disfrazado de anciana por el lado de una fuente de agua en la plaza principal y lanzarle cinco kilos de detergente lavavajillas y a tomar por culo. La cosa se empezaba a liar parda después del esfuerzo de mucha gente, y qué quieren que les diga. Uno, encantado de la vida.




Básicamente caballeros, empiezan a establecerse las bases principales para el nacimiento de una industria que pueda plantar cara a los monopolios, y sin algaradas, pero con el peso y la fuerza de ese mismo cubo de acero, en bruto… así, como si nada. Es el primer paso para que un país entero gire la vista hacia un grupo de gente que podría llegar a convertirse, con un trabajo bien hecho [y van a por ello], en el más alto eslabón para el establecimiento de una marca y orgullo país, primero a pequeña escala, lo que por estricto orden de las cosas, después debería ser lo suficientemente capaz de crecer y hacer girar la vista de sus países vecinos, y después, de un continente entero, y luego, con mucho más trabajo, estrategia y la suficiente educación, a lo grande, del resto del globo. Es difícil, pero tampoco imposible. Se puede por dos razones. ¿Cuáles? La primera, relacionada con la suficiente estabilidad económica y ritmo de crecimiento para hacerlo posible en el mediano plazo, y la segunda, porque es lo suficientemente sobria y agredida por todas las áreas de la vida, desde hace décadas, como para poder concretarlo. Es solo cosa de abrir la retina más allá de la propia frontera, esa que ciega y que ha provocado durante tantos años la paulatina opacidad de la gente, y por ende, de las perspectivas de vida y los sueños propios. Tanto el Estado como la empresa privada los pueden ayudar, y se les debe obligar, pero primero los tienen que ver jugando en la cancha, y jugando bien, porque por su escasa visión de miras, tatuada como una segunda piel, apoyarán algo sólo cuando el huevo esté puesto, no antes. [Dicho de su propia boca]. Con todo eso, se les puede presionar. Ponerlos entre la espada y la pared, pero primero deben ser lo suficientemente grandes para poder hacerlo, para poder enfrentarlos, con la barbilla en alto y sin mover un solo músculo de la cara. Están en mejores condiciones, hoy, que muchos otros países alrededor. Háganlo bien, sin pretensiones, ni luchas de clases, ni arribismos. Deberán atacar esa mierda con todas sus energías. Obligarse. Quiebren los tabúes, hagan su trabajo y creen imaginario, porque será la única forma de que el resto se fije en Ustedes, y no solamente entre una cordillera, el mar, un desierto y la Antártica. Se puede, depende sólo de Ustedes, de nadie más. Nosotros estaremos detrás, para lo que necesiten. ¿Cómo no? No les quepa duda. Es la ilusión como milagro… y qué les puedo decir, así, y nada más que así, nacieron los imperios, todos. Se los firmo ante notario, el que quieran. Denles una lección, y déjenlos flipados, y en colores. Todos van al baño, nunca lo olviden. Partan de ahí y créanme, muchos, muchísimos, os lo agradecerán.





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