23.10.13

ELOGIO DE LA LOCURA

Image::MS SYBILLE WALTER PHOTOGRAPHER © PARIS::


Con este título, Erasmo de Rotterdam, hace seis centurias atrás, titulaba sus investigaciones relacionadas con la locura… la locura. “La razón, para ser razonable, debe verse a sí misma con los ojos de una locura irónica”, decía Erasmo. También decía que “todo cuanto lleva el necio en el pecho, lo traduce a la cara y lo expresa la palabra. En cambio, el sabio tiene dos lenguas, una para decir la verdad y otra para decir cosas que consideran convenientes según el momento”. De ahí elija Usted, al sabio o al necio… interesante… muy interesante. Podría ser esta, una excelente introducción para llegar a la conclusión de que están, por nuestros días, todos, absolutamente locos. Como una chota. Con el pasar del tiempo, uno va conociendo gente, sentándose frente a una lista interminable de personas, con distintas historias, condiciones y realidades, o frente a un café, una copa o una cena, uno escucha, analiza lo que tu interlocutor dice, y callas. Probablemente, para aguantar aquello, levantas el codo y te tragas el café y pides otro, si es una copa, pides algunas más, y si es una cena, comes lo más rápido posible para terminar cuando antes con aquella cita, y sales a la calle, respiras aire freso y te dices a ti mismo “Este tío, o esta tía, está como una puta cabra”. Y uno, a su vez, está también con un pie dentro de la razón y con otro dentro de la locura, y cuando caes en la cuenta de que ambas se entrecruzan casi con la línea limítrofe desvanecida, te preguntas “¿Dónde coño estoy?”. Gentes aparentemente rectas, socialmente aceptadas y con estilos de vida tradicionales, terminan, después de una conversación, por revelarte, según las entrelineas de sus palabras, que están completamente desquiciados. O al revés, en otros momentos frente a unos y otros con unas pintas de decir “madre mía”, que están completamente cuerdos, o son más valorables desde la intelectualidad, o la razón, que los primeros, o viceversa. Vamos, que en este tema de la locura, la flora y fauna es, francamente, muy amplia. Extremadamente extensa. Un circo.



Se te aparece enfrente el personaje de Austin Powers y le ruegas casi a las súplicas “explícame todo esto, cabrón… explícamelo por favor”, pero Austin no responde… da un triple salto mortal hacia atrás para caer dentro de su descapotable pintado con la bandera británica y en el asiento del copiloto Mini Me con su dedo en el labio, te hacen una peineta y se largan a toda velocidad gritándote “¡Pringado!”… y ahí te quedas, solo en medio de la calle mirando con la vista perdida mientras pirado tras otro pasan a tu lado disfrazados de “gente bien”… putada. Enorme. Y es que así está el patio. A uno lo tratan de loco. Y luego de darte una mirada general, así por encima, sin demasiada profundidad, contestas “Vamos, qué morro!”. Y porque es así caballeros. Abre el periódico, echa una vista rápida a la sección de noticias internacionales, o locales, y te queda el panorama más que claro… y lo más fuerte, es que luego te pasas a la sección de cultura y te los presentan a todos como “Mirad la genialidad de estos pirados”… menuda la peña. Se dice que la locura, en la antigüedad, era considerada como un comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas. También como una privación del juicio o del uso de la razón. ¿Y ahora?... ¿Cómo debería de ser definida?... ¿ha mirado a su alrededor? Pablo Picasso fue considerado un loco… Salvador Dalí también, lo mismo Arthur Rimbaud y tantos otros… y… ¿Se ha preguntado alguna vez por qué permanecen en el imaginario colectivo global y también en las páginas impresas de las enciclopedias?... podría ser, quizá, que no estaban tan locos como se pensaba, por no decir que estaban más cuerdos que todos, y desde ese uso de la razón, crearon toda una mitología de locura alrededor de sus propias imágenes como sujetos, y de paso, con toda su obra. ¿Qué os parece?... ¿Quién estaba más loco, el pirado del artista, o el pirado que le compraba las cosas al otro pirado?... No creo que haga falta una respuesta. Usted mismo. Más pirado estaba el que compraba que el que hacía, y lo más impresionante de todo este asunto, es que ha sido, desde la época de Erasmo de Rotterdam, e incluso antes, exactamente lo mismo, por no decir desde el inicio de los tiempos.



Dice MR Manuel Rivas que ver lo invisible que se tiene delante exige, a veces, un esfuerzo constante, una voluntad astronómica. Y es verdad. Como ese personaje, “Vitrol”, del que hablaba Roberto Matta hace años, ese que ve más allá de las apariencias y rompe esa costa invisible que te permite ver la realidad para llegar a una verdad. ¿Habrá que estar loco para eso?, ¿Qué cree Usted?, ¿O habrá que estar muy cuerdo? Dicen por ahí que la locura no puede vivir sin la razón, porque sólo si la razón puede reconocer a la locura, puede determinar la verdadera importancia de ambas. ¿Para qué? ¿Para reconocer la miseria que a uno lo rodea, para identificar sus flaquezas, su incapacidad para razonar de una forma supuestamente coherente? La relación que se establece en su amorío secreto, con el pasar del tiempo, deriva en el saber y en la experiencia, dicen, y de esta forma no se valoriza en absoluto ni las banalidades ni las falsas creencias, por ende, se evitan fanatismos, cosa que por nuestros días, son materia imperante… ¿no os parece? Si la ciencia ha tenido desde su nacimiento un afán casi enfermizo del reconocimiento universal de una sola verdad, pretenciosa como ella sola en alcanzar la posteridad… ¿Cree Usted que ha logrado, por lo que ve a su alrededor, conseguirlo realmente, sobre todo en tiempos donde nada es una verdad absoluta, y las verdades antaño absolutistas van siendo tiradas por tierra por ellos mismos, por los científicos a medida que avanzan las investigaciones de toda suerte de áreas del complejo universo de la vida? Nadie entiende nada caballeros. Pareciese que hay que moverse, desde la vida personal, como en el inicio de los tiempos, por la más pura intuición. Uno mira todos los productos tecnológicos que aparecen sin cesar como juguetitos manufacturados en Korea con diseño californiano en las estanterías de las tiendas y te entran unas ganas de agarrarla a piedrazos, pero sigues de largo esperando que todos los cretinos que eyaculan con aquella idiotez no terminen por morir de cáncer… o alguna enfermedad similar producto de las ondas microondas de todos esos aparatos. Lo mismo casi no utilizas un teléfono móvil, ni ordenador, ni permaneces en ninguna red social, no tienes coche, tampoco televisión, no compras en supermercados, no tomas medicamentos de ningún tipo ni te metes en un centro comercial. Y eres un loco. Y lo más fuerte de todo es que la gran mayoría de personas [algo así como el 99.5% de la gente con la que convives a diario] que no está de acuerdo en que uno no forme parte del gran sistema de consumo, se esfuerza por hacerte creer de que lo estás, de que estás loco… es muy fuerte. Y si te aburres de aquella mierda de discurso popular y los mandas a todos a tomar por culo, o individualmente, resulta que aparte de loco, pasas a convertirte en una persona intratable, irascible, un loco peligroso, antisocial, dislocado e incapaz de mantener relaciones sociales. Ese es el mundo contemporáneo, la metamorfosis de la razón en locura y la locura en razón. De ahí la desaparición de los límites entre lo que es bueno y es malo, un universo de absoluta sordidez.



Pero esto no es nada nuevo caballeros, ni quien os escribe está descubriendo la pólvora. Ya seis centurias atrás el hombre comenzaba a establecer los sucesos y hechos del mundo de otra manera. Los temas supremos pasaron a ser mundanos, y al revés también. Todo se volvió más cercano y entendible para llegar a la actualidad donde pasó más allá, a entenderse como manipulable. El miedo a la muerte se relaja gracias a su humanización, volviéndose terrenal y por lo mismo alcanzable y comprensible, cometiendo a su vez el error de creer que ese acercamiento daría el pistoletazo de salida a que esos sucesos fuesen dominables o manejables por la mente y el razonamiento humano, improbable si sólo algunos creen conocer la verdadera realidad, la idiotez de creerse un dios. Y ya ve, estamos rodeados de idiotas. Idiotas al cubo. Los que te tildan de loco.



Arthur Rimbaud, Pablo Picasso o Salvador Dalí, por dar sólo un triunvirato de ejemplos precisos, eran catalogados como locos, locos que hacían cosas guapas entonces la sociedad podía estar tranquila, no estaban en manicomios sino encerrados en sus estudios haciendo sus locuras. Y resulta que después empezó a gustar lo que hacían, y después los empezaron a consumir. Y resulta que los tres locos comenzaron a universalizar su locura, y empezaron a dar la vuelta al mundo, Y de repente los locos empezaron a tomar en sus manos asuntos puramente políticos que pasaron a convertirse en un imaginario global, y después, pasar a ser parte esencial de la cultura de la humanidad. ¿No te jode? En las miserables, dictatoriales y rutinarias vidas de la gente cuerda y razonable, ellos se convirtieron en un monumento material e inmaterial de lo que significaba la libertad, la cultura, las ideas y la sanidad de la libre elección, cuyos puentes derivan en un sentido ligado al ejercicio de la democracia. Y como ellos, tantos otros locos como los que inventaron los grandes monumentos de la historia, los edificios más sobresalientes de todas las épocas, los avances científicos magníficos, la independencia de sus países, una comunidad europea después de una guerra siniestra. ¿O qué pasa, que acaso se piensa Usted que aquellos no estaban locos para pensar así de grande? Rimbaud, Picasso, Dalí o todos los representantes protagónicos de todos esos avances para el mundo estaban más cuerdos que cualquiera, con un razonamiento fuera de lo común y a su vez, con la locura como para poder hacer tangibles esas maravillas. Dígame ahora quién está loco… habría que tener muchísimo cuidado al enjuiciar o tildar a alguien de algo, sin saber en su totalidad el universo de las particularidades de cada individuo caballeros… Como dice MR Patricio Pron, una exitosa ficción sobre el regreso de Hitler arroja sombras sobre el presente. Ha vendido una sola novela más de medio millón de ejemplares en Alemania, portada de una docena de revistas y de suplementos culturales donde no se esconde el entusiasmo por la sátira de un Hitler que se transforma en estrella televisiva con partido político propio… y pareciese normal, dado el aumento de los nacionalismos y la xenofobia en el viejo continente producto de la crisis exportándose a toda velocidad por el pensamiento popular de la antaña mayor democracia del mundo. Dígame entonces, donde se encuentra el verdadero razonamiento, o donde se encuentra la verdadera locura… no sabe uno para dónde mirar. Dicho esto, no quedaría, a lo mejor bajo el punto de vista de Erasmo de Rotterdam, como hace seis centurias atrás, más remedio que esperar la propagación, con la misma rapidez, como una plaga, de locos como Rimbaud, Dalí o Picasso, y que vuelvan, como ellos, a hacer lo mismo, y con la tecnología de hoy, incluso mejor. El verdadero y magnífico renacimiento de eso, el elogio a la locura. Será el elogio a la razón.  





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