9.12.13

PERFIL: NELSON MANDELA

Image::MR ADRIAN STEIRN PHOTOGRAPHER © CAPE TOWN::



La fotografía arriba publicada, autoría de Adrian [Steirn], muestra a un hombre que no observa su rostro, sus imperfecciones, sus arrugas, su pelo cano o el paso del tiempo a través del espejo. El personaje arriba fotografiado te observa directamente, con una mirada que, de estar ahí mismo, en ese instante, te dejaría gélido, donde difícilmente podrías controlar el pulso para mantener una cámara fotográfica en su sitio… primero por esa mirada honesta, penetrante y directa, cuyo dueño sabe perfectamente lo que hace, como escudriñándote cada centímetro, y no es cualquiera. No se trata de un actor de Hollywood del montón, ni de un anciano que ha vivido algunas de las experiencias más notables que cualquier ser humano pudiese experimentar, ni de un hombre que cogiendo un teléfono pudiese apagar una guerra civil en cualquier parte de su propio continente. Si fueses fotógrafo, y estuvieses frente a aquella imagen, con ese hombre mirándote a la cámara, no podrías sentir otra cosa que tu propia pequeñez, la más absoluta insignificancia. ¿Por qué? Porque te encontrarías fotografiando a uno de los hombres más importantes y fundamentales para entender la historia de este siglo, y si no te bastase, uno de los hombres más brillantes y humildes que hoy, saca lágrimas de hasta el más frío de los hombres, y con justa razón… MRNelson Mandela.



El próximo domingo será su funeral, y la mitad de los jefes de Estado del planeta han confirmado su asistencia. Los medios de comunicación de la totalidad del globo terráqueo cubren sin parar su fallecimiento y su figura, y los ciudadanos del mundo entero, ricos y pobres, jóvenes y ancianos de todas las lenguas, culturas y razas no sólo sienten y expresan la amargura por su deceso, sino que se han quitado el sombrero en homenaje a ese hombre. Por una vez en la historia universal reciente, la totalidad del globo se silenciará durante un minuto solamente por él: Mandela. Un político que sin más apoyo que su propia convicción, cambiaría la historia de un país y haría que blancos y negros se abrazaran cariñosamente transformando al mundo entero en pos de la aceptación por la libertad, la paz y entendimiento mutuo valiéndose de los sentimientos más puros de la raza humana para con ella misma. Brillante estratega, caballero como ninguno y dueño de una sonrisa fácil y extraordinaria capacidad de persuasión, Mandela quebró el corazón de hasta los más rígidos de los desgraciados de su tiempo, con la única finalidad de pasar por encima de todos, personas, instituciones y la misma historia para lograr lo que se traía entre manos, y lo hizo como prácticamente ninguno. Mandela.



El Apartheid sudafricano, la más desagradable manifestación del odio por la diferencia tras el horror nazi, no fue enterrado por un grupo de países aliados, sino por un solo hombre: él, y no usó armas. En eso radica fundamentalmente su importancia. Mandela evitó él solo una carnicería y usó a su favor, desde la más absoluta soledad y ostracismo desde detrás de unas rejas, a las celebridades, los medios, la opinión popular y los nombres más importantes de la política y la intelectualidad de su siglo para salir de una cárcel rodeada de tiburones por la puerta grande, convertirse en presidente de su país y manipular un partido de rugby para lograr la unidad de un país que rozaba en lo maquiavélico para convertirlo en una democracia creíble, y de ahí, expandir lo suyo por el resto del mundo con una eficacia que ni la mejor agencia de comunicación, manteniendo para ello las formas más sofisticadas de la elegancia y la clase, las que sacaban buenas carcajadas del resto del triunvirato conformado, aparte de él, por la reina Elizabeth de Inglaterra y Fidel Castro, probablemente, los únicos tres personajes vivos que logran hacer levantarse a todo el mundo ante su paso… Dicen que el poder es así… es pura clase, al fin de cuentas…



Será un privilegio, este próximo domingo, para toda nuestra cultura y nuestras generaciones, de viejos, adultos y jóvenes, presenciar los funerales de él, de Mandela, y sonreír porque ese tipo existiese y porque haya hecho lo que hizo como el más grande de los cabrones, y como probablemente, uno de los mejores sujetos que hayan pasado por este mundo, y que podamos ser testigos de aquello, para volver a reafirmarnos, como raza humana, que no podemos permitir ni tolerar, nunca jamás, que se cometan esas injusticias, como el Apartheid, o el nazismo, o a desquiciados como los dictadores del mundo árabe, el sudeste asiático o la Korea dividida. Y si alguna vez, estimados lectores, tienen el privilegio de visitar Sudáfrica, caminar por sus calles y pese a las brechas sociales, ver a negros y blancos caminar por sus calles en paz, y pasárselo en grande, sin diferencias, podrá sonreír, y saber, por haberlo conocido, que todo aquello fue, simplemente, gracias a él. Mandela. Muchas gracias… por todo. Fuiste pura clase.




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