21.8.14

PERFIL: LAUREN BACALL

Image::MS NINA LEEN PHOTOGRAPHER © MOSCOW::


La noticia dio ayer la vuelta al mundo desde un departamento en Nueva York. Había muerto, un año antes de cumplir nueve décadas, una de las mujeres insólitas de nuestro tiempo. Betty Joan Weinstein Perske, más conocida como Lauren Bacall. Actriz de la época dorada de Hollywood en los cuarenta y cincuenta, había dejado de respirar. A nadie le extrañó que la exclusiva se esparciera por los cinco rincones de la tierra como la pólvora, contra el tiempo. Era la Bacall. Hija de un polaco y una rumana, inmigrantes judíos establecidos en Estados Unidos, ni más ni menos que en Nueva York, ni más ni menos que en el Bronx, Betty inició sus estudios en la American Academy of Dramatic Art, una de las factorías de leyendas del teatro y el cine anglosajón. Y en eso se convirtió la Bacall, en una leyenda, la misma leyenda que en una rueda de prensa le dijera a una periodista que Nicole Kidman no era ninguna leyenda, que para serlo se necesitaban años, ser mayor, y tenía razón.


Y es que la Bacall era mucha Bacall. Para costear sus estudios a los diciseis años, la pequeña judía del Bronx comenzó a trabajar como acomodadora en un cine y como modelo para la revista Harper’s Bazaar. Un día, en una sala de exposiciones de la Séptima Avenida, fue descubierta ni más ni menos que por la icónica Diana Vreeland, directora en ese entonces de aquella emblemática publicación. Fue Vreeland quien la colocó entre sus páginas y la portada que encandilaría al director de cine Howard Hawks. Su secretaria la mandó a llamar, y al llegar Hawks se decepcionó. Encontró a una pequeña Betty tímida, de voz nasal, nada más antagónico a una futura estrella de la gran pantalla, y la despachó. Pero Betty no aceptó la humillación. Debutó en Broadway en 1942 con la obra “Johnny 2 x 4” y fue a visitar a Hawks. Le tocó la puerta a puño cerrado, entró y le dijo “Hola Howard, cómo estás” con una voz profunda y grave, y simplemente, lo encandiló irremediablemente. Howard la incluyó en el elenco del film “To Have and Have Not” junto a Humphrey Bogart, y el resto es historia. Entró al Olimpo de Hollywood y convirtió a Bogart en su esposo hasta la muerte del intérprete, en 1957. A lo largo de su vida realizó más de cuarenta películas y el pasado 13 de agosto, el día que dejó de respirar en su domicilio producto de un derrame cerebral a consecuencia de una embolia, Lauren Bacall pasó a pertenecer a las enciclopedias de la Historia Universal.


Lauren Bacall es un caso muy particular dentro de nuestro mundo contemporáneo. Encarnizó la más alta perfección de lo que aún entendemos por sofisticación. Representa una de las últimas divas en una contemporaneidad donde aquella clase de mujeres se han casi extinto en el ámbito de lo público, y su deceso abre la ventana a un montón de preguntas sobre la degradación de lo onírico en los mundos del cine, la moda y el show business. La próxima primavera el museo del Fashion Institute of Technology de la gran manzana dedicará una retrospectiva a su figura y su relación con la moda, el mundo que le abrió las puertas a convertirse en la leyenda que nos acaba de abandonar. No vale la pena hablar mucho más de la Bacall, porque los principales tabloides internacionales ya se han encargado de eso. Más bien la tarea es abrir esas preguntas. ¿Qué actriz, hoy, le llegaría siquiera a los talones?, ¿Qué mujer del show business actual norteamericano, de esas que se pasean por las alfombras rojas, podrían siquiera imaginar moverse sobre esas alfombras con el mismo desplante y derroche de clase marcial como la Bacall o la aún viva Sophia Loren?... No quedan muchas, y lo grave del asunto, es que no aparecen más… así son nuestros tiempos, y es una pena.


Si Hollywood construyó a una de las más destacadas divas del cine clásico, Bacall supo mantenerlo aún bajo la sombre de Bogart. No se convirtió en “la viuda de”, sino que se catapultó como La Bacall, como La Monroe, como La Taylor o La Davis. Tuvo los cojones de enfrentarse públicamente a la casa de brujas del Comité de Actividades Antinorteamericanas del senador McCarthy junto a otro grupo de estrellas en una época complicada sin bajar un segundo la barbilla. Aquello sólo se lo reservaba a la cámara. Y así, a punta de talento y cojones, se convirtió indiscutiblemente en uno de los íconos de la cultura popular. Cumpliste.




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