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17.1.09

EL OPTIMISMO DE LA DECADENCIA


Imágen::FERRAN JORDA PHOTOGRAPHER::


El pasado mes de diciembre, hicimos una fiesta. Primero en un showroom y luego en el Club Tropicana. Ya en el 2009, un "famosillo" que se mueve entre Barcelona y Madrid se dió el lujo de criticar a nuestros invitados y la fiesta por un medio de comunicación tecnológico y gratuito. Con él en especial quiero compartir una historia, una historia personal. Este artículo está dedicado a Ustedes señores lectores, pero muy especialmente, a esta persona en particular.


Hace ya bastantes años, me sucedió algo muy especial en el último año de secundaria. Estudiaba en un colegio jesuita, privado. El rector en aquel entonces era el sacerdote Renato Hevia, que además de ser jesuita, era una leyenda del periodismo y catedrático en ética de esta misma rama comunicacional. En un programa de televisión de un canal estatal, al ser entrevistado apoyó públicamente el uso del preservativo. La polémica fue nacional y el Vaticano lo condenó relegándolo a director de una pequeña revista católica de por vida. La misma ética que dictaba en sus clases, lo llevó a tomar una lógica y radical determinación: abandonó la Compañía de Jesús y en el laicismo continuó, con un poder aún mayor, aleccionando a cientos de periodistas y comunicadores a ser coherentes con la información que proporcionasen a la población en los medios más prestigiosos del planeta. Se convirtió en mi primer héroe, después de mi padre.


Ese año, Renato intuyó mis inclinaciones por las artes visuales y me recomendó que mirara un catálogo en la biblioteca. El catálogo era de Mario Toral, ex compañero suyo en el mismo colegio y uno de los artistas más importantes del país, autor del impresionante mural sobre la historia de Chile que decora toda la monumental estación de metro "Universidad de Chile" en Santiago. Dos años después, estaría sentado frente a Mario en su despacho de la universidad. Era el decano de la Facultad de Artes en la que me había matriculado no por el prestigio de esa casa de estudios, sino por él. Charlamos una hora sobre mis expectativas en relación con el arte y finalmente me dijo: "Alex, vete de mi despacho, vete de esta universidad, vete de este país y envíame una postal". Salí de esa oficina paralizado del miedo, pero así lo hice. Partí a Argentina. En mi tercer año en Buenos Aires, en la Escuela de Artes apareció otro caballero: Ricardo Laham, ex ayudante del fallecido premio Guggenheim Emilio Petorutti y director de la "La Cárcova", la escuela de postgrado en Bellas Artes. Durante un año ese increíble septagenario me observó, me dejó hacer con más libertad que al resto unas colosales orgías monocromáticas y la figura humana con una obsesión hiperrealista, y me gastó muchas bromas (por no decir que se pasaba riendo de mí). Al final del año, para el exámen final y frente a todos mis compañeros, me dijo: "Yo no te puedo enseñar nada más, te pondría un diez a pesar de que jamás lo hago, a tí te lo pondría pero no lo haré, para que aprendas a no ser tan soberbio"... me puso un nueve y terminó con un "Vete de aquí, vete a Europa, sé humilde y enciérrate a dibujar"... lloré desconsoladamente dos días señores lectores, completamente desorientado. Después repartí mis muebles, mis libros, mis obras, las pinturas, hice la maleta y me fuí del país. De eso hasta hoy. Cada día recuerdo a Laham.


El 15 de noviembre pasado, leí una entrevista con Lucrecia Martel, argentina que lidera el ímpetu del nuevo cine latinoamericano, considerada eslabón vital del relevo generacional del séptimo arte del continente del que provengo. Una de sus frases me hizo reír mucho, a la vez respetarla considerablemente: "No ha sido tan terrible. En Cannes abuchear una película o aplaudirla forma parte del folklore. Si uno no acepta eso, está errando de profesión". A fin de mes, aún con la entrevista al lado de la cama, me puse a releer la mía con Jonny Johansson, director creativo de Acne Studios y Thomas Persson, director de la revista Acne Paper, publicada en METAL hace poco. Me quedé en cinco frases de ambos y las relacioné con las de Lucrecia: "La elegancia e sprofundamente personal y pertenece a esos individuos que incorporan tolerancia, dignidad, inteligencia, gusto y lo más importante, sensibilidad" (Thomas); "La elegancia es el ambiente de hacer cosas, no necesariamente una presencia física" (Jonny); "la situación ideal ha sido siempre que muchas generaciones trabajen juntas y aprendan el uno del otro" (Thomas); "Para mí una fiesta necesita ser acogedora y personal, aquellas íntimas en donde existe un maravilloso crisol de invitados, cada uno con sus diferencias y particularidades" (Jonny); "Una buena fiesta es la esencia pura del placer de la vida y de ser social, viendo un grupo maravillosamente reunido, haciendo una aparición naturalmente vestido, tan bien como en la conversación, trae cierta alegría y significación a la vida misma, es una manera maravillosa de relajación y conseguir un estado de ánimo que quizás sería difícil alcanzar sentándote solo en un sitio" (Thomas). Empecé a masticar toda esa información.


Conciente de la profunda crisis por la que pasamos, era absolutamente necesario confirmarnos a nosotros mismos que podríamos sobreponernos a ella. En esos días buscaba diseñadores en París, Londres, países bajos y Amberes para un showroom con aspecto de galería de arte neoyorkina aquí, en la ciudad condal. Tenía un escenario ideal. Conciente era también que en Barcelona había un poder creativo sin precedentes que nada tenía que envidiar a otras capitales europeas y podía perfectamente competir en las grandes ligas como muchas ya lo hacían. Conciente también señores, como coolhunter, de la necesidad de agruparse como circuito y juntar fuerzas comunes, colaborar entre diferentes campos para asegurar necesarios proyectos procesuales y reafirmarlos de manera capital. Había que juntarlos señores lectores, y había que hacerlo antes de que terminase el año, un año difícil en extremo, era necesario para que todos se dieran cuenta de la enorme capacidad creativa y normativa que poseían, del poder que tenían y la enorme y valiosísima posibilidad de remar juntos en una nueva etapa, con expectativas frescas, con energía y sobre todo con humildad, con cariño, con respeto y con humor. Y, disculpando la expresión, lo haría por dos cojones, costase lo que costase y con el reloj en contra.


Me puse manos a la obra. Hablé con el director del showroom y después de discutirlo en todos los tonos de voz, lo convencí. Usaríamos el espacio, meteríamos ahí dentro al grupo de personas más exquisito de la ciudad para que se vieran las caras, se bebieran unas copas y se rieran un rato, y los atenderíamos nosotros mismos. Llamé a Yolanda Muelas, directora de la publicación donde los mismos Johansson y Persson nos habían motivado a hacer esta reunión de amigos y logré de ella un sí. Opinaba igual, era necesario, era importante. Hicimos la convocatoria en tiempo récord... fue aplastante. En tres días eran más de 300 confirmaciones de asistencia... me confirmó que no estaba equivocado. Esta iba por Hevia, por Toral, por Laham, por Martel, por Johansson, por Persson y por mi padre.


Ese jueves de diciembre señores lectores, hace un mes atrás aproximadamente, ocurrió en Barcelona uno de los acontecimientos más sobrecogedores que en mi propia vida me ha tocado presenciar y experimentar y que probablemente me cueste mucho trabajo olvidar: ver en un mismo espacio inmaculado a más de un centenar de los talentos más excepcionales de este país. Los diseñadores de moda, gráficos, industriales, escritores, periodistas, estilistas, arquitectos, fotógrafos, artistas visuales, empresarios, editores y pensadores más preponderantes del ámbito español compartiendo, charlando, riendo e intercambiando sus diferentes visiones de mundos personales sin importar partidismos políticos, ni diferencias sociales, culturales, religiosas o sexuales. Ver señores lectores, dentro de un mismo espacio, a tres generaciones de profesionales, estudiantes e íconos de diferentes disciplinas compartiendo e intercambiando experiencias, una cátedra visual de tolerancia y diversidad. Lograr ver debajo de un mismo techo señores lectores, a personas provenientes de diferentes naciones, lengüas y razas de los cinco continentes con el único afán de pasar un buen momento, al medio de una crisis económica planetaria.


Ahora más me río con Lucrecia Martel, cuando afirma que "en un mundo en el que la injusticia y la pobreza están concebidas como parte del sistema, la decadencia es una esperanza". Creo que en parte lo logramos, hacerles ver a París, a Londres, a Amberes, a Nueva York y a nosotros mismos que somos capaces, que podemos igualarlos e incluso sobrepasarlos, porque tenemos lo que ellos no y que desean con desesperación para salvar a sus sociedades: humor. Guste o no, ahora puedo decir con la más altanera soberbia que me siento orgulloso del lugar donde estoy y de la gente con las que estoy. Orgulloso de Ustedes. Muchísimas gracias a todos, a sus talentos, a su genialidad y a sus sonrisas. Y a esta persona, puedo darme ahora yo el lujo de invitarlo con alegría a que también haga algo similar, me invite para poder verlo con mis propios ojos y sobre todo, que nos supere olímpicamente. De todo corazón, me encantaría que fuese así, sería bueno, para todos.


2 comentarios:

Pute dijo...

mientras exista escoria como usted, esta sociedad seguirá en crisis. Mírese al espejo y pregúntese cuándo fue la última vez que fué humano.

Por una sociedad libre: MUERTE A LOS COOLHUNTERS

Melissa Delfina Delucca dijo...

Es excelente tu forma de redactar, tu postura y calma reaccion ante aquella critica, ya que esta columna se muestra una respuesta ante la misma sin necesidad de recurrir a la agresividad y maravillosamente haciendo notar que esa critica no pudo haberse basado en un fundamento solido pues esta claro el esfuerzo realizado por ti, sin mencionar la pasion con la que, se nota, realizas tu trabajo. Y evidentemente tambien debo resaltar tu sorprendente destreza en la organizacion de este evento social. Se trato de una gran oportunidad, como dices, para hacerles pasar un buen momento a tan prestigiosos profesionales, en medio de una crisis económica planetaria. Felicidades!
Me encantaria saber un poco mas sobre donde has realizado tus estudios estando en Argentina.