15.6.09

EL REQUIEM DE LACROIX

Imágen::CHRISTIAN LACROIX by EXUDE MAGAZINE::
Hace dos semanas atrás en un periódico oficial, la periodista Inmaculada Ruiz informaba que la casa gala Christian Lacroix declaraba la suspensión de pagos ante el Tribunal de Comercio de París. Todo el mundo sabía que los americanos Falic, hermanos de orígen ruso-libanés, habían comprado la firma al grupo de Arnault, Louis Vuitton Möet-Hennessy y desde entonces solo ofrecían la casa a inversionistas, porque desde el principio generaba perdidas monetarias.


La historia de la firma ha sido deficiente desde su fundación, en 1987 por el mismo Bernard Arnault junto al diseñador. La casa Lacroix era su retoño mimado, razón por la cual mantuvo la firma durante veintidós años, a pesar que nunca dejase de perder dinero. Pero Anault se cansó. Vendió la casa, pelió con Lacroix y veló por la estabilidad de su corporación. Fue la actitud más razonable y lúcida posible desde un punto de vista empresarial, era correcto. Pero los Falic se resisten presentando un plan de viabilidad que contempla, entre otras medidas retoques a plantilla. Mala idea usar como estrategia las tijeras... El año pasado la marca tuvo pérdidas por diez millones de euros. Este año, las ventas de su colección de verano prêt-a-porter se desplomaron a un 35%, su perfumería no genera ingresos y su línea de lencería ya bajó el telón.

Cual fue el error … como bien describe Ruiz, la americanización, y más grave aún, su propia vulgarización. Se hizo un escalón mas abajo en las élites ella misma. El presidente de la firma, Nicolas Tapiol, lo reconoce a su vez. La desproporción de montar a la vez como tiendas «estratégicas» ni más ni menos que en Las Vegas y Nueva York, además de puntos en Japón y los países del Golfo… era ya señores un indicador que garantizaba su fracaso. «cutre», dicen. Pero les faltó China, graciosamente, el único mercado que resiste a la crisis y del que está viviendo el resto de toda su competencia en París. Voilá... dicen también. El curriculum vitae de la casa Lacroix no es muy alentador para posibles inversionistas, y como bien dice Ruiz, tampoco están los tiempos para arriesgarse en aventuras. Lo mas probable es que en poco tiempo digamos adiós, gracias por todo.


Mientras Hermès lanzaba una colección que le decía a las élites «anda tío, vete a montar tu caballo, después vete a pasear con tus perros que tienen el mejor rollo y después abre una buena botella de vino», Lacroix resaltaba los brocados, la estridencia teatral, el barroquismo y la exhuberancia que adoran los nuevos ricos, sobre todo aquellos de las nuevas economías donde montaban sus tiendas y presentaban con grandes performance y eventos golosina de la prensa rosa… honestamente, de Almodóvar. El resultado : Hermès meteorizó sus ventas en un 25% y Arnault, probablemente, llamaba por teléfono a su banquero. La codicia pega también buenas bofetadas.

Se me vino a la cabeza de la nada otro señor: Oscar de la Renta, el gran diseñador dominicano… de la República Dominicana, otra vez, ni más ni menos. Alumno aventajado de Cristóbal Balenciaga quién formase un imperio junto a la humilde y a la vez aplomante Jane Derby. De la Renta tuvo y tiene una relación de amor-odio con los pinceles pero encontró una destacable plenitud como modisto en la escuela parisina. Pasó por las órdenes de Antonio Castillo y la casa Pierre Balmain, también por Elisabeth Arden en Nueva York donde la desvulgarizó a niveles excepcionales.

Los diseñadores de hoy señores, son como los peluqueros del XVIII, una suerte de filósofos de cámara, valets de chambre dotados de una extraña y a la vez morbosa finura dialéctica, estetas que son capaces de discernir entre el bien y el mal, caminar sobre esa pequeña cuerda que separa al hombre y la mujer y cuestiona o desafía sus roles como sujetos en su sexualidad a través de la apariencia, que basan su poder en la mezcla justa y perfecta entre la proximidad y la persuasión. Ante esto, no puedes hacer más que callar respetuosamente y escuchar. Trayéndolo a nuestra tierra, a España, la moda, como sector, ha florecido donde parecía imposible, en una economía como ésta dominada por el ladrillo, la banca y las grandes compañias de servicios basadas en mercados de monopolio y en precios de tarifa.


Dentro de la vitalidad del mercado nacional, la explosion de libertad que aportan Cortefiel, Mango, Domínguez, Puig, Camper o Pronovias hablan por sus datos, les va yendo bien, porque es un sector con fuerte componente tecnológico, está altamente internacionalizada en donde exporta el 70% de su producción, de la mano con una facturación que genera veintisiete mil millones de euros y genera empleo y puestos de trabajo a más de doscientas mil personas en el país, incluyendo la piel, el calzado y la cosmética, genera producto interno bruto. No considerarla en el ámbito público como sello de marca país, es, desde mi personal y concensuadamente arriesgada opinión, de imbécil.


Volviendo a Lacroix, inminente resulta que cuando perdemos la credibilidad de nuestro discurso y a los que nos apoyaban en nuestro proyecto, es casi imposible volver a recuperarlos. La estrategia de la firma debería ser volver a ganarse la credibilidad de aquella clase que era su eterna clientela, y a su vez cautivar a su nueva generación con la consciencia de aquella nueva forma de pensar y acercandose a la verdadera nueva forma de vida, y para eso, después de haber visto el fin de semana el film «Requiem para un Sueño», lo único que puedo aconsejarle, es que vaya a su casa, se siente en el sofá y se abra una buena botella de vino blanco, o tinto. Será un buen punto de partida para él. Y para nosotros, sólo nos quedará esperar al resto para ver cómo, posiblemente, caigan una tras otra como un círculo vicioso, que ya era hora que terminase mordiéndose la cola. Suerte para Lacroix.

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