27.12.09

EL CLUB DE LOS CABALLEROS

Imágen::NATHANIEL GOLDBERG PHOTOGRAPHER ::


En la esfera de la elegancia, más allá de masones, jesuitas o cofradías de universidades selectas repartidas por los cinco continentes, no hay nadie en el mundo que compita con un cierto tipo de señores llegados a una cierta edad, bastante más avanzada que la de mi generación. Hombres que se expresan en un fino equilibrio químico entre la solemnidad y la simpatía, con una visión del mundo por un lado panorámica y por otro bifocal, consecuencia de conocer la cultura occidental con la misma intimidad que conocen los secretos del continente donde nacieron. Sin duda escasos, muy escasos. Quizás, un Club de Caballeros que fueron los responsables, además de las circunstancias políticas, culturales y económicas que provocaron emigrar de mi latinoamérica natal, que sin éxito lo intentaron casi todo en el siglo veinte para dar con la fórmula que distribuya la riqueza en la región más desigual socialmente del planeta, que a diario refuerza la triste convicción de no querer regresar, en un personal autoexilio de denuncia contra un grupo de países que a pesar de ser maravillosos, pesan más los apellidos, los barrios donde se habita y los nombres de los colegios privados donde se estudia, de un arribismo tercermundista que deja sin respiración. Los mexicanos fueron los primeros en hacer la revolución y los sandinistas los últimos, desfilando entre medio Getúlio Vargas en Brasil, el castrismo en Cuba, los militares reformistas peruanos y Salvador Allende en Chile. Sin embargo, la mayoría de estos intentos terminaron como el rosario de la aurora, en una carnicería monstruosa de sangre y machetazos, un matadero sin control.


La revolución logró cambiar el gobierno y en algunos casos el régimen, pero la manera más rápida y expeditiva que ha disfrutado y padecido esa tierra para cambiar el Gobierno han sido los golpes de Estado. El escenario más reciente nos resulta familiar: Chile vivió bajo la bota militar de caucho del 73 al 89, Paraguay del 54 al 89, Argentina del 76 al 83, Uruguay del 73 al 84, Brasil del 64 al 85 y Perú como mínimo del 68 al 80, sin dejar de lado a Bolivia, que ha sufrido la irracional suma de 189 pronunciamientos en sólo 168 años de independencia. Cifras de barbarie que no se las desearía ni al peor de mis enemigos. La situación en la primera década del siglo XXI es diferente. La democracia ha avanzado y los militares han regresado a sus cuarteles, pero la región ahora se divide por un lado gracias a las fuerzas partidarias de la economía de mercado, entre ellas las de tendencia socialdemócrata, y por otro el populismo, que volvió hace poco a dar la victoria a Evo Morales en Bolivia, alineado con la Venezuela de Chávez, el Ecuador de Correa y la Nicaragua de Ortega. Honestamente, no dan ganas de vivir en un sitio así, y se los digo con un nudo en la garganta, pero así es. Al mismo tiempo, al otro extremo del mundo, en el Emirato de Dubái, la cultura del exceso se ha practicado con celo fundamentalista, logrando unas emisiones de co2 por habitante que doblan las de Estados Unidos. Platón nos recordó en su época una norma de conducta que sigue vigente, y es aquella que tiene relación en que nada debe ser en exceso, pero en Dubái le han dado la vuelta sin pensárselo dos veces. A fin de cuentas, ¿Quién es Platón?, ¿Cuántos caballos purasangre tiene que los hace volar hasta Inglaterra en un boeing747 ?, ¿Cuánto miden sus rascacielos? Le respondería al jeque Mohamed Bin Rashid Al Maktoum sólo con el silencio. Sería más que suficiente. Desgraciadamente no es una ficción, ni un fabuloso relato a caballo entre lo heróico y lo mesiánico. Es la realidad más pura y dura, y verdaderamente, supera la realidad de forma cinematográficamente surrealista. Una esquizofrenia paranoide, absoluta.


Europa también tiene lo suyo, como tan bien nos cuenta uno del Club, don Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea con ochenta y cuatro primaveras en el cuerpo. La actual situación deriba de haber convertido la "creación de valor" en una ideología más y de haber perdido la noción de riesgo. De acuerdo a lo económico, la recuperación depende en parte de cuántos bancos oculten todavía activos tóxicos. Los tóxicos no sólo están en el sector inmobiliario del suelo norteamericano, sino además en la especulación en bolsa y en los precios de materias primas, cuyo descontrol no impedirá que el paro siga aumentando ni que se detenga el impresionante endeudamiento. ¿Por qué? Porque la creación de valor se convirtió en una ideología, que al mismo tiempo motivaba y justificaba el comportamiento de las finanzas. Esta ideología se volvió tan potente que perdieron la noción de riesgo, individual y sistémico. Hoy en día se crea riqueza en Europa incluso antes que se produzca. El sistema financiero debe ser consciente del riesgo y financiar la innovación económica, pero nada de eso está garantizado porque algunos líderes del viejo continente sólo piensan en el interés de su posición financiera, una vergüenza pública e internacional. La responsabilidad no es sólo de Estados Unidos, ése es un argumento europeo demasiado fácil. La crisis ha contaminado Europa, por culpa del consenso de Washington, cuyo mensaje a los países en vías de desarrollo, como el continente del que provengo, ha sido: "Tenemos las soluciones para permitir que muráis, eso si, bien curados". Ese consenso propició la desregulación, la desconfianza hacia el gasto del Estado y los Estados aceptaron ese orden financiero, fueron sus cómplices. Y eso que aún falta abordar la agricultura. Si los países en vías de desarrollo tienen que asegurar entre un sesenta y un setenta por ciento de sus necesidades alimentarias, entonces hay que cambiar el sistema de las grandes sociedades comerciales que hegemonizan el mercado. La mejora de estos países requiere tecnología avanzada, que permita utilizar menos agua y obtener mejores resultados. ¿ Distinguimos entre los gastos que favorecen su futuro como la educación y la sanidad, o les piden, como hizo el Fondo Monetario Internacional, que recorten todo gasto sin distinción ?, o si hay grandes potencias emergentes, ¿ No tienen que cargar también con su parte de la responsabilidad mundial ? Eso afecta también a las monedas. Deberíamos plantearnos ya un sistema monetario mundial basado en una cesta de monedas, porque el dólar es un yoyó y los estadounidenses se han aprovechado de eso para endeudarse más allá de lo razonable. Los europeos tienen que asumir su responsabilidad, no para que el euro sustituya al dólar, sino para que contribuya a crear un sistema monetario mundial más equilibrado. ¿Cuántos gobiernos están sufriendo por la caída del dólar o por razones vinculadas únicamente a la especulación, que la prensa salmón se niega a detener? Europa no propone nada, porque para proponer algo tiene que haber mucha más cooperación entre sus Estados miembros, pero no sucede. Alemania gobierna en Berlín, Francia se ha convertido en "La Gran Francia", el Reino Unido delira con su pasado victoriano siendo cada vez más antieuropeísta y España cuenta con sesiones en el parlamento cuyas citas y calificaciones personales tienen tanto glamour como una telenovela mexicana de bajo presupuesto y una clase política, en su gran mayoría, tan sobria como una encerrada de gallos de pelea. A diferencia de China, que está siendo gobernada de forma razonable y con sentido del largo plazo. Es una economía de mercado con un sistema político centralizado, un caso único. Aguanta. Y si no les bastase, agachan la cabeza y hacen una reverencia ante Usted, estimado lector.


A pesar de lo anterior, hay que felicitar a los europeos porque se han comprometido en la lucha contra el deterioro del medioambiente. Eso implica que tendrá un crecimiento más sobrio, y los resortes de un crecimiento sobrio y sostenible no son los mismos que los de la sociedad de consumo. Es necesario que la revolución ecológica cree un gran número de puestos de trabajo, como fuentes de empleo alternativas. Nadie puede hacer oídos sordos al hecho de que hasta el año 2030 la población activa en la Unión Europea disminuirá en veinte millones de habitantes y los mayores de sesenta y cinco años aumentarán en cuarenta millones. Tienen pues un problema, si quieren mantener los valores y los logros del Estado de Bienestar. Endeudamiento, crecimiento sobrio y estado de bienestar constituyen el tríangulo de las Bermudas para los países europeos en los próximos años.


Pero lo más cierto y decepcionante para una humanidad en ascuas es que de la noche a la mañana no se pueden borrar los intereses nacionales. El conjunto de la bandera azul con estrellas amarillas llega al G-20 con más proyectos nacionales fragmentados que comunitarios, no ha conseguido un espíritu de auténtica cooperación, que es justamente lo que les permite maximizar su ventaja colectiva. Cada uno ha barrido para casa, sumando distintos programas que juntos arriba de una mesa se vuelven obsoletos, como acabamos de ver todos en Copenhagen ante la consternación mundial. Sin cooperación no hay integración, por ende la Unión Europea, ahora mismo, carece de un punto de vista unificado y de instrumentos económicos adecuados para trabajar por un gobierno planetario. Muchos estados alaban su propia labor diciendo que han desempeñado la función de bomberos. Hay bomberos señores, pero no arquitectos. Europa todavía no ha escogido seriamente entre la supervivencia o el declive, mientras progresan China, India, México, Sudáfrica o Brasil. Para ser más pragmático, hoy proliferan los líderes débiles, enfermos de nacionalismo estrecho, porque la crisis económica, como un espejo, es también del modelo de crecimiento, basado en la adquisición de riquezas, endeudándose más que en las rentas, y desde luego, again, en una orwelliana crisis de valores, los básicos. Ninguno se atreve a decirlo y todos se niegan a aceptarlo con humildad. Así no se puede avanzar, es inviable desde cualquier punto de vista que se le quiera mirar. De fenicios. Los líderes se refugian en las raíces, vuelven a los egoísmos nacionales para justificar ante sus ciudadanos las medidas a corto plazo. Todos dicen que han ganado en las cumbres frente a los demás y encima a los pocos días tienen el poco elegante descaro al reclamarse partidarios de una Europa fraternal. Los medios de comunicación se apuntan al corto plazo, olvidan la tragedia del día anterior lo que aboca al trastorno de la jerarquía, de lo que es importante, de lo que es grave, lo que concierne a nuestra existencia, a nuestra moral y a nuestra dignidad. Es abrumador. El tren se ha descarrilado, es lógico que nadie crea en nada. ¿ Mandela ?... ¿ Quién es Mandela ?


Los gobiernos... los respetados y santos gobiernos. No han querido equilibrar la política monetaria, el euro, con la política económica. Eso habría expandido el espíritu integrador. Habrían podido mostrarse al mundo como un instrumento sólido y ejemplar. Eso permitiría a los europeos reencontrar el optimismo y la opinión pública dejaría de pensar que Europa no protege... pero no. ¡Claro que Europa protege! pero no estimula. No estimula la innovación, ni el crecimiento ni la creación de empleo. Debiera haber una auténtica coordinación de las políticas económicas nacionales, pero nunca han querido hacerla, porque los ministros de finanzas cuando se reúnen, no revelan todos sus programas, no quieren que se les proponga lo que pueden hacer y apenas sale nada. Es un estigma. Por el contrario, es también necesario hacer público que estos viejos países tuvieron el honor y la valentía de abrir sus puertas a sus viejos hermanos del Este después de décadas de regímenes totalitarios tan crueles como los de mi continente. Podrían haberlo hecho mejor, pero a todos los casos lo hicieron. Demostraron que Europa sigue siendo generosa a veces, que comprende a los demás. Los europeos se dijeron que Europa no se define sólo por ellos mismos, sino en relación con los retos de su historia. La incorporación de Grecia, España y Portugal fue un milagro, fueron unos socios perfectos, entusiastas e incitadores. Fue un período magnífico para muchos, al fin y al cabo eso subraya que Europa, que a quién les escribe abrieron las puertas con generosidad, es capaz de hacer grandes cosas. El error fue que no se profundizó, no se modificaron las reglas al mismo tiempo que se ampliaban. Europa es un club con reglas para entrar, pero no para expulsar porque está triunfando la mentalidad de la OCDE, una organización útil, pero que funciona bajo el principio de intergubernamentalidad. Ahora los gobiernos arrinconan el método comunitario, según el cual la comisión desempeña una función clave, el derecho de iniciativa, y el parlamento toma decisiones conjuntas con el consejo. Están amarrados a lo intergubernamental, a los intereses particulares, pero, ¿ Quién se preocupa a diario de los intereses comunes ?, pregunta MR Delors. Eso señores facilita los secuestros de la voluntad mayoritaria común. Para evitarlos ni siquiera habría que cambiar el tratado. Bastaría sólo aplicar la diferenciación. ¿ La clave ? Revalorizar los valores. La crisis de valores consiste en que vivimos en un mundo en el que todo se puede comprar. Los surrealistas defendían los "sueños que el dinero no puede comprar". Hay que volver a soñar querido lector, entre todos volver a encarrilar el tren a las vías férreas con repuestos nuevos, convocar a los mejores artistas del globo para que lo ornamenten y lo dejen visualmente atractivo, subir todos en él, que el dj reviente los altavoces y que comience el "New Europe World Tour". Un par de copas tampoco estaría nada mal. Sería una fiesta de palacio, un acierto por todo lo alto. Los publicistas y asesores tomarán nota, estoy seguro. Es posible gestionar una unión a 32 si lo hiciesen con el método comunitario y ordenando la casa, emprendiendo las reformas necesarias con carácter previo y pasando olímpicamente de opositores, especuladores y desgraciados, que vemos cómo uno a uno cacarean en su parodia y se van inmolando solos ante los ojos de todos. No hace falta mencionarlos ni nombrarlos, sería de mala clase. La alternativa no son los triunviratos en los que sueñan los países grandes, porque los demás no lo aceptarían. La crisis habría sepultado a Europa si no hubiese tenido el estado de bienestar: Es la base de la Unión Europa y la Unión Europa lo refuerza. Y aún es más difícil el compromiso entre el capital y el trabajo, porque desciende la afiliación sindical, los trabajadores están más individualizados. La sociedad no debe aplastar al individuo y el individuo no debe desarrollarse en detrimento de la sociedad. De dos más dos son cuatro, pero para recuperar ese equilibrio es básico evitar el éxtasis del consumo y del mercado, el cortoplacismo; volver a poner sobre el podio a la cordialidad, la reflexión, el tiempo, la comunidad y la solidaridad. ¿ Cuántas personas se han quedado sin tiempo para vivir, reflexionar y realizarse ?, ¿ No le ha sucedido a Usted ? La cifra es aterradora, auspiciada por los medios, inmersos en el cortoplacismo y en el sensacionalismo, jugando a lo instantáneo de las emociones. Necesitamos que nos dejen respirar, pero que tampoco nos permitan ser unos vagos, ni unos parásitos.


Otro miembro del club, el casi sextagenario Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, nos da un buen paseo por nuestras narices. Tanto él como las autoridades políticas, suelen exagerar los riesgos que se ciernen sobre la economía para evitar que esas amenazas se materialicen, en una suerte de guerra preventiva, porque una institución financiera lógica dedicada al desarrollo debe centrarse en no ignorar los riesgos. América Latina se ha mantenido razonablemente bien, aunque México y centroamérica están bajo tensión porque dependen del mercado estadounidense. Europa del Este está en una situación delicadísima, especialmente los países del báltico y otros como Rumania. Otras zonas de penumbra son tanto el peligro asociado al proteccionismo como la ayuda privada en el mundo emergente, a pesar de las ayudas del Fondo Monetario Internacional. La recuperación en los cinco continentes será de baja intensidad durante un tiempo prolongado porque hay mucha capacidad sin utilizar en la industria y el paro va a seguir subiendo. Y ése es un buen caldo de cultivo para políticas populistas y proteccionistas. Entre los países emergentes hay diferencias enormes: China, de nuevo, sorprende al alza; para México y Brasil la principal amenaza es no tener acceso a la financiación. Luego están un buen puñado de países africanos que son Estados frágiles y ven peligrar sus avances. Y hay una crisis alimentaria larvada, que aún no se calma, que no cesa, que es imparable. Para países de rentas medias como Perú o Colombia, que han estado haciendo un buen trabajo, la persistencia de esta crisis durante años tendría un coste social inmenso. En la crisis asiática del noventa y siete todo el mundo se preguntaba si China superaría el escollo y ahora es una de las fuentes de crecimiento global. Cuantas más fuentes tengamos, mejor le irá a la economía mundial. La crisis ha deribado en una gran crisis de desempleo, no revelo nada, y si no tomamos medidas, hay riesgo de que llegue a ser una grave crisis humana y social con implicaciones políticas muy importantes. Un año después de su debacle,China apostó por invertir en infraestructuras, lo que sirvió para crear empleo, pero también para sentar las bases de la productividad y el crecimiento futuro. Si se crean infraestructuras a la vez que promuevan la investigación y el desarrollo tecnológico en formato I+D que pongan a la gente trabajar, ésa puede ser una forma de unir retos de corto plazo con estrategias a largo plazo. ¿ Principal público objetivo señores ?: la clase media, esa masa ridiculizada por poetas y libertinos, idolatrada por moralistas, destinataria de los discursos, como afirma Ramón Muñoz, de políticos, papas, popes y cuantos se suben alguna vez a un púlpito en busca de votantes o adeptos; adulada por anunciantes, recelosa de heterodoxias y huidiza de revoluciones; pilar de familias y comunidades; principal sustento de las haciendas públicas y garantes del famoso Estado de Bienestar. ¿ Cómo describirla ? Quizás, se me ocurre, como aburrida y detestablemente predecible.


La clase media era la accionista de financiación del estado de bienestar, y su desaparición implica la crisis del "welfare state", porque la clase de la masa ya no tiene interés en permitir impuestos elevados como contrapartida política que hay que conceder a la clase obrera, que también se ha visto en buena parte absorbida por la clase de la masa. La sociedad que surge es menos estable, y potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo. El declive de la clase media se extiende por todo el mundo desarrollado. La marcada frontera que la separaba de la exclusión y de los pobres se está derrumbando a golpes cual muro de Berlín, donde salta la interrogante sobre si tal vez la caída del telón de acero no haya marcado el inicio del fin de conquistas sociales y laborales que costaron siglos y ríos de sangre, una vez que el capitalismo se encontró de repente sin enemigos. Pero hablar del fin de la clase media es una afirmación excesivamente simplista que obvia alguno de los grandes avances que ha registrado la sociedad en el largo plazo. Las crisis comienzan perjudicando a los hogares con menores ingresos y nivel formativo, para posteriormente extender sus efectos al resto de los grupos. El modelo de protección social que hemos conocido tiende al "menos-menos-menos-menos" porque ya ha dejado de ser necesario, al igual que lo ha dejado de ser la clase media. Ambos han cumplido su función. La clase media actual fue inventada tras la segunda guerra mundial en un entorno postbélico, con la memoria aún muy fresca de la miseria vivida durante la gran depresión y con una Europa deshecha y cincuenta millones de desplazados y lo más subrayable: con un modelo prometiendo el paraíso desde la otra orilla del Elba. El Estado se metió en la economía, se propició el pleno empleo de los factores productivos, la población se puso a consumir, a ahorrar y apareció la clase media, que empezó a votar lo correcto: una socialdemocracia light y una democracia cristiana conveniente. Para acabar de completar la jugada, esa gente tenía que sentirse segura, de modo que no desease más de lo que se le diese pero de forma que eso fuese mucho en comparación con lo que había tenido: sanidad, pensiones, enseñanza, gasto social y otros que financiaban con sus impuestos y con la pequeña parte que pagaban los ricos, para quienes se inventaron los paraísos fiscales. Todo eso ya no es necesario. Desde el primer tercio de los años noventa la pobreza no ha decrecido y los salarios crecen menos que el Producto Interno Bruto per cápita. La evidencia que muestran varios estudios de organismos internacionales de cierta conexión entre determinadas manifestaciones del desempleo, la desigualdad y la pobreza obligan, inevitablemente, a pensar en un rápido aumento de la desigualdad y de las necesidades sociales. Sin embargo, afirmar a simple vista que por primera vez desde la segunda guerra mundial las nuevas generaciones, la nuestra, vivirán peor que la de nuestros padres puede ser osado. Nunca tantos jóvenes estudiaron en el extranjero, viajaron tanto gracias a las aerolíneas low cost o prolongaron tanto su formación. Pero se trata de una sensación de riqueza ilusoria, apegada al parasitismo familiar. El número de "viejos estudiantes" ha crecido a un ritmo vertiginoso y cuando esos maduros estudiantes se incorporan al mercado laboral les esperan contratos temporales, tal vez para siempre. El porcentaje de personas que tenía un contrato temporal y no podía encontrar uno fijo se incrementa con la edad. Atrapados en la temporalidad de por vida, van desengañándose de encontrar algo mejor a medida que envejecen. Muchos cuando rondan la treintena ya están resignados a su suerte. Desde luego, la generación que menos períodos de adultez va a tener. Ya lo vemos. Un panorama tan sombrío para amplias capas de la población puede sugerir que pronto se vivirán enormes convulsiones sociales... es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grandes algaradas, ante la indiferencia del poder político que lleva sus pasos de baile hacia la política-espectáculo,muy en la línea de las circenses apariciones de un mafioso como Berlusconi o un snob sediento de fama como Sarkozy, cuya vida social y privada tiene más protagonismo en los medios de comunicación oficiales que las medidas que adoptan como responsables de gobierno. La sociedad post-crash será una sociedad de insiders y outsiders, es decir, de quienes son necesarios para generar Producto Interno Bruto y de quienes sean complementarios o innecesarios, en un marco sociolaboral sin beneficios contractuales, baby-boomers resistiéndose a jubilar, contratos temporales de servicios y autónomos sin seguridad. La masa del siglo XXI señores es una forma social figurada no material en el sentido de que no es sencillo ver las concretas manifestaciones políticas o sociales en la calle, al mismo tiempo que es normal identificar conductas o comportamientos masificados. Ésto significa que varios millones de desempleados son hoy menos peligrosos de lo que eran en 1929, porque no hay una ideología política que contextualmente cohesione y aglutine el malestar y la disensión. Es el triunfo del factor de la producción capital, que aparentemente está en crisis, pero que en realidad se aprovecha de la crisis para dar el empujón final a las últimas,y pocas, certezas de los trabajadores. Están jugando con fuego. Si no me creen, paso la palabra a otro del Club de los Caballeros, ghanés, de setenta y un años y ex secretario general de la Organización de Naciones Unidas, don Kofi Annan que les da la última y más aplomante advertencia, y con muchísima preocupación. Según MR Annan, en la guerra fría las grandes potencias tenían sus esferas de influencia, contaban en todo el mundo con dirigentes a los que controlaban o sobre los que tenían una influencia considerable. Además, intervenían en muchas de las guerras civiles que estallaban, asi que, en cierto sentido, podían encender o apagar la situación. Podían controlarla. Hoy se ha convertido en un sálvese quien pueda, y en algunas guerras civiles prolongadas se ven atrocidades impensables. A pesar de que en la actualidad hay menos guerras civiles que hace una o dos décadas, las que sigue habiendo son absoluta y monstruosamente brutales, y no parecemos capaces de controlarlo. Antes con un poco de esfuerzo, contactos y llamadas telefónicas, era posible calmar la situación, apagarla. Ahora, frente a nuestros ojos, nadie tiene ni idea de cómo controlar esos elementos ni tiene la suficiente influencia ni desde dentro ni desde fuera para acabar con el fenómeno. Es decir, en ciertos aspectos, desde el punto de vista geopolítico y de las guerras civiles, la situación es infinitamente más complicada y mucho peor. Existen amenazas nuevas y algunas de las viejas como el fascismo están de vuelta, quizás con más peligro y no sabemos cómo abordarlas, al mismo tiempo de enfrentarnos al problema abrumador y general del cambio climático, que es tal vez lamayor amenaza que nos aguarda y tiene un impacto sobre prácticamente todo lo que hacemos. Con el cambio climático llegan las sequías, las inundaciones, la escasez de alimentos y muchas otras tragedias a las que todavía no sabemos cómo enfrentarnos, en un momento en el que existe una desconfianza absoluta en los líderes, tanto empresariales como políticos sin ser capaces de ponerse en el lugar del hombre de la calle. Cuando una persona corriente necesita ayuda, no puede pagar sus facturas médicas, ni la escolarización de sus hijos, su barrio no tiene agua, le dicen: "No tenemos presupuesto, no tenemos dinero y no podemos ayudarle". De pronto, el sistema financiero y los bancos se ven metidos en un lío y ese mismo Gobierno que no tiene dinero ni presupuesto saca miles de millones, billones, para rescatarlos. El crédito es como la sangre, una vez más... la sangre, que corre por el sistema , cuando no hay crédito, todo el mundo sufre y necesitamos señores que vuelva a correr, pero inténtenselo a explicar al ciudadano al que se le ha dicho que el Gobierno no tiene dinero para el abastecimiento de agua y, sin embargo, si tiene miles de millones para los bancos. Eso debilita la confianza, da la impresión de que el dinero siempre ha estado ahi pero está reservado sólo para los amigos, no para los demás. Algunos políticos se alegran de que los Gobiernos vuelvan a intervenir. Pueden cumplir su papel, pero lo van a cumplir en un momento en el que la población está muy preocupada. Again, el desempleo es alto y sigue subiendo y la gente no cree necesariamente que los Gobiernos estén de su parte. No hay certezas, no hay reglas, no hay seguridades. Se están produciendo grandes cambios que resultan inquietantes para la gente e inquietantes para los líderes. Tal y como lo decía Delors, Annan también lo señala: "Dicen ahá, vamos a luchar por los derechos humanos, vamos a luchar por la democracia, vamos a hacer esto y aquello..." e inmediatamente chocan con intereses económicos y financieros. China tiene tanta influencia económica que, cuando uno está en esa situación, habla con los chinos de forma distinta que si la situación fuera otra, y la cuestión de la pureza y la claridad moral que esperan sus partidarios y otros se difumina. En estos momentos, los chinos no están preparados para oír lecciones, de nadie, absolutamente de nadie.


La política actual ha cambiado, en 180º debido a la instantaneidad de la televisión e internet, donde los líderes están constantemente siendo evaluados y criticados, en donde es fácil movilizar a la gente a favor o en contra de alguien, lo que por sentido común haga que los líderes se vuelvan precavidos, como una bailarina de danza clásica que baila en una fragilísima pista de cristal que sabe, puede en cualquier instante destrozarse y caer al vacío, enviarla a los mismos infiernos contra su propia voluntad. Así no hay quién pueda bailar el Lago de los Cisnes. Así no hay quién viva señores. Son seres humanos también, no lo olviden. Por eso ahora los líderes leen y no dirigen. Leen las encuestas en vez de gobernar y luego sus asesores les llevan cosas y dicen: "¿ Ha visto esto ?, ¿ Sabe lo que está haciéndonos a nosotros, al partido ?... un teatro del absurdo. El ser humano también es absolutamente predecible, no sólo las clases medias. Tampoco lo olviden. Gente miserable hay en todas partes, en cualquier nivel, en todas las esferas. El fenómeno Obama ha sido asombroso. La idea que está dando las bloqueadas es que por la fuerza se arregla todo. Irak, Afganistán y en cierta medida Pakistán, están demostrándolo. Bush fue a esos países convencido de que iba a ser muy fácil resolver la situación por la fuerza. Y los que intentaron disuadirle, como Annan, recibieron críticas despiadadas. Después la prensa los linchó públicamente, los estigmatizó de incapaces en vez de defenderlos... y se inició la masacre. Miles de hombres desmembrados, mujeres violadas y niños asesinados. Cargarán con esa mochila el resto de su historia. La prensa jamás debió de haber permitido ni aceptado esa matanza que aún continúa. Ahora la cubre, pero no interviene, no se molestan. No tiene perdón. Espero que los directores de los periódicos más importantes del mundo miren a sus propios hijos y puedan dormir en paz, honestamente. Volviendo a Obama, entra con su mensaje de campaña: "Quiero trabajar con otros, escuchar, creo en el multilateralismo, la única forma de avanzar, hemos perdido el respeto por los demás y necesitamos recuperarlo y tener respeto nosotros también". Todo eso encontró eco, se alegraron de tener un cambio, de dar una oportunidad a Obama. Pero cuando uno empieza con dos guerras y una recesión económica, en un país en el que cuarenta millones de personas no tienen atención sanitaria, y quiere hacer algo al respecto, no lo tiene fácil. Deberíamos ayudarle entre todos, en especial la prensa, reduciendo esas expectativas. Créanme, volverán a recuperar lectores. Pero el hecho de que consiguiera todo ese apoyo e impulsara a los jóvenes es un indicio de que existe un anhelo de tener un buen liderazgo, porque la gente quiere que le lleven en la buena dirección. Existe una necesidad mundial y deseo verdadero de que tenga éxito, porque si no lo tiene, la próxima vez, el péndulo oscilará en otro sentido, y aquello, para los que crean en la biblia, les reafirmará que el apóstol autor del apocalipsis, no decía chorradas. Estados Unidos hablaba de un mundo unipolar, pero el mundo era multipolar. China decía que era un polo, Rusia decía que era un polo,India y la Unión Europea, es decir estimado lector, el comportamiento de cada uno es un reflejo de cómo ve el mundo y dónde se sitúa. Si uno cree que es el único elefante en la sala, se dedica a avasallar, pero si hay otros capaces de controlarle, se comportará con arreglo a eso, viviendo en un mundo en el que hay tantos centros de poder que hasta Estados Unidos ha tenido que reconocerlo. Aspirar a tener una personalidad que trascienda todos los polos, un Nelson Mandela de dimensión mundial, es hoy prácticamente imposible, sobre todo con los sistemas de comunicaciones de que disponemos. Es verdaderamente delicado, y se ve en la relación de Europa con Rusia, en la que los europeos necesitan el gas y el petróleo rusos y que tienen que tratar con uno como Putin, un tipo que juega duro. Tal vez haya cosas que les digan a los rusos en privado, pero no les van a dar lecciones en público. El liderazgo no tiene necesariamente que ser algo de dimensión o trascendencia mundial señores. Si un dirigente gobierna en su propio país, se ocupa del bienestar de su pueblo, ofrece claridad moral y sabe guiar, otros reaccionarán en consecuencia. En las áreas creativas funcionamos así, bajo esa fórmula y no nos va nada mal, se hacen tangibles cosas notables. Quizás como dice el querido Bernard-Henry Lévy, llevando una especie de doble vida: de día con los poderosos, los príncipes de los gentiles; de noche, con las sombras, los fantasmas, los niños que nunca crecieron, las almas escapadas del limbo. Eso te permite actual como los primeros sabiendo exactamente como piensan los segundos. Una técnica que da mucha claridad, que amplía el panorama. Buena herramienta para permitir moverse en la institucionalidad, en el centro pero teniendo en cuenta lo que sucede en la calle. Así pueden fabricarse proyectos que puedan transformarse en fenómenos de avance, y posteriormente, en ejemplos internacionales. Mandela no se propuso gobernar el mundo. Se propuso ocuparse de su entorno, intentar liberar a su pueblo y adoptar un principio de perdón y reconciliación que fue una gran lección para la gente de todo el mundo. Es lógico que si se tiene un líder que se comporta así en su propio país y destaca, la gente reacciona. Se debe tener un enfoque pragmático de la resolución de problemas. Si hay un problema, hay que discutirlo, hablar, hablar y hablar hasta encontrar una solución. Diálogo,paciencia, la capacidad de perdonar, pero también reglamentando sus límites, porque también tiene un lado negativo. Ser demasiado paciente, perdonar con demasiada facilidad y aceptar demasiadas cosas, es una cosa que, a veces, explotan aspirantes a dictadores que se apoderan del país y consiguen hacer demasiadas cosas sin que se les pidan cuentas, aprovechándose de la paciencia y la buena voluntad de la gente. Si los líderes han sido corruptos, si han robado las arcas nacionales, hay que pedirles cuentas. Hay que fijar límites en algún punto. Mi continente ha sido ejemplo claro de esa pandemia. Es preciso ejercer un juicio perspicaz, una simple cuestión de saber cuál es el orden de las cosas. No es posible tener justicia sin paz ni es posible tener paz sin justicia, pero la cuestión y otro gran tema es en qué orden tienen que darse las cosas. La mayoría de la gente diría que primero hay que acabar con las muertes y entonces buscar justicia, que es lo que ocurrió en Yugoslavia, con Milosevic y Karadjic. Otros, dicen que a veces, hay que utilizar la justicia como un freno para advertir a la gente de que debe dejar de matar. Cada crisis es distinta, porque cada pueblo es distinto y hay que tener sensibilidad para ver las implicaciones específicas y particularidades de cada crisis concreta y tomar una decisión, la más adecuada, pensando en cuál es la mayor necesidad del pueblo en cuestión, con determinación ante tanto cinismo, tanta crueldad, tanta codicia, en el ceno de una humanidad que se pregunta a sí misma el por qué molestarse, al mismo tiempo que hace sangrar sus manos por la fuerza con que aprieta y sujeta egoísta y desesperadamente esa rama que evite caer acantilado abajo, al abismo y destrozarse los huesos en las rocas, y en donde sólo los locos como las cabras de motaña tienen más posibilidades de sobrevivir, porque ya conocen el terreno e instintivamente pueden saltar de roca en roca. Notable. Se trata de convertirse en buenos ciudadanos globales que por propia autoconvicción digan basta, no lo aguantamos más. A quienes son objeto de acoso o intimidaciones, eso les da el valor y la fuerza necesaria para seguir luchando, con la actitud de que, si puedo ayudar a una persona, estoy haciendo algo importante: un caballero... de los que ya no quedan. MR Delors, MR Zoellick y MR Annan son ya miembros eméritos del club, como otros cuantos. Se abre de nuevo la convocatoria, la membresía es gratuita y las plazas, créanme, son muchísimas. Con la cautela de recordar que es una ilusión pensar que un país puede afrontar por libre los retos globales de hoy, tendrán preferencia quienes den menos abrazos y dejen más espacio para que otros se apunten sus logros, negociados a menudo lejos de los focos y que eso, haga reír al resto, y por supuesto, a ellos mismos. Será el club más exclusivo del planeta, y el que verdaderamente quiera, muy bienvenido. A por unas copas. No es tan difícil. La alfombra roja la pago yo, y si no tengo el dinero para comprarla o alquilarla, pido un préstamo. Será un placer. No aspiro a nada más, sabiendo, por supuesto, que ellos jamás aceptarán. Entre una alfombra y una velada con buen vino, la elección no se adivina, se da por sentada. Por algo son miembros del club. Sea Usted, querido lector, muy bienvenido. Se va a reír, y eso, créame, no tiene precio, porque supera al lujo.

1 comentario:

Fredrik J. dijo...

Estoy de acuerdo contigo, sin embargo me gustaría añadir una cosa. Primero, te cito: "La mejora de estos países requiere tecnología avanzada, que permita utilizar menos agua y obtener mejores resultados". Eso sí, pero hay una solucion más primitivo y más fazil que nadie se atreve a pronunciar porque es una cosa tan sagrada: La carne!

Ya te digo, cada kilogramo de carne producida ha necesitado 1000 litros de agua y otros 100 de alimentos vegetales. La agricultura es más eficaz así que necesita 16 veces menos tierra que la producción de carne vacuna, o sea podriamos alimentar 16 personas más con la agricultura. La relación del cerdo es 6:1, el pavo 4:1 y la gallina 3:1.
La deforestación de Amazonas es gran parte debido a dedicar sus zonas para el ganado vacuno, que luego se vende como hamburguesas en restaurantes americanos multinacionales. La indústria de carne afecta los países mas pobres en otras maneras también, por ejemplo Guatemala exporta carne, subsidiada por el gobierno estadounidense, mientras una gran parte de la población padece hambre y desnutrición. De hecho el mundo produce alimentos de sobra, pero ellos no fluyen en la dirección de las necesidades sino en la de la demanda.

No voy a profundizar en el hecho de que la indústria de carne maltrata a los animales para que la carne sea barata. Basta decir que se les medica en exceso, se separa las crías de las madres y se transporta en condiciones poco saludables para los animales.

Como dije antes, eso es una cosa que no se puede decir porque la carne es tan sagrada. La gente puede reciclar, dar dinero a los pobres, comprar comida ecolóciga...pero, - No toques mi carne!!!

Un cordial saludo,
Fredrik