8.6.10

OBRAS MAESTRAS

Imágen::MAGNOLIA PICTURES © NYC::

El domingo me fui al cine, solo. Necesitaba desconectar de todo. "Io sonno l´amore" del director palermitano Luca Guadagnino fue la elegida. Opción única si detrás estaba la gran Tilda [Swinton] en el personaje principal. La fila en la taquilla era interminable, pero no para esa pieza cinematográfica, sino para la segunda entrega de "Sex on the City". Cuando entré en la sala sólo nueve personas ocupaban los asientos. Daba en el clavo Eugenia con su artículo "Carrie Bradshaw ha muerto". Toda la razón. Un grupo de mujeres cual ganado agotaron la taquilla y sudaban encerradas como sardinas al aceite en la sala contigüa para desahogar sus penas y rebosar heroísmo con el cuarteto neoyorkino. La real muerte en vida. Recordé las palabras de Jaime Sierra una semana atrás, cuando afirmaba que no se puede vivir sin miedo. Puede que el miedo tenga mala prensa, pero es un sistema extraordinario para medir lo que hay. Ahí estaban, frente a mí, esa masa de mujeres masticando idiotez. Congratulations ladies. El único miedo que no se debía tener, que en el transcurso de las dos horas siguientes Swinton y Guadagnino me reafirmaron como una hostia, o que nunca debía amedrentar, era el miedo a vivir, que es el único imperdonable. El miedo a vivir no sólo es estéril para nuestra seguridad física, sino que nos mata en vida, nos convierte en muertos vivientes. Quizás creamos que el muerto andante no existe, pero basta mirar alrededor con detenimiento para encontrar alguno, incluso a sentirnos rodeados por ellos... pasó el domingo, fulminantemente. Según el mito urbano, con el último aliento se nos proyectará un cortometraje documental de nuestra propia vida. Salí de ahí un poco consternado. Si eso ocurriese ahora mismo, ¿ Se trataría de una comedia o un drama ?, ¿ Cine de acción o costumbrista ?... ¿ Con qué sabor en la boca nos iríamos al otro barrio ? Si ese rebaño de mujeres hubiesen estado realmente interesadas por saber lo que es el glamour y saberse glamourosas, ya les digo que perdieron tiempo y dinero. El tema estaba al lado. Se equivocaron de sala. Eso era moda pura y dura, sin espacio para el debate ni la relativización. De eso trata. El mismo Luca se basó en la obra de MR Thomas Mann "Los Buddenbrook" para un ir una historia de amor con el concepto de papel social, con los códigos que tiene una persona dentro de un grupo, en este caso la alta burguesía, que los que trabajamos en esto ya sabemos, lamentablemente, como es: esencialmente aburrida, repetitiva y previsible, cada vez más incapaz de proyectar el concepto de culto a la belleza, un punto de contacto con muchas familias reales, ordinarias, con sus vicios y sus modos. Si hablamos directamente de moda, sin tapujos ni etiquetas, rozando el punto de lo borde, su modo de vestirse es idéntico, utilizan la ropa como símbolo que puede aducir distancia, crear inferioridad en el otro y asimismo, hay una involuntaria incapacidad de expresar un punto de vista personal. Náuticos, polos, relojes que parecen radios a pila y otra basta lista de, discúlpenme la expresión, gilipolleces para blindar su sentimiento de final inseguridad. Lo que a este hombre le interesaba, y lo hace de forma magistral, era ver qué había debajo de ese uniforme, encontrar el común del escorzo, de la base, de esa gente desde un punto de vista social y su capacidad o incapacidad para que de ahí emerja el individuo. Y lo logró, mostrando que los individuos son infelices sólo en el momento en que se dan cuenta de que lo son. Y no hablamos de ficción. Las acciones que realizan son acciones puras, pero cuando se miran y se ven, cuando descubren su reflejo, surge histriónicamente en ellos la infelicidad... pero hay muchos que no lo descubren y están muy contentos con ellos mismos caballeros. La alta burguesía es una clase irrelevante hoy, pero posee un poder como de último coletazo de un animal moribundo que puede tener unas consecuencias desastrosas, dantescas. Y es así. Por eso Guadagnino hizo esa película de personajes tan irrelevantes, porque es una buena indicación de un significado político, que no es más que poner de manifiesto que el ser está absolutamente capacitado para escuchar al propio yo y para rechazar el papel que no nazca de lo que le diga su propio mundo interior. Concuerdo con él en la idea de lo que decía Zizek, que el verdadero amor es la capacidad de encontrar la rosa de lo sublime en la cruz de la vulgaridad de cada día o consiste en la capacidad de practicar la utopía... eso es elegancia.


En la película el sexo es alagador, una salvaje poesía, pero quiero seguir con la muerte, otro tema de la ópera prima. En esto me valgo de Moisés [Naím]. La necrofilia es la atracción sexual por cadáveres. Por su parte, la necrofilia ideológica es el amor ciego por ideas muertas. Resulta que esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual. Encienda su televisor y ya no verá al cuarteto de la gran manzana en Abu Dhabi, pero seguro verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado, o defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado manifestada con evidencias incontrovertibles. En eso no falla el sexo, ni en Nueva York ni en ningún otro sitio. Hay "líderes" que veneran ideas económicas que ya se probaron en sus propios países con trágicas secuelas de atraso, miseria y corrupción. En Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, por nombrar sólo algunos, es de dominio público que los funcionarios bien formados y capaces de desempeñar su trabajo con eficiencia y honestidad son muy escasos. Sin embargo señores, los presidentes de esos países están profundamente enamorados de un modelo que supone la existencia de una superabundancia de empleados públicos probos y competentes. Y cada vez que nacionalizan empresas, las ponen en manos de burócratas que no tienen ni las más remota idea de como gestionarlas y que las acaban haciendo naufragar, alimentando el círculo de destrucción de riqueza y pobreza crónica. Su amor por ideas muertas es más poderoso que las pruebas que les llegan a diario de cómo ese amor le está haciendo daño a su propio país. La necrofilia ideológica no sólo afecta a las izquierdas. También es fácil encontrarlas entre los fundamentalistas del libre mercado. Ni siquiera el cataclismo económico que estamos viviendo les hace cuestionar su convicción de que los mercados son eficientes, tienden naturalmente al equilibrio y que por ello, la intervención de los Gobiernos para estabilizar las economías es innecesario o contraproducente; o que los bancos pueden autorregularse y no requieren de mayor control estatal o que, por sí solo, el mercado generará los incentivos necesarios para proteger el medio ambiente. La economía tampoco es el único terreno fértil para la necrofilia ideológica. Basta mencionar a los responsables que niegan la validez de la teoría de la evolución biológica y luchan por limitar la enseñanza del darwinismo en las escuelas, o a los defensores de la mutilación genital femenina o el uso del burka para apreciar cuán esparcida e intensa es la pasión por ciertas ideas de dudosa valía... Quizás es cosa del sexo... o a lo mejor sea lo contrario: su ausencia. Quién sabe. Todos necesitamos escapes. Lo único cierto, ya no en la gran pantalla, sino en nuestra más corpórea realidad, aquí y ahora en términos generales, es que las causas de la desafección pueden resumirse en dos grandes grupos: las de carácter transversal presentes en la mayoría de las democracias, y las de carácter local vinculadas a casa sistema político concreto, bien explicado por MR Ferrán Requejo. Entre las causas transversales suelen observarse la incapacidad de los Gobiernos locales para combatir los efectos negativos de la globalización económica y tecnológica; la falta de capacidad y de reflejos de los partidos para formular proyectos realmente transformadores y que den respuestas a las demandas contradictorias en sociedades que son mucho más complejas que las de sólo cuatro décadas; la mayor y más inmediata información de acontecimientos negativos propiciados por la globalización de las nuevas tecnologías; la inevitable simplificación de los discursos por motivos mediáticos de contracción del tiempo que provoca una infantilización retórica de la comunicación política; la tendencia hacia modelos individualistas centrados en el consumo combinados con la pasividad social que socavan valores comunitarios. Por su parte, entre las causas locales de nuestro sistema destacan las vinculadas al bajo nivel de la discusión política entre partidos centrada en la crítica y desgaste del adversario y por supuesto, en la obtención del poder como una finalidad en sí misma; los casos de corrupción incluidos los relacionados con la financiación de los partidos; el estigma de una cultura política primaria y poco pluralista en términos liberal-democráticos y nacionales; instituciones judiciales ineficientes que son con frecuencia el hazmerreír de la política comparada; medios de comunicación que priorizan e incentivan el fuego cruzado de meras declaraciones entre partidos y dirigentes por encima del periodismo de investigación y de análisis en profundidad; la poca o nula voluntad política de los partidos para captar talento de la sociedad, deficiencia que hace que en bastantes casos, cada vez en mayor aumento caballeros, la élite política esté por debajo de la élite empresarial, cultural o de investigación... lo ven, ¿no? No hay que ser muy diestro.


Hacen falta reformas tanto en las democracias como a escala política global para reducir la creciente brecha entre instituciones y ciudadanía. El mundo se globaliza en términos económicos y tecnológicos, pero la política lo hace mucho menos. Prácticamente nadie está fabricando bases sólidas e incuestionables para poner en práctica respuestas políticas globales. Mientras Estados Unidos y los países del G-8 están perdiendo la oportunidad de crear una sociedad internacional definida en sus propios términos, la Unión Europea actual se parece a los físicos termondinámicos y a los ministros de interior en el sentido que se exitan extraordinariamente, como en un espectacular clímax, cuando no pasa nada... No estamos aún frente a una crisis global, pero se está perdiendo un tiempo precioso. Es preciso que las nuevas altas burguesías, no las irrelevantes presentadas por Guadagnino, o quizás también, empiecen a remover el gallinero. Coger el martillo y empezar a golpear con todas las fuerzas el acero para darle forma al mundo, al nuevo, al que necesitamos todos, con desesperación. Para eso hay que enfrentarse cara a cara, sin miedos al problema más agudo, debido en parte a la sobreprotección financiera, electoral y legal de que fueron objeto los partidos cuando apenas existían y se estableció la democracia, porque al cabo del tiempo, esa sobreprotección ha consolidado el monopolio de la acción política por unas pocas decenas de personas. Los generosos subsidios, como bien claro dice Josep Colomer, y la ausencia de efectivo control de las donaciones privadas, así como la garantía de acceso a los medios públicos de comunicación, han convertido a los tradicionales afiliados voluntarios en innecesarios e incluso en un estorbo para los políticos profesionales. Las listas electorales cerradas descartan la competición entre potenciales candidatos, la representación personalizada y los intercambios con los ciudadanos. Monopolizan los parlamentos y los Gobiernos, pero también controlan la administración pública, la justicia y las empresas privatizadas. Los medios de comunicación, la cultura y los movimientos sociales son asimismo objeto de reiterados intentos de partidización... aquí cometieron su más garrafal error... al arte no lo controla nadie. Absolutamente nadie, y ahí doy un puñetazo en la mesa. DON´T FUCK WHIT US. Si les suena a fantasía o a imaginaciones mías, les pongo sobre la mesa, con la mayor delicadeza que me sea posible, la simple imágen disparada por MR Paul Hanna hace sólo una semana, aquella donde asistentes del juez Garzón retiran los cuadros de su despacho de la Audiencia Nacional tras haber sido suspendido cautelarmente. Como narra MR Juan José Millás, ese es el pié aséptico. Una simple reproducción del "Guernica" del por estos días resucitado Pablo Picasso en las mejores galerías y museos del mundo... el Guernica entró en España poco a poco y de manera clandestina, escondido en el fondo de las maletas, camuflado entre las páginas de los periódicos, oculto entre láminas de las virgen o reproducciones de cuadros religiosos. Estaba prohibido como la coca, la heroína y el opio. Durante esos años hubo una marea subterránea de Guernicas, indetectable si venían en barco, avión, tren o automóvil, pero fluían a millares por debajo de la realidad, como las agüas subterráneas. Entrabas a casa de un vecino a por una taza de azúcar y lo descubrías en la pared del salón en la que en otros tiempos era obligatorio un cuadro de "La Última Cena". Esa imágen de Picasso hizo las veces de contraseña cómplice que en los tiempos de los primeros cristianos se encomendó a la figura del pez. Donde veían el Guernica caballeros, respiraban con alivio antifranquista. Te encontrabas en territorio amigo. Un símbolo, diametralmente opuesto a náuticos, polos, relojes o los Manolo Blahnik del cuarteto de Nueva York. Cuando entró a España el original, a una nación entera se le recogió el corazón con un nudo en la garganta, recibido como si con él entrara algo más que una obra de arte. Verlo salir del despacho de Garzón como muestra esa foto de MR Hanna, ha vuelto a apretar la garganta al país completo. MR Guadagnino, MR Picasso: Muchísimas gracias. Nos están volviendo a la vida. Les estaremos eternamente agradecidos... obras maestras.


1 comentario:

Nola Pineda dijo...

La próxima vez que acudas al cine solo... por favor, avísame. Prometo no hablar. Sólo escuchar-te.
Gracias.