20.8.11

LA OSCURIDAD DE CHANEL


Image::MS EDMONDE CHARLES-ROUX © NEUILLY-SUR-SEINE::


No son buenos tiempos para el directorio de la casa Chanel. Explotó una bomba, y corrió más rápido que la pólvora, pero estaba advertido. Todo el mundo lo sabía. Si hace un tiempo, por unos simples dichos de borracho John Galliano fue expulsado sin derecho a réplicas por parte de la casa Dior y de su propia enseña, era por algo. La brutalidad con la que fue sacado de filas y violentado públicamente por los medios de comunicación en una verdadera caza de brujas por su supuesto antisemitismo, fue simplemente porque Dior, y todo París, sabían quién era Hal Vaughan, y las investigaciones que estaba documentando. Lo que se traía entre manos. Era el secreto a voces. El pasado viernes salió a la luz pública “Sleeping with the Enemy”, el thriller de suspenso narrativo sobre el cerebro de una de las casas emblema de Francia: Gabrielle Bonheur Chanel, alias Coco Chanel. La competencia no se iba a arriesgar.



La casa tiembla ante los efectos que la publicación pueda ejercer sobre el ejercicio económico a corto y mediano plazo, al revelar con documentación fidedigna y análisis de archivos en el Reino Unido, Alemania y Francia la conexión de la modista gala con los nazis, porque fue más que una simple simpatizante con Hitler. Era una agente numerada [F-7124], de alias “Wesminster” que trabajaba para la Abwehr, la agencia de inteligencia militar alemana. El mismo día que el libro salió a la venta en Estados Unidos, la enseña emitió un comunicado desmintiendo el antisemitismo de su fundadora, pero no su participación. Sus propietarios, judíos, no han querido hacer declaraciones al respecto sumiéndose en el mutismo. Y pasa caballeros que “Sleeping with the Enemy” no está escrito por un simple periodista sensacionalista o biógrafo del montón. Se trata de Hal Vaugham, periodista, corresponsal y productor de cine documental con una carrera desde 1957 en Europa, Oriente Medio y el sudeste asiático. Involucrado en operaciones de la CIA y que ha servido como portavoz de las delegaciones de negociación de Estados Unidos del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares, el desarme, la Ronda Kennedy de acuerdos comerciales y la conferencia internacional de Ginebra para la paz en Laos. Hal es autor de “Doctor de la Resistencia”, la heroica historia real de un cirujano estadounidense y su familia en el París ocupado por los nazis y también de “Apóstoles de FDR 12”, los espías que allanaron el camino para la invasión del norte de África.



Así ha sucedido. Los medios de todo el mundo han cubierto la publicación del libro, y París arde, junto con la industria de la moda, una de las principales banderas de su marca país. Lagerfeld, como Director Creativo de la enseña y como alemán, no debe saber qué decir. Cocó Chanel fue un orgullo para Francia, creó la aparición de la mujer moderna y fue la gran sacerdotisa de la costura. Creía en la simplicidad y la elegancia; liberó a las mujeres del corsé y las incentivó a que se cortaran el pelo… usó una camiseta ordinaria como tela de alta costura, elevó la cintura y creó los pantalones de campana, las gabardinas y el jersey de cuello alto. En la década de 1920 esa mujer llegó a emplear a más de dos mil personas en sus talleres y llegó a crear un imperio amasando para la época una fortuna personal de quince millones de dólares. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cerró su casa de alta costura y cruzó la calle para vivir en el hotel Ritz, donde viviría durante toda la guerra para después mudarse a Suiza. Según Cocteau, con una cabeza de “cisne negro” y según Colette con “el corazón de un toro negro”, Coco Chanel es desvestida entre los años 1941 a 1954 donde ninguno de sus biógrafos han dicho una palabra, etapa envuelta en la vaguedad y el rumor, el misterio y el mito. Hasta hoy. Vaughan hace un retrato completo uniendo las piezas de esos años ocultos de su vida desde la ocupación nazi de París a las secuelas de la Segunda Guerra. Revela la extensa verdad del susurro de Chanel como colaboradora de altos funcionarios de Hitler desde el 1940 hasta 1944, su relación de décadas con el barón Hans Günther von Dincklage, un supuesto angloparlante, jugador de tenis, playboy, leal soldado y diplomático alemán sirviendo a su país madre, cuando en realidad se trataba de un espía nazi maestro y agente de la inteligencia militar alemana, que dirigía una red de espionaje en el Mediterráneo y en París, reportando directamente al ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, mano derecha de Hitler.



Hal revela también cómo Coco Chanel se convirtió en una agente de inteligencia alemán, cómo y por qué se alistó en una serie de misiones de espionaje, cómo escapó de ser arrestada en Francia después de la guerra a pesar de sus actividades, cómo huyó a Suiza para un exilio de nueve años con su amante von Dincklage y cómo, a pesar de la apertura por parte de la corte francesa del caso relativo de espionaje, fue capaz de volver a París a los setenta y un años, intocable, triunfante, reinventarse a sí misma y reconstruir su imperio, Chanel, la firma, el ícono. Chanel realizó misiones para el servicio de inteligencia nazi en Madrid y Berlín junto a von Dinklage, algunas en nombre del general de las SS Walter Schellenberg, mano derecha de Himmler. Utilizó su posición de espía nazi para recibir favores como asegurar la liberación de su sobrino de un campo de internamiento militar o arrebatar el control de su marca de perfumes a sus socios judíos, que tuvieron que exiliarse en Estados Unidos durante la guerra. Murió a los setenta y un años en París, como una leyenda de reputación y con su marca que revolucionó el mundo de la moda… queda en la conciencia la pregunta de si sentir admiración por una vida directamente cinematográfica, o directamente correr al baño, agacharse en cuclillas frente al inodoro, y vomitar ante una historia siniestra… otra más. Me pregunto por qué lo hizo… por qué lo hizo así… ¿por amor?, ¿por aventura?, ¿por sed de poder?, ¿por buscar trascendencia después de muerta? Ya era una leyenda, y ella lo sabía, perfectamente bien. No tenía la necesidad. Esa mujer era el árbitro de todas las mujeres del mundo, tenía una fortuna, también, según el comunicado de la casa, amigos judíos. Se metió en un buen lío. ¿Habrá pensado Gabrielle que podía ir más allá, manejar los hilos del poder y ser partícipe de las decisiones que rigieron la historia de su época? Quedan esas preguntas abiertas, que no podrá responder ningún biógrafo, ni periodista. Sólo queda la certeza de que fue partícipe de un genocidio que asesinó cientos de miles de personas inocentes, y en nuestra contemporaneidad, resulta simplemente inaceptable. Y eso tendrá repercusión. Y tiene que ser así, por simple orden de las cosas, independientemente a su talento. Mientras que el antiguo juego de poder buscaba la protección de los intereses propios sin preocuparse por los de los demás, la sobreexposición obliga a la reciprocidad de los riesgos, el desarrollo de los métodos cooperativos y el reparto de información y estrategias, a lo mejor, en un horizonte estratégico que la humanidad debe perseguir hoy con toda su energía. A lo mejor, lo que acaba de suceder aquí. Que salga a la luz pública esta historia, cautivante a la vez que siniestra, debe servir para darnos cuenta y aprender que el poder debe concebirse, quizá, en un mundo que está más conformado por el bien común [o el mal común] que por el interés personal o el interés nacional. No desaparecieron, por supuesto, pero están demostrando [como esta historia] ser insostenibles fuera de un marco capaz de abordar las amenazas y oportunidades comunes. Suerte para la firma… la va a necesitar. Y Galliano caballeros, sólo estaba con problemas.... y borracho… gracias a Hal, ha confirmado lo que es, y lo que fue… nada más.




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