14.3.12

LA ERA DE LA MALDAD

Image::MR KOEN WESSING PHOTOGRAPHER © AMSTERDAM::


¿Se ha preguntado Usted en qué época vivimos?, ¿Es consciente, a ratos, o en realidad a diario, que vivimos en la era de la maldad más endógena que probablemente le haya tocado vivir a la humanidad en toda su historia? Es abrumador. No sólo se repiten los horrores de la guerra, la hambruna y la miseria, sino que más preocupante aún, parece multiplicarse gracias a una raza de mamíferos que en la desgracia de poder pensar, pretenden más que nunca y por todas las vías que les sea posible, sin escrúpulos, ponerse a la par de algún dios [si es que existiese] e incluso de forma más surrealista, creer que tiene el poder de desafiar y controlar a la propia naturaleza, en este mundo y fuera de él, lo que aún no conoce… en el afán de progreso y enriquecimiento, han arrasado de un plumazo la fantasía que ilusionaba ese mismo progreso por ahí por la época de nuestros padres y abuelos. Asimismo, aquellos que nunca tuvieron en la agenda de sus vidas esas palabras, ilusión y progreso, ahora parece ampliarse más aún aquella brecha que condenará sus vidas hasta el último de sus días, gracias a una explosión de guerras civiles que ni el primer mundo es capaz de apaciguar.



Putin vuelve a ganar las elecciones rusas en el perfume de un fraude electoral y días después come y ríe junto a un mafioso como Silvio Berlusconi en un centro invernal, como si de una burla en la cara a las masas y el resto del mundo se tratase; Obama autoriza a modo de ley marcial el asesinato de cualquier persona, en cualquier parte del globo por parte de sus servicios de inteligencia si representa un peligro para los intereses norteamericanos, al mismo tiempo que agacha la cabeza ante el lobby judío respecto a la intervención militar en Irán; Naciones Unidas es incapaz de tener una sola voz en relación a Siria, mientras el asesinato indiscriminado de la población suma ya una montaña de cadáveres que sigue creciendo a una rapidez insolente. Hasta el último político de respetabilidad mundial que quedaba con la capacidad suficiente para apagar el incendio [Kofi Annan] debió retirarse de ahí con el más grande fracaso a sus espaldas, en una reafirmación que ni siquiera la diplomacia es capaz de detener las matanzas de nuestro tiempo. Sarkozy en Francia lanza la campaña a su reelección apelando a los más grotescos discursos que en el pasado fueron caldo de cultivo para el nacimiento del fascismo férreo; China sigue en silencio, como una corriente subterránea alejada de ruidos y diatribas, su plan económico mundial de corte imperialista convirtiéndose en prácticamente dueña de África entera; España vive a diario la aceleración de su propio fin como se conoció ella misma hasta ahora, gracias al descontento social generalizado y una derecha corrupta y ambiciosa en el poder que acaba [y acabará] paulatinamente con el Estado de Bienestar y que, por orden de las cosas, desembocará no en mucho tiempo más en una verdadera explosión, quizás semejante a sus vecinos griegos, fuegos incluidos.



Sudamérica tampoco va mejor. Con gobernantes populistas en el poder, medios de comunicación controlados con puño de acero por ellos mismos y la constante lobotomización de sus sociedades a punta de farándulas de cuarta y tragedias, van vendiendo sus recursos naturales y privatizando todos los servicios y suministros básicos a empresas extranjeras sin la molestia de levantamientos populares ni una oposición lo suficientemente fuerte como para ponerle freno, con el aumento de la corrupción y la violencia. En Chile, de donde ahora os escribo, la situación va siendo cada vez más corrosiva, por no decir insoportable. Con cinco multimillonarios dentro de la lista Forbes [más que ningún otro], dueños [de las principales empresas] del país junto a su séquito de amistades y un discurso ya carente de cualquier tipo de credibilidad para la población, junto con la misma falta de veracidad del resto de todos sus poderes, la paciencia se va acabando. Los estudiantes vuelven a la manifestación contra una policía militarizada, la Patagonia se ha convertido en un campo de batalla y los cacerolazos son pan de cada día. Ha vuelto a la memoria de la población las épocas del trauma llamado dictadura, y la amenaza de su presidente en aplicar la ley de seguridad de Estado ha hecho estallar el odio de la población. En esa impotencia la gente no llega a tomar decisiones lo realmente contundente, como exigir a su parlamento elecciones anticipadas, y no porque no quieran, sino porque al parecer, no supiesen que aquello pudiese hacerse. Eso y mucho más, y por una razón muy simple, que no es más que la falta de educación y cultura de todo un pueblo. ¿Por qué? Porque fue la propia dictadura militar que se aseguró que aquello no pudiese suceder en un futuro, haciendo desaparecer, literalmente, todo atisbo de producción cultural y reglando el acceso a la educación pública y de calidad a un negocio más entre empresas privadas y la banca, encerrando a la población en créditos bancarios desproporcionados que enviarían, disculpen la expresión, a tomar por culo cualquier tipo de posibilidad de perspectivas propias de vida, y con eso, atrapándolos en el crédito de la supervivencia de tiendas por departamento y retail en el más perfecto sistema capitalista norteamericano. Chile fue el conejillo de indias, y salió redondo. Ahora, ante la imagen internacional de país solvente y con sus cuentas en orden, que sí que lo están, no es más que gracias al endeudamiento millonario de hasta el más pobre con algún trabajo mísero a sus espaldas, y no precisamente porque así lo hayan decidido por cuenta propia. Fue la sofisticación de un aparato de relojería.



Volviendo a la cultura, en su caso específico, es decepcionante. ¿Cómo iba a ser posible tener una cultura rica en un sitio como éste, cuando en más de una década los libros fueron quemados en las calles? Como decía un estudiante, la quema de libros recordaba a “Farenheit 451”, que cuenta la historia cuando en Alemania se empezaron a eliminar todos los libros que no fueran de autores del país, porque daban una manera de pensar al público de que todo puede ser mejor, que algo puede cambiar, que ellos no van a vivir mal, no van a vivir tristes. Les están quitando la manera de pensar… y pasa caballeros, para el que me lea, como decía otro estudiante, por más que quemen libros, por más que maten gente, los pensamientos y las ideas van a seguir, no las pueden eliminar. Probablemente por todo esto que os cuento en estas líneas, en esa misma garrafal falta de cultura por aquí, al fin del mundo, seré probablemente tildado de “comunista” por todos aquellos que seguramente ni sepan que el comunismo dejó de existir hace mucho como lo que supuestamente era, porque no podía sostenerse como sistema, aunque por lo que sucede desde aquellos años a principios de los setenta en este sitio, pareciese que no existe posibilidad de punto medio, ¿Por qué? Por todo lo de arriba. Nadie conoce siquiera los países escandinavos y sus sistemas, donde lo importante no es si uno es de derechas o izquierdas, o si uno vota a las derechas o a las izquierdas. No parecen conocer que lo realmente importante es controlar a sus clases políticas, sea de donde sea, y en eso la ciudadanía tiene la primera palabra. Para algo son elegidos. Como el caso de la querida Islandia, donde pusieron frente a los jueces al primer ministro responsable de su estrepitosa caída económica, o el alcalde de su capital, aquel humorista de profesión e independiente elegido masivamente como un voto de castigo para ambos bandos, y lo va a haciendo estupendamente. Son cosas que la prensa internacional no cuenta, claro está. Por aquí, en esta tierra, los artistas, a excepción de los emigrados fuera de sus fronteras, casi no cuentan, a sabiendas de que el poder toda la vida le ha tenido terror a las artes porque puede ridiculizarlo y hasta hacerlo caer, como dice Damien [Hirst], que el arte es mucho más poderoso, hasta políticamente hablando, que el mismísimo dinero. Nadie tiene la capacidad de expresar belleza, horror y dignidad al mismo tiempo en una obra artística, musical, literaria, teatral o cinematográfica sin caer en algún tipo de fundamentalismo… y es triste, qué quieren que les diga. Pero es así. Los artistas se pierden en sus propias megalomanías [y de dudables calidades técnicas muchos de ellos], ayudados por el ninguneo de fondos públicos y la constante clasificación de sus estratos sociales por parte de las galerías [como si aquí existiese algún nobiliario…] en un círculo vicioso que simplemente acaba por hacerlos desaparecer en el olvido, como si fueran las víctimas de la era de la maldad, y en el punto olvidado del mundo. Dependerá de ellos cruzarlo todo, para que los vea el mundo. Si uno pudo, sin un centavo en los bolsillos y con todo en contra, ellos también. Espero, por su país, tengan mucha, muchísima suerte. Nada más.

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