26.6.12

EL MUNDO DE LO COMÚN

 Image::MR PATRICK DEMARCHELIER PHOTOGRAPHER © PARIS::


Decía Pier Paolo Pasolini antes de su aún no aclarado asesinato [atribuido al fascismo mussolinista hace años por la también desaparecida periodista Oriana Falacci] “Puede que lo que crea sea producto de mi incredulidad, y creo en ello porque soy un incrédulo con una creencia”. Podríamos atribuir esa frase al personaje de la hermosa novia vestida de blanco que corre por el campo y luego por las calles de piedra en Lecce con sus profundos y grandes ojos verdes húmedos en busca de su verdadero amor revólver en mano, que después de mucho camino logra dar con él,  tirar el arma al suelo, cogerlo de la mano y seguir corriendo, y formar con él, con la pasión de ambos, un imperio que daría de comer a toda su descendencia, hasta que décadas después, sus nietos decidieran acabar con el imperio para seguir sus propias fantasías, con sus auténticos amores, para seguir con sus pasiones y ser grandes en ellas. La novia, ya convertida en diabética anciana y pragmática abuela, no sólo los apoyaría, sino que los obligaría a hacerlo y atacaría a todo aquel que se interpusiese en el camino de sus nietos, porque se vería reflejada en ellos. Después de lograrlo, se sienta frente al tocador vestida de fiesta con sus mejores galas, se maquilla detenidamente mirándose al espejo, paso a paso, primero los párpados, luego el rubor, después los labios… se perfuma con un elíxir que se expande por toda la habitación con un dulce aroma. Coge sus pendientes y los cuelga de sus lóbulos con cuidado. Lo mismo hace con un precioso collar, anillos y un delicado broche, alhajas que brillan gracias al reflejo del espejo y la luz, que iluminan su cara como las viejas divas del cine con las que creció. Una vez concluido el ritual, se levanta, camina unos metros y se recuesta en su cama, rodeada de suculentos postres. Tortas, chocolates, tartaletas, dulces y golosinas de las mejores pastelerías de la ciudad. Y empieza la fiesta, comiendo esas exquisiteces y sintiendo orgasmos a cada bocado, con cada mordisco, con la delicia de desafiar lo que durante años le han prohibido. Ya lo hizo en su juventud, sus nietos volvían a hacerlo, y ella daría el cierre final, la guinda de la torta… el broche de diamantes, tan espectacular como el que luce en su pecho. La lección final para toda su familia. Y así acaba… como lo que fue y es… como una diva.



Sin lugar a dudas, experiencias como ésta ya no existen, o prácticamente están extintas. Y todo lo que intente llevar ese extremo de ostentación, de divismo, resulta en nuestros días una soberana ordinariez, ¿por qué? Porque no le llega ni a los talones. La gente perdió la clase… ¿Suena duro?... ¿Por qué caballeros? Vicente Verdú decía que en otros momentos de la historia tratar a alguien como “común” sonaba mal. Incluso olía a través de un tufo [diametralmente opuesto al perfume de esa mujer] que nos invitaba a apartarnos. En cambio ahora, es difícil hallar una palabra o un concepto más oportunos para expresar la paz que no tenemos. Frente al amor de lo doméstico, el crimen del vendaval, frente al fuego del hogar, la hoguera exterior flameada de desahucios, de sociedades completas en las calles, desde Israel a Paraguay pasando por Estados Unidos, el mundo árabe, Grecia, España o la misma Italia [tierra de esa mujer]… frente al horror de las actuales diferencias el placer del parecido. La exacerbación y su abigarramiento es hoy el signo viral de la catástrofe. Frente a los tiempos en que el lema más general consistía en lograr ser diferente sea tuneándose, sea consumiendo, ha llegado el momento en que lo más grato, seguro y deseable es guarecerse en los grupos. Cualquier exclusividad se halla hoy muy cerca del delito y no de la identidad, más próxima a la injusticia que al fenómeno del lujo… el sueño de la exclusividad ha sido la gran película del capitalismo de ficción y la realidad de todas las últimas y grandes estafas. Seguramente esa novia de llorosos ojos verdes, como Pasolini o Falacci, os hubiese escupido a los zapatos con desprecio, con asco. Contra superornamentación, el punto del sentido común; contra la descalificación de los pocos la fiesta de formar parte de los muchos mejorados, como ese festín de delicias de repostería. Alabanza a la simplicidad y a la honestidad de los arquitectos cómplices de los ciudadanos y no del maldito poder, amantes de la reunión con gente y no con el trono. A los años de falsificación y despilfarro, a la época de la injusticia y el incremento de las diferencias sociales, sigue ese propósito de regresar a la armonía de la cooperación. Se le conoce como charmé… y está en el mundo de lo común.



¿Qué podemos creer hoy… qué creencia podemos tener como aquella narrada por Pasolini, para correr por el campo y la ciudad vestidos de novia, en tacones por medio de calles de piedra y un arma en la mano para lograrlo cueste lo que cueste, con rebeldía, sin saberlo, alimentando una revolución, con pasión, si como narra Francisco Basterra, el solsticio de verano trae la respuesta de comprobar que el bloque euroatlántico, lo que hemos convenido en llamar Occidente, ya no lleva la batuta mundial? Es todo un cagazo caballeros, de grandes ligas. La presidencia de Obama pasará a la historia por ser la primera que comenzó a admitir el declive de la única superpotencia capaz todavía de ejercer, cada vez con mayor intermitencia, como la bombilla de un burdel, un papel global. Y porque es difícil mantener la preeminencia mundial con una economía que ya no soporta las guerras exteriores y un despliegue militar “urbi et orbi”. Y no lo digo yo. Ya lo dijo hace mucho el británico Paul Kennedy, y muy bien, cómo desaparecieron los imperios históricos cuando no fueron capaces de sostener el coste económico de su grandeza. La América de Obama no ha podido imponer su voluntad en el G-20. Aquello ha sido otro disparate, y encima, público. Primero a Merkel [una vez más], que no quiere escuchar hablar de estímulos asociados a Keyne sin lograr antes una unión política y fiscal de la Unión Europea… tampoco el autócrato y mafioso Putin, que exige ser tratado como líder de una gran potencia y no cede en su apoyo al asesino sirio, El-Asad, impidiendo el reinicio necesario de la relación Washington-Moscú; ni tampoco está Obama en condiciones de dictar conductas a los países emergentes que hasta ahora han aguantado con su crecimiento el desfonde de una recesión global, pero comienzan a tropezar ante la debilidad de Europa y Estados Unidos. Y pasa estimados lectores, que China, Brasil, Rusia, India y México son todavía capaces de reforzar con ochenta y tres mil millones de dólares las arcas del Fondo Monetario Internacional [FMI]. Se anuncia un nuevo equilibrio de poder en las instituciones nacidas tras la última guerra mundial. Latinoamericanos como quien os escribe y asiáticos, antaño víctimas de los drásticos ajustes del FMI, contemplamos hoy cómo nos toca someternos a los pobres europeos… como dice Basterra, el mundo al revés. China, en periodo de renovación de su cúpula dirigente, está amenazada por la corrupción política, el aumento de la contestación ciudadana y un modelo de crecimiento impulsado por el Estado que muestra sus límites y pone en juego la armonía social. La disminución de las importaciones chinas y en contrapartida el descenso de su insaciable apetito de materias primas que la ha llevado a adueñarse prácticamente de África entera, debilita el crecimiento de otra gran potencia como Brasil. India, el otro gigante asiático, la mayor democracia del mundo, frena su crecimiento a la mitad víctima de un Estado decrépito y de unos políticos incapaces [otros más] de realizar las reformas necesarias para sacar de la extrema pobreza a la fría suma de trescientos millones de habitantes… El mundo occidental demuestra su impotencia señores, pero no aparecen alternativas capaces de asumir el relevo. Ya os lo dije hace años. Estamos ante un nuevo paradigma en el que los poderes emergentes no aceptarán la autoridad occidental como hasta ahora, pero tampoco convergerán hacia nuestros valores… un mundo sin centro de gravedad o un guardián global claro que requerirá mas consenso y tolerancia de las diferencias [como decía hace poco tiempo esa mujer mano derecha del recién elegido Hollande], con valores en conflicto y múltiples caminos hacia la modernidad y la prosperidad. El siglo veintiuno no pertenecerá ni a Estados Unidos, ni a China, ni a ningún otro poder. Caminamos hacia un mundo de nadie. Disculpando la expresión, se fue todo a la mierda. Una vez más, le toca el turno a los artistas.



En vista de la gran casa de putas que tenemos al frente, parece que habrá que meter manos en el asunto, sacar de la caja fuerte el revólver y salir a la calle y empezar a intercontinentalizar, porque el tema ya no da para más. Empezarán a despegar y aterrizar aviones, de Europa a América Latina, de Estados Unidos a Asia y de la antigua Unión Soviética a Oceanía, y viceversa. Los artistas se empezarán a mover. Y créanme, se ayudarán entre todos… no será la primera vez. Iker [Seisdedos] lo acaba de vaticinar, e Iker no es gilipollas. La actual crisis, la mayor vivida en suelo europeo desde aquella contienda fraticida, nació cuando confundimos la europea con una unión ordenada desde arriba y exclusivamente política y económica, y Europa olvidó fatalmente los lazos culturales compartidos. Ahora ha vuelto a suceder [No lo sabrá uno, que cogió maletas y se largó de ahí por la misma razón, de la que hace poco Mario [Vargas Llosa] lo volvería a repetir]… Pregunta Iker ¿Existe hoy, después de cinco años de la hecatombe financiera una idea de Europa más allá de la prima de riesgo y sus contagios, de los eufemismos económicos, del rescate duro, blando o semiblando, de los referéndums sobre el euro y de las cifras que esconden millones de dramas personales?. También pregunta si acaso merece la pena enarbolar esa bandera en tiempos de brutal y profunda desafección ciudadana a la entelequia de Bruselas… la respuesta, para la treintena de personas de una decena de nacionalidades que han firmado un justo manifiesto y para quién os escribe, es si. ¿Por qué? Porque todo esto puede convertirse en una oportunidad para impulsar la emergencia de una autentica ciudadanía europea no limitada a la cooperación económica, y quien os escribe lo apoya, ya sabrán por qué. Una unión europea cultural es posible, pero habrá que pelear por ella. Pedro [Almodóvar] lo dice muy claro: No debemos permitir que el hundimiento de la Europa de los financieros entierre a la Europa de los ciudadanos y de la cultura. Si no hay afecto por Bruselas, es solamente porque se percibe como a una agencia de control económico, y ya. Vuelvo al antepenúltimo artículo publicado en este mismo sitio virtual, porque hoy más que nunca existe una brecha gigantesca entre la Europa continental y la mediterránea, y es responsabilidad de ellos, de los artistas, empezar a coger trenes… como en la segunda guerra. La revolución [que algunos dicen que es el opio de los artistas] no es una opción. Es una necesidad. Y os lo digo sin ser de izquierdas, tampoco de derechas. Hay países, sobre todo Alemania, que están volviendo al egoísmo nacionalista para salir de la mayor crisis que el hombre ha conocido [En Europa, claro. En América Latina hemos nacido, crecido y muerto en crisis y golpes de Estado durante toda nuestra vida… ya no nos afecta. El poder de la costumbre…]. Y es un error. Alemania ya destruyó Europa en dos ocasiones. La obligación de los demás países, sobre todo Italia y España [ese país que amo y por el cual daría un brazo], es luchar por una política cultural europea. No pueden dejar esto en manos de tecnócratas. No lo pueden permitir, porque al contrario de esa diva que se suicidó con la más exquisita repostería, no tienen clase. Ni la más mínima. Como acierta de nuevo Almodóvar, conviene confiar la misión a la labor de las maltrechas instituciones culturales, espacios libres, sin fronteras, donde las ideas, las obras y los artistas se muestren de una forma accesible para los ciudadanos. Quien os escribe lo apoyará de todos los puntos de donde sea posible, sin escuchar a la pregunta si acaso aquello no implicará, a lo mejor, la renuncia a las robustas raíces que unen en un viaje de ida y vuelta a España y Latinoamérica, porque la respuesta es no. ¿Por qué? Porque Europa siempre fue multicultural. Pensar lo contrario es de imbécil, porque nunca fue monocultural. Hablamos, pensamos y soñamos en el mismo idioma, y desde aquí, simplemente, tendrán siempre las puertas abiertas, como siempre ha sido. Y sobre todo, porque si Europa no hubiera creado el concepto mismo de cultura cuando Alejandro de Macedonia ordenó la traducción al griego de los libros sagrados hebreos [y esto os lo digo como judío], como también dice Félix de Azúa, dudo mucho de que alguna cultura africana u oriental hubiese inventado un sistema global en el que pudieran integrarse las culturas europeas, orientales o africanas sin problema, porque esa puñetera capacidad señores, eso es Europa. Por muy crudos que parezcan los tiempos, de los problemas actuales saldrá fortalecida la idea continental, porque hasta ahora, solo cuando se ha sentido amenazada, o peor aún, invadida, ha crecido, y como un ave fénix. Y todo esto nace sencillamente del terror a una nueva guerra fraticida, civil, y se va concretando a través de la desconfianza y el rencor. Siempre ha sido así, y la misión del arte y sus representantes consiste precisamente en sacar a la luz los recelos y la solidaridad, siempre a punto de quebrar [Uno lo sabe bien, porque nació en una dictadura militar con miles de asesinados y detenidos desaparecidos]. Pasará solo en sitios donde las personas puedan expresar y examinar las experiencias reales de sus vidas vividas, tan distintas de la vacuidad verbosa con la que los medios nos inundan, porque sufrimos una dictadura global de ruido y falsas superposiciones diseñadas para excluir las preguntas que realmente debemos hacernos. Aquello no lo tolere nunca jamás. ¿Quiere ser cool? Pues es la nueva tendencia. El mundo de lo común, y créame, se sentirá lo más, como esa novia… como esa diva. Únase.  


        

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