18.6.12

THE YELLOW KID

 Image::CITIZEN KANE by ALLSTAR|CINETEXT & RKO © NYC::



La prensa es un área de las humanidades que nunca deja de sorprender. Apasionante ha sido el último año, donde la hemos seguido de cerca. El escándalo de las escuchas del tabloide británico “News of the World” respecto a la desaparición y asesinato de una niña impactó al Reino Unido y el mundo, y de paso, trajo a portadas y noticiarios la cara ese gran Gatsby llamado Rupert Murdoch frente a la cámara de los comunes. Propietario de un imperio mediático repartido por el globo entero, sobre todo en la cultura anglosajona, que había mantenido en anonimato detrás de la cortina cual mago de Oz, aparecía como el artífice de una maquinaria monstruosa que ponía y sacaba a su antojo primeros ministros, financiaba campañas de demócratas y republicanos en suelo norteamericano por igual y creaba exclusivas a través del sensacionalismo y la prensa amarilla. A todos se le venía a la cabeza la imagen de Kane, el personaje creado por Orson Wells que más que personaje, era una radiografía de William Randolph Hearst, aquel acaudalado millonario quien sería el primer hombre en formar un imperio mediático hace casi un siglo atrás. Mil veces me he preguntado si acaso Murdoch no se vería así mismo como Hearst, o Keane, porque vamos, estamos hablando exactamente de lo mismo, prácticamente un calco de primaria. Dejemos por un rato a Murdoch y vamos a por más. Aún más reciente, son las noticias primero del nacimiento del periódico “The Huffington Post” al castellano, que a nuestro idioma pierde bastante imagen, pero es un acontecimiento único en el experimento de americanización de la prensa española, que probablemente podría llegar a un nicho específico, que es la comunidad latina dentro de los Estados Unidos y funcionar muy bien ahí, como en el resto de los países hispanoparlantes, donde o un periódico americano o uno español pueden llegar a presionar gigantescamente a unas elecciones en cualquiera de esos puntos en el hemisferio sur, como ejemplo.

 


Después, girando los binoculares hacia más pequeños [y por la línea editorial de este espacio en particular] caemos en la cobriza cabellera de Anna Wintour, la editora de la edición norteamericana de “VOGUE”, revista propiedad del grupo Condé Nast, también de otros como “The New Yorker”. Según rumores, Obama estaría seriamente pensando en dar a Wintour la confianza para ejercer el rol de Embajadora ante Inglaterra. ¿Por qué? Porque había sido una de las principales figuras a la hora de organizar cenas para recaudación de fondos para su próxima campaña electoral, y su pareja, hombre clave en la misma recaudación, pero a nivel nacional. Entraba la pregunta de cuál sería la postura del propietario de aquel imperio editorial, Condé Nast. ¿Sería demócrata o se sentiría cercano hacia la política demócrata de Obama?, ¿Sería republicano y estaría indignado?... poco probable. ¿Le daría lo mismo y le iba bien tener a una de sus empleadas cercanas a un jefe de Estado que facilitaría a posteriori el buen funcionamiento de la compañía, y que es la carta probablemente más segura para la reelección? Quién sabe. En Francia Valérie Trierweiler, la primera dama, no deja su puesto en la prestigiosa revista “Paris Match” y sigue con su vida normal, y desde ahí, voltea la cara a su pareja [probablemente como grito de guerra contra su ex mujer Ségolène Royal] apoyando la candidatura del disidente socialista Olivier Falorni, contienda electoral de la ex mujer del recién electo presidente y principal baronesa del partido, y la revolea en las urnas… y se protegió brillantemente para lanzar ese bofetón desde los medios de comunicación… intocable… es una de los tuyos… aplauso por la primera dama, lo hizo perfecto. Después en Siria, despertamos con la linda noticia de que los El-Asad, el dictador y su flamante esposa, habían contratado empresas de relaciones públicas en Londres y Nueva York a cinco mil dólares mensuales para crearles la imagen de “Familia guay, familia bien”. Mal no eran las agencias de pr, en absoluto, considerando poner a la mujer del asesino como “Rosa del Desierto” en un reportaje de “VOGUE” o en la edición francesa de “ELLE”… y así se nutren los medios de comunicación… los importantes, claro está… ¿A que no mola la prensa?.

 


Pasemos a Hearst. El poder de ese hombre fue, sencillamente, impresionante. Nada que decir. Y porque el tipo fue pionero. Fue despiadado e hijo de puta caballeros, pero fue pionero. No solo le bastó con tener decenas de tabloides impresos que se vendían como churros gracias al sensacionalismo y prensa sin ningún tipo de reglamentación, sino que después se metió en el negocio de las noticias en los cines cuando aún no existía la televisión, y en la radio, y también en revistas, siendo el dueño de “Cosmopolitan” o la mítica “Harper´s Bazaar”. Usó a Cuba como chivo expiatorio y alentó de su imaginación la guerra entre Estados Unidos y España a través de todos sus medios de comunicación. Enamorado de la actriz Marion Davies, descubrió un desliz de Davies con Charles Chaplin [ni más ni menos] y en una fiesta arriba de un yate en honor al cumpleaños de un actor de Hollywood, Thomas Harper Ince, sacó un revólver y bang! para Chaplin… pero no le dio a Chaplin, le dio al actor… en la cabeza. Y nunca nadie se enteró, porque nunca nadie dijo nada en la prensa… Don´t fuck with Hearst, bitch. Volvamos a Murdoch. Pues la cosa viene siendo similar. El tipo está en aprietos. Lo que diferencia a la época de Hearst a la de Murdoch, es que Murdoch podría haberla hecho tan bien como Hearst, pero desgraciadamente, le tocó la época de internet… y se le está yendo todo al carajo. A “The Guardian” le valió un puntazo. El impacto del escándalo [primer ministro y Scotland Yard incluidos] fue casi tan grande como cuando ambos periodistas del “Washington Post”, Carl Bernstein y Bob Woodward  descubrieron el escándalo Watergate, que haría rodar la cabeza de Nixon y que les valdría el famoso Premio Pulitzer, en honor a Joseph, ese judío de origen húngaro que fundaría un periódico y que sería la inspiración de Hearst para crear su imperio. Imperio que luego barnizaría de amarillismo, y que sería, a su vez, inspiración para toda la mierda de Murdoch. “The Yellow Kid”, fue un personaje de tiras cómicas que Pulitzer publicaba diariamente en su tabloide. ¿Qué haría Hearst? Le robaría al dibujante por el doble de dinero. Terminaron ambos periódicos rivales publicando a “The Yellow Kid”, eslabón de Hearst, y sería realmente él, Hearst, el precursor de la cultura del cómic. Lo de Hearst señores, fue cinematográfico. Un verdadero film. Vuelta a Orson Wells y su “Citizen Kane”, porque ves la película una y otra vez, y te encuentras con Hearst, ese auténtico cabrón, y después piensas en Murdoch y lo pones a la par… y es que no. Al lado de Hearst, es una broma. Luego aparece la mujer china de Murdoch en la cámara de los comunes tirándose cual salto del tigre sobre un humorista [qué paradoja…] con una torta de crema de afeitar para su marido… las cosas ya no son como antes… Hearst tenía más clase, qué quieren que les diga. Díganme que no. Un cuadro.

 


A pesar de todo, este circo caballeros sigue demostrando los vínculos directos entre la prensa y el poder, en todas sus escalas, y eso es meritorio, cosa que no veníamos viendo en los medios de comunicación desde hace mucho [demasiado] tiempo, y está bien. Lo bueno sería ahora reglamentar, volver a darle ética a la prensa, porque es importante para la vida de una sociedad. Lo ha sido toda la vida, porque prensa es opinión, y todos los sectores tienen derecho a la opinión, pero a la buena opinión, como así también e igual de imprescindible, a la buena información. Por nuestro bien no deberíamos nunca más tener a un Murdoch, o a un Hearst, ni a nadie que pueda llegar a tener tanto poder sobre la prensa sin la más básica noción de moral, sin la más mínima ética, porque la Prensa, aunque no lo crean, tiene una ética… Ese fue el problema por el cual los periódicos empezaron a perder lectores. Entre que les entregaban basura y mentiras que ya nadie quería leer [ni pagar, ni creer] los lectores tenían este medio, internet, que les reafirmaba todo el tiempo que los periódicos les estaban mintiendo, y los tabloides no se dieron cuenta de la velocidad que tenía internet… y se fueron, disculpando la vulgaridad, a tomar por culo.  Ahora, después de casi tres años, la mayoría de los medios han adaptado sus contenidos con cada vez mayor profesionalidad al mundo virtual, y empiezan recién a vislumbrar las capacidades comerciales y globales que puede acarrear lo digital, con quizás idénticos resultados positivos al papel. Asimismo, las fusiones parecen ser elemento vital para la supervivencia de la prensa escrita, y está muy bien, como lo sucedido recientemente entre “El País” y “Huffington Post”. Aquello es un gol para la prensa en nuestro idioma. Deberíamos estar contentos. Nunca será malo que aparezcan más medios, y en lo posible, que tratasen de ser imparciales [sabiendo de antemano que aquello es impensable] pero siempre se puede, sería un lujo, un lujo para ella misma, para la prensa. La prensa hará caso… no es tonta. Ya no nos mola el “Yellow Kid”.











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