27.7.12

INSPIRACIÓN

 Image::MR HEDI SLIMANE PHOTOGRAPHER © PARIS::


No son buenos tiempos para la inspiración. Para nadie. La última semana de la moda de París fue ejemplo claro de ello. Hubo mucha sobriedad y pragmatismo, pero no mucha inspiración. Eso en la moda. En el mundo del diseño [industrial] tampoco lo es. Mirar los catálogos de mobiliario y objetos de las más renombradas marcas milanesas no provoca más que un intenso dolor de cabeza. Las editoriales prestigiosas, de Gallimard para abajo, aterrados con los nuevos juguetes tecnológicos se escudan tras glorias pasadas en sus listas y recorrer los calendarios de los centros de arte pioneros tampoco llega a emocionar si no existe de por medio una innecesaria cuota de espectáculo, de entretenimiento. La cultura, por estos días, se transforma en una mediocridad caballeros, y es profundamente preocupante. ¿Qué pasó? Está sucediendo lo que a luces se vería que pasaría, por cómo iba sucediendo todo a nuestro alrededor, y se grafica en una sola palabra: miedo. Y te entra una ira incontrolable, como estirar el brazo izquierdo sobre el escritorio y arrasar con todo lo que tengas frente a él, a la mierda todo. Fue lo que hizo quien os escribe, con una vena en la frente a punto de estallar.

 

Sufriendo una actual ola de frío al fin del mundo aterricé en Buenos Aires, y ni bien llegar a la habitación del hotel y tirar la mochila sobre la cama salí a caminar sin rumbo. Las calles de la ciudad ya eran familiares. El viento en la cara era un buen medicamento para enfriar las calenturas, siempre. Era impactante que lo único que te lograse inspirar y sacarte una sonrisa, fuese un octogenario llamado Peter Higgs, que frente a la comunidad internacional de la física [que por imágenes veías a un auditorio completo aplaudiendo y sonriendo con brillo en los ojos, emocionados] descubriese una partícula origen de la materia, que estudiaba desde los años sesenta, transformándose con un chasquido de dedos en candidato, más que seguro, para el próximo Premio Nobel, y encima con humildad y una sonrisa que acentuaban aún más sus arrugas, dijese con la voz entrecortada “Nunca pensé que me sucedería esto en la vida”, recibido por aquel auditorio repleto en pié aplaudiendo a una auténtica estrella en Suiza. No podías hacer más que usar tu tarjeta de crédito, comprar el ramo de rosas más grande que encontrases por internet y enviárselo a su despacho en la Universidad con una nota que dijese “FUCKING CONGRATULATIONS, CRACK, YOU ARE EVERYTHING!”. Y así se hizo, y con placer. ¿Usted no lo haría?, ¿Por qué no?, ¿Por qué no enviar un ramo gigante de flores a un hombre que te triplica en edad y que acaba de descubrir un misterio para el avance en la investigación de la ciencia en un área que tú no comprenderías ni de lejos? Probablemente MR Higgs se partirá de risa cuando lea la nota, al otro extremo del mundo, y con eso, ya te das por satisfecho. ¿De loco? Probablemente, pero a ti qué más te da, cuando al mismo tiempo sabes que el presidente de un país cercano sufrió un auténtico golpe de Estado, en México hace poco tiempo atrás un paleto ganaba unas elecciones gracias a un fraude electoral, en Palestina se habla de la exhumación de Yasir Arafat por las sospechas de asesinato con polonio 210 y en el mismo país del científico, el escándalo de Barclays demostraba una vez más la indecencia y vulgaridad de la banca y en Madrid, la ex miss España del sesenta y uno caminaba como gato encerrado tras haber vendido una de las obras fundamentales de la colección Thyssen, una de las insignias culturales de España. Qué quieren que os diga… si hubiese tenido el mismo efectivo que ellos, lo que recibiría MR Higgs no sería un ramo de flores, sino un cheque con varios ceros para que continuase con su maravilla, cosa que probablemente, esté lejos de suceder, porque ese es nuestro mundo actual, el mundo que grafica Hessel, MR Stéphane Hessel, ese otro alemán naturalizado francés de noventa años autor del famoso “¡Indignaos!”, el título de noventa y tres páginas que inspiró a España a tomarse las plazas, leído con ímpeto mientras el avión cruzaba la Cordillera de los Andes rumbo al país de Borges, sacándote risas, también lágrimas, también rabia. Y porque ya lo decía Picasso, la inspiración llega, pero cuando te encuentra trabajando. Y la inspiración hay que retribuirla señores, porque cuando lo haces, te viene un ataque de risa, y eso siempre está muy bien.

 

Pasado el tema del escritorio y las rosas, me miré la ópera prima de Klaplish, “Paris”, un film que entrelaza distintas historias en la ciudad de las luces [que dicho sea el paso, comparado con la monumentalidad de la Buenos Aires que recorría, milongas incluidas, no puede competir], con personajes de distinto nivel económico y distintas realidades personales, un trabajo que pone de manifiesto la realidad contemporánea de la sociedad en la montaña rusa que estamos viviendo, y a su vez, buen ejemplo de lo que alguna vez fue el mundo desarrollado, de carne y hueso en la Europa perfecta, que hoy se extingue a pasos gigantes, veloces ante la inconsciencia generalizada de la misma Europa, y curiosamente, pareciese que va siendo la misma Francia, o la misma París, la que empieza a tratar de impedirlo. Valdría la pena volver los ojos a aquella ciudad, y a su sociedad, que pese a los dramas personales, siguen siendo capaces de mirar todo por lo alto, como si de una leyenda se tratase. De aquello salto a un grupo, distinto, conocido como el “boom latinoamericano”, un mamotreto de escritores de hace cuatro décadas tuvo tras sus filas a algunos como García Márquez, Neruda, Borges, Edwards o Vargas Llosa, que irrumpieron en los cinco puntos del globo con un universo literario que hizo soñar a todo el primer mundo, sin excepción. Narraban de selvas y las historias que en ella sugerían la leyenda. Hipnotizaron a Europa con historias que parecían otro mundo, pero no eran más que el mundo real latinoamericano, de pueblos perdidos y gentes aferradas a la leyenda, también a los espíritus y las almas, con quienes convivían, como nietas o nietos con sus abuelos muertos, que seguían merendado en la mesa. Los del boom inspiraron a un ejército de nuevos escritores, de las culturas más diversas. Pensaba mientras caminaba por la avenida Corrientes entre las librerías buscando el otro título de Hessel “¡Comprometeros!”: ¿Por qué no seguir alimentando la leyenda señores, sobre todo ahora, cuando ya nadie cree en nada, donde el desengaño de las gentes ha sido tan salvaje y opulento como esa ola que arrasó a Japón, o al mismo país de donde salía hace unas horas, al fin del mundo? La desazón, la tristeza y la falta de inspiración, quizás, fue provocada por llevar la racionalidad a un punto de dejar al hombre vacío, en donde todo tenía una explicación, donde desde ningún punto se le permitió creer en la leyenda, ni en los espíritus, ni en los ritos, que curiosamente, ha sido el elemento central para que un continente exótico como América Latina, a pesar de las faltas garrafales de educación y pocos ejemplos de sofisticación, sobreviva y siga teniendo la capacidad de fabricar gentes con la capacidad de querer, de reírse y de ser solidarios, cuestión que el primer mundo, hoy, es incapaz de hacer… podría afirmarse que Europa es el cerebro del mundo, y Estados Unidos el bolsillo del mundo, pero América Latina sigue siendo, sin lugar a dudas, el corazón del mundo, y palpita muy fuerte, sino, a lo mejor, jamás hubiese existido ese “boom”… que queréis que os diga.



Es curioso, ¿sabéis? [y esto es sólo entre nosotros] estar a diario extrañando vivir por las calles de París como la narrada por Klaplish, o Barcelona, disfrutando oír cinco o seis lenguas en la calle, con una cultura pulsante o conviviendo con gentes de todos los estratos [porque por esta parte del mundo, gracias a una despiadada lucha de clases que te hace caer al suelo de que si, que estás en Sudamérica, esa, la que está lobotomizada por la influencia estadounidense excepto Buenos Aires, que se resiste a abandonar su propia identidad… si no me creen, váyanse a una milonga y quédense mudos observando], sabes al mismo tiempo que Europa ya no es la que conociste, esa de la que te enamoraste, y te largaste de ahí en el momento justo cuando sabías que ese romanticismo, y el continente,  se iría a la mierda,  ¿Para qué? Para no perder ese amor por ella. Y ahora a la distancia, digan lo que digan, la ves como un alma en pena… eso mismo, supongo, provocará la ilusión, el romanticismo y la leyenda para seguir peleando por ella, y todo lo que ella significa, porque el mundo [este, de aquí] la observa como un ejemplo, en el sentido de su antaña rigurosidad para con el entendimiento y desarrollo de todas las disciplinas, de la democracia, esa que otros como Hessel defendieron a punta de fusil en la resistencia y de la cual hoy pasa todo el mundo maratónicamente, como si compitiesen en las olimpiadas londinenses. Y siguen cometiendo errores, uno tras otro, como si fuesen mongólicos, y no es por sus gentes, porque ya hay muchísima gente en las calles, demasiadas [y eso te lo explica todo, no hay que ser muy listo]… sino por sus gobernantes. La desidia, la ambición y los nacionalismos, ese egoísmo incomprensible y la locura de creer que perteneciesen a una suerte de raza superior… Te viene la gruesa pregunta de qué coño fue lo que sucedió con Europa… ¿Qué hizo tan mal para provocar que tuviesen gentes que llegasen a pensar de esa forma tan siniestra, porque fueron educados, supuestamente, bajo los más sofisticados sistemas del Estado de Bienestar?... Es incomprensible. Supongo que habrá sido la fantasía que se fabrica producto del dinero fácil. Después miras al presidente de otro país cercano, Uruguay, que siendo jefe de Estado, sigue viviendo en su pequeña casa de dos habitaciones, con un coche de principios de los ochenta, cobrando un sueldo como cualquier otro mortal de clase media que da un discurso en el G-20 que arrasa aplausos de toda la comunidad internacional presente [como ese científico, MR Higgs] y a su modo, sigue en el mismo camino amarillo de ese grupo que fueron partícipes del “boom”, como si narrasen una historia de amor y espíritus desde la isla Juan Fernández, en otro mundo… no sé si me llego a explicar, honestamente. Y eso caballeros provoca también que al final no llegues a extrañar el mundo [supuestamente] desarrollado, con sus palacios, grandes y rimbombantes museos, sofisticadas pasarelas, opulencia, políticos horteras, banqueros cutres y ladrones de guante blanco. Parece que el mundo era más grande de lo que uno pensaba, y a lo mejor, la inspiración no venía solo de la más alta cultura… a lo mejor no necesitábamos París… a lo mejor necesitábamos a personas, como ese señor, MR Higgs, el que cuando termine de leer este artículo, recibirá un ramo de flores… se va a partir de risa. Va a nombre de todos.






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