14.1.13

TOMARLE EL PULSO AL MUNDO

Image::MS MARI SARAI PHOTOGRAPHER © LONDON::



Después de casi un año de haber sido estrenada, ayer, en una sala de cine, completamente a solas, al fin del mundo, quien os escribe tuvo el privilegio de ver el film de Eric Toledano y Olivier Nakache “Intouchables” protagonizado por François Cluzet y Omar Sy en un par de soberbias interpretaciones. Y aquel film fue visto con especial atención, siendo una de las producciones cinematográficas más vistas en la historia de Francia y la polémica que trajo consigo dividiendo al país galo en dos, como en su tiempo ocurriese con “Amélie” de Jean Pierre Jeunet. Como acertadamente contó en su momento MR Miguel Mora, bien es cierto que la película sobre un angustiado tetrapléjico millonario parisino [accidentado en un vuelo en parapente] que contrata a un joven senegalés de la periferia para que le cuide, es una de las comedias más artificiales, mentirosas, buenistas y pueriles que se hayan estrenado en la historia, repleta de los clichés más bobos, los gags más estúpidos, diálogos previsibles y guiños sensibleros que se suceden con matemática precisión en un guión hecho a medida para entretener y contentar a todo el mundo, también representa la larvada guerra que vive la sociedad francesa entre los partidarios del pensamiento y los de la frivolidad, o los de la sensatez y los de la demagogia, y que se encarna, porque seguramente es el gran síntoma de la mutación del país. Snobs contra palomiteros, cultura contra entretenimiento, arte contra taquilla.



Sin embargo caballeros, ese es un síntoma que no padece sólo Francia [si es que lo es], sino todo el mundo, y ahora, por la situación global, especialmente Europa y Estados Unidos. Robo en esto las palabras de MS Irene Ramos Vielba, porque frivolidades de por medio, esa película puso arriba de la mesa el suspenso de la igualdad de oportunidades, porque se instala en una actual avalancha de embestidas contra nuestro maltrecho Estado de bienestar, donde cada vez más arrítmicamente y con más profundidad, se hace realidad una polarización social creciente en favor de quienes disponen de mayores niveles de renta, cuando uno de los principales logros de los sistemas democráticos en las sociedades desarrolladas era el progresivo afianzamiento de la igualdad de oportunidades como principio de referencia. La lucha de clases como un cáncer que tras la segunda guerra mundial, trató de ser asesinada, y para bien, el viejo continente. La Europa que veíamos todos como referencia, esa que tras la fundación de la Unión Europea se elevaba como el más grande de los logros democráticos, aquel que debía ser un ejemplo de hermandad para el resto del globo, y que por nuestros días, se va desmoronando a trozos, cual Antártica ante el cambio climático que nadie está interesado en parar. Como narra MR Mario Vargas Llosa en un estupendo artículo, MR Niall Ferguson expone en un libro recién publicado las razones por las que, a su juicio, la cultura occidental aventajó a todas las otras y durante quinientos años tuvo un papel hegemónico en el mundo, contagiando a las demás con parte de sus usos, métodos de producir riqueza, instituciones y costumbres. Y, también, por qué ha ido luego perdiendo brío y liderazgo de manera paulatina al punto de que no se puede descartar que en un futuro previsible sea desplazada por la pujante Asia de nuestros días encabezada por China. Y sus críticas al mundo occidental de nuestros días son muy válidas... El capitalismo corrompido por la codicia desenfrenada de los banqueros y las élites económicas, cuya voracidad, como demuestra la crisis financiera actual, los ha llevado incluso a operaciones suicidas, que atentaban contra los fundamentos mismos del sistema. Y el hedonismo, hoy día valor incontestado, que ha pasado a ser la única religión respetada y practicada, pues las otras, sobre todo el cristianismo tanto en su variante católica como protestante, se encoge en toda Europa como una piel de zapa y cada vez ejerce menos influencia en la vida pública de sus naciones. Por eso la corrupción cunde como la peste y se infiltra en todas sus instituciones. El apoliticismo, la frivolidad, el cinismo, reinan por doquier en un mundo en el que la vida espiritual y los valores éticos conciernen sólo a minorías insignificantes.



Os hablo de todo esto para relacionarlo con otro artículo publicado hace ya un tiempo prudente por MR Héctor Llanos Martínez en el diario El País, cuando ahonda en el tema de la gentrificación de las ciudades y tilda de “yukis” [young urban kreative internacional] al grupo de supuestos nuevos yuppis responsables de gentrificar las zonas más humildes de las ciudades para volverlas “cool”, o como les quiera llamar... ya que ahora esta gente le pone título o nombre a todo y ni se les mueve la ceja. Para ubicarlos, gentrificación se refiere a un proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado y con pauperismo es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva. Llanos expone textualmente que se trata de una “nueva generación de 'yuppis' que han cambiado de profesión. Están formados en el campo de la moda, el diseño, la publicidad o el arte con el dinero que sus predecesores hicieron durante la década de los ochenta. Donde los 'yuppies' pusieron Starbucks, campos de golf y restaurantes de sushi, los 'yukis' atraen cafés trendies, museos patrocinados por bancos o multinacionales y restaurantes vegetarianos”. Neil Smith, profesor de Antropolpgía y Geografía en la City University de Nueva York [CUNY], explica que empezó en los 80, en el Lower East Side. Los califica como un grupo que generan capital simbólico, lo que impulsa las llamadas ciudades marca. Luego afirma que la cultura se ha convertido en dinero para las ciudades y son los yukis los que impulsan ese patrón de consumo, basándose en la teoría del economista Richard Florida, que afirma que solo aquellas urbes que sepan atraer a esta “clase creativa“ prosperarán económicamente.



Así pues, estos respetables periodistas, teóricos y profesores universitarios califican y cuentan esta historia ahora, que tiene mucho de cierto, simplemente, porque fue concebido así, y desde sus inicios. Ahora bien, el gran tema, que todas estas personalidades obvian [porque por supuesto ninguna estuvo ahí, ni muchísimo menos vivieron ni supieron por qué se hizo de esa forma, y tampoco saben quiénes fueron los que lo granearon como un aparato de relojería] es que fue hecho de esa forma para lograr, a gran escala, lo que a su forma, Eric Toledano y Olivier Nakache plasman en su film, que era unir la sociabilización y hacer desaparecer a través de sus herramientas [diseño, artes, música, moda, etc] esa línea divisoria entre clases sociales de las ciudades en un momento donde sus cerebros veían claramente que todos los logros democráticos desde la fundación de la Unión Europea [Estado de Bienestar incluido], estaban, literalmente, a punto de irse a la mierda. Capitalismo rampante incluido, con la gentrificación de las zonas marginales, el motor de acción [romántico y efectivo] era mezclar las distintas tribus sociales de la ciudad [ricos y pobres, sin distinción] para evitar la guerra de clases que la crisis económica iba a catapultar como cohete a la luna alimentando el nacimiento de xenofobias, racismos y fascismos que han logrado extenderse por Europa, a excepción [véanlo con vuestros propios ojos] de estas zonas donde se les dio con todo para que ese tipo de atrocidades jamás pudiesen verse fortalecidas, muchísimo menos promocionadas. Ahí no iban a entrar, era la premisa. Que luego los perros de los empresarios le encontrasen el olor a negocio [que también todo el mundo sabía que iba a pasar exactamente así], era parte del plan, y cuando llegasen, sus cabezas ya estarían fuera, haciendo lo mismo, en otro sitio, sin poder seguirles la pista. Se les escapaban como el agua entre los dedos. ¿Qué subían los precios de los alquileres? Obviamente. Eso era un detalle, porque al mismo tiempo, esas zonas gentrificadas darían puestos de trabajo. Darian [y dan] de comer a familias enteras. ¿qué se piensan, que eran yuppis, o yukies?, ¿Así los tildan ahora? Pues qué valor que tenéis, de verdad. Lo mismo le llaman así al ganado de fashion victims que asesinarían por caminar por las zonas gentrificadas [que creo que a estas alturas sabemos todos cuáles son], porque a las cabezas que lo hicieron detrás de la cortina, ni lo sospechan [y no lo sabrán jamás]. Da mucha gracia caballeros, porque todo aquello fue cocinado por poca gente, hombres y mujeres que como dice Manuel Vicent, fueron [y siguen siendo] la versión actual del hombre nuevo, aquel que, de una u otra forma, ha sido siempre el sueño de todas las revoluciones. Se trata de un ser que, adonde quiera que vaya, nunca tiene cobertura y por tanto permanece incontaminado, a salvo de cualquier basura mediática. Detrás de la cortina. Después de un esfuerzo heroico ha logrado eludir el humillante destino de llegar a este mundo con la única misión de ser un hombre-antena, un repetidor humano solo apto para recibir y trasmitir llamadas, mensajes, correos electrónicos. Hombres y mujeres nuevos y nuevas que se niegan de raíz a contribuir a la contaminación del espacio con una cháchara idiota, como un insecto más en la telaraña. Las personas como estas, son todavía escasas, ya que en ellas se realiza el mito platónico de la invisibilidad, un don de los dioses, según Vicent. Ya no hay playas desiertas ni existen parajes preservados. Todo el planeta ha sido conquistado y sometido a la red social. Es inútil buscar un lugar inaccesible donde refugiarse. La jodida telaraña lo envuelve todo, desde la gélida estratosfera hasta el íntimo sudor del petate y a través de la almohada penetra en el subconsciente desguarnecido de los humanos. El individuo sin cobertura no tiene necesidad de huir, puesto que él es su propio refugio. El mito del hombre invisible, ese sortilegio que llenaba la imaginación de nuestra niñez, que te confería el poder de atravesar las paredes, de estar a la vez en todas y en ninguna parte, como el Gran Gatsby, equivale a esa invisibilidad platónica que ostenta hoy el hombre sin cobertura. Se acerca el día en que lo más snob será que digan de ti: no ha llegado todavía, ya se ha marchado, no se le espera, no lo llames, nunca contesta, está y no está, no existe, esa es su naturaleza. ¿Qué ha hecho este individuo preclaro para merecer el privilegio de estar envuelto en una atmósfera intangible y ser absolutamente real?. Su móvil vibraba cada minuto reclamando más papilla. Ese aparato se había convertido en un testigo de sus miserias, en un delator al servicio de sus enemigos. De pronto un día se sintió perseguido y acorralado en la red por una multitud de seguidores y amigos que trataban de devorarlo. Cortó por lo sano, arrojó el móvil a un pozo y comenzó a vivir por dentro como un hombre nuevo, no como un insecto capturado. ¿Qué es lo que querían? Una sola cosa: democracia, y así lo hicieron, y lo seguirá haciendo. ¿Por qué? Porque eso es como palpar manualmente con los dedos índice y cordial, al pulso, al mundo. ¿Por qué? Porque como decía Mario [Vargas Llosa], Niall Ferguson se equivocaba. La cultura occidental tiene todavía fuelle para mucho rato, porque esa contradicción permanente, en vez de debilitarla, ha sido el arma secreta que le permitió ganar batallas que parecían ya perdidas. Y la va a volver a ganar, como esos dos, los Intouchables. Nada más.




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