25.3.13

FAMA

Image::MS BRUNA KAZINOTI PHOTOGRAPHER © SPLIT::


Leyendo periódicos, mirando a ratos la televisión, escuchando la radio, yendo al cine o simplemente caminando por la calle, me detenía a observar, o a escuchar detenidamente con los ojos cerrados los discursos, tanto visuales como escritos o hablados, de esa cosa tan peculiar llamada fama. La fama. La condición de ser una celebridad. Es una cosa rarísima aquello de la fama. Y más raro aún es cómo la gente se vuelve loca con aquello, como si estar frente a una persona poseedora de ese bien tan inmaterial, representase estar frente a una suerte de divinidad... ciertamente, aquello es a ratos imprescindible para los que se dedican a las áreas creativas, sobre todo las relacionadas con el espectáculo. Pero, ¿Se ha preguntado Usted alguna vez qué pasará por la vida de una persona que detenta esa condición? Puedo asegurarle, que grato no es. En absoluto. Y os lo digo con conocimiento de primera mano.



A lo largo de los años, quien les escribe a estado sentado frente a muchas de esas personas, y la mayoría de ellas, al final, no entienden en qué minuto de su vida cometieron tan craso error de volverse una celebridad. Los habían transformado en personajes, figuras tan distantes como dispares de lo que ellos mismos son, de sus esencias como personas. En muchos casos la fama estubo a punto de destruirles la vida... es una cosa que debe manejarse con muchísimo cuidado, porque esa misma divinidad, hace que el propio mundo se aparte de tí, te segrege del resto y termines por no confiar ni en tu sombra, terminando por llevar una vida, cuando menos, solitaria, o moviéndote con gente que tenga ese mismo bien, porque te entienden, porque saben perfectamente lo que significa. La gran mayoría de la gente de a pié, sueña con ser famosa, algunos por una necesidad de trascendencia, otros por temas de autoestima, otros por relación directa con lo económico, pero pocos, muy pocos, llegan a ella entendiéndola como una herramienta o un paso previo para otra cosa, más importante aún, que es ayudar a otra gente, o a tu área, o a tu ciudad o país. Son contados con los dedos y no llegan a una mano, os lo puedo asegurar. Darse un paseo por Los Angeles, es estar frente a la peor película de bajo presupuesto por lo más patético de la condición humana y su sed de trascendencia, al igual que cualquier semana de la moda de alguna capital internacional. Te entran unas ganas locas de coger una escopeta doble cañón automática y salir a la calle a cargarte gilipollas.



Si uno se pone a mirar al viejo Hollywood, o al mundo de la alta costura, donde ciertamente sus protagonistas se trataban de personas mundialmente célebres, lo eran porque su calidad trascendía continentes enteros, me refiero a la calidad de sus trabajos y profesiones, donde no existía internet y en donde si querías ser alguien, debías trabajar muy, muy duro. Y lo hacían, y espectacularmente con la mitad de avances de los que hoy disponemos. Probablemente, la tecnología fue el gatillo para lograr fama contra reloj, y de ahí, la decadencia de la condición de ser famoso, como una montaña rusa abajo, hasta llegar a convertirla en una ordinariez. Hoy por hoy son célebres cualquier pelafustán dentro de un reality show, o algún niñato que se pasee cual payaso de turno por las semanas de la moda, o alguna bataclana que muestre el culo y las tetas, o que aparezca sin cesar en las fotos de eventos o fiestas... ¿Qué elegancia, no? Sería encantador resucitar a todas esas estrellas del viejo Hollywood, o esos diseñadores que fundaron las marcas insignia del país galo a ver qué opinasen al respecto. Sería un maravilloso regalo al sentido común.



Esa misma fama contemporánea, hace que el relevo de famosos sea tan rápido como quien lame un helado, en una maldad para con esa misma gente que lucha por lograrla, siendo despachados por el mundo para el próximo, en un abrir y cerrar de ojos que atenta contra la dignidad y autoestima de esa misma gente. Aquello es una maldad, y de las gruesas. Quién os escribe, en el mundo editorial, como otros muchos, se dedica a eso, desde hace años, a fabricar famosos o celebridades dentro de sectores creativos, pero bajo la premisa que con ellos vas detrás durante años, procurando bajo toda suerte de estrategias que no se transformen en mercancías que el establishment despache según su prepotente antojo. Mezclar el talento, el trabajo bien hecho, la formación y la alta cultura que les permita ponerse por encima de ese establishment, hasta por encima de las propias instituciones, que es lo que al final, produce la fabricación de los mejores representantes de una época, o una generación. Si Usted se piensa que es fácil, prepárese para la escopeta de doble cañon, porque se suda mucho, y en frío. Pero vale la pena. Verlos después en la mitad de los medios de comunicación en cuatro idiomas, o dando entrevistas en una inteligencia formidable donde pasean a los periodistas como quieren ganándose el cariño del público, qué les puedo decir, te entran ataques de risa y sacas de la nevera una botella para brindar en su honor. Porque eso es popularidad, y la popularidad duerme con la fama como una pareja de recién casados, porque llegas a la población, y siempre será la inteligencia el motor de una fama que se imponga al tiempo, al mundo moderno, y a la ordinariez. Y así vale la pena ser una celebridad, porque de esa fama te puedes permitir vivir una vida, y muy digna, en el sentido que puedes salir a la calle y tener el cariño de la gente, no esconderte , ni recibir miradas extrañas. Y cuando llegas a ese punto de popularidad, de buena popularidad, no te puedes enloquecer ni encerrarte en una burbuja, sino muy por el contrario, tienes la obligación de usar esa fama para ayudar, levantar y catapultar a tus pares, y a los buenos que vengan tras de tí. Tener la elegancia de la solidaridad, que en el mundo moderno es casi un objeto de colección. Y encima se ríe Usted de buena gana, y conoce gente muy valiosa. No es un mal camino, en absoluto.



La clave radica en saber que eso, la fama, es una cosa tan etérea como un perfume o un arcoiris, que sabe que después de instantes desaparecerá, y dejará sólo lo que existe, que es con lo que uno debe convivir todos los días, hasta que tu corazón deje de latir, que no es más que el uno mismo. Y en ese ejercicio se debe practicar, como ir al gimnasio, el sentido común, y por sobre todo la dignidad, en el sentido de entender que uno no es más que otro, pero tampoco menos... simplemente es su trabajo, y que eso de la fama y la popularidad es parte del contrato, parte de las reglas del juego. Por supuesto, para eso, la fama tiene que venir de la aceptación general de lo que Usted hace, y para que eso ocurra, debe ser un trabajo bien hecho, profesional, que le cueste y en donde se obligue Usted mismo en alcanzar la máxima perfección en lo que hace, no aparecer sólo por aparecer, porque si hace eso, pues estará tan desvalido y sin armas para evitar que el establishment se lo coma de un solo bocado, y que acabe con una vida preciosa, porque los que se dedican a esto, a las áreas creativas, tienen más posibilidades de tener vidas preciosas gracias a sus propias creatividades, vengan de donde vengan, y eso es una divisa. Y es importante. Hágalo bien, si quiere vivir de ello, y pasárselo en grande. Aunque, honestamente, siempre se pasará mejor estando detrás de la cortina. Infinitamente mejor. Historias de eso, de la fama. Usted mismo.



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