27.4.13

AUTOEDICIÓN

Image::MR ANTHONY GAYTON PHOTOGRAPHER © DEVON::


Hace nada, dentro de este mismo mes, curiosamente, quién os escribe ha recibido mensajes de amigos cercanos, quienes preguntaban cómo podían publicar sus obras. Uno era escritor, otros dos fotógrafos y uno más, pintor. El problema era el mismo, y el de siempre. Estaban cansado de recorrer editoriales, enviar originales impresos [con el costo que eso significa] y recibir negativas tras negativas sumiéndoles en una entendible frustración. A veces pena. La respuesta, a todos, fue la misma: “Autopublícate, y ya. Que les den”. Uno lo había ya experimentado, y los resultados no estaban nada mal, por no decir que estaban muy bien. El tema era saber cómo, y por supuesto, después, dominar ciertas técnicas de promoción, siguiendo las mismas pautas que las grandes editoriales, y mejorándola, al menos en lo que a imagen se refiere. También pasa que es un trabajo enorme, y hay que tener la motivación para hacerlo, más allá de quedarse solamente en lo creativo. Es decir, aprender a hacer valorar lo propio.   



Ciertamente, en los últimos años, en los ultimos tres específicamente, las cosas habían cambiado, y muchísimo, desde un punto de vista general dentro del mundo de la edición. Empecé a ponerme al día. Ya era noticia sonada la reciente fusión de Random House Mondadori con la británica Penguin, convirtiéndose en el grupo editorial más grande del mundo. Con ellos no se puede competir, asi que la mejor vía para ello, era, una vez más, abrazar a las nuevas tecnologías de la información, por supuesto, como punto de partida para luego, si las cosas iban bien, pasar a la imprenta. En esto, sin lugar a dudas había que mirar a los Estados Unidos, el mercado del libro más grande, innovador y competitivo de la tierra. Los promedios no dicen mucho. Los e-books representan entre un 20%-25% de los ingresos de las grandes editoriales en suelo norteamericano, pero en ficción llega al 50%55%... nada mal. Y pasa que hoy se está llegando al punto en que las ventas de libros digitales son superiores a las de libros impresos, siendo sólo un 35% los que se venden en librerías. Es un cambio profundo, abrumador.



Hoy en día, una empresa como Amazon piensa que no necesita de las editoriales. Quieren tratar directamente con el autor, y eso constituye una amenaza, para las editoriales, por supuesto. A lo que a uno respecta, volvemos a repetir: Que les den. Sin embargo, el peligro radicaría que empresas como Google o Amazon puedan controlar por completo el mercado, porque son grandes y tienen escala. No pasará una década donde sea muy difícil mantenerse en el negocio del libro exclusivamente, porque Google con sus búsquedas, Amazon con su sistema de ventas de distintos productos y Apple desarrollando la interconectividad para sus medios y dispositivos, se llevarán a todos por delanta, así de simple. La misma unión de Penguin con Random House será devastadora para el mundo editorial, ¿Por qué? Porque los recursos de Random House son espectaculares, contando con la ventaja del tamaño, la tecnología y los sistemas. Es un evento de primer orden, porque involucra directamente la mitad de los libros que se venden en todo el planeta, lo que significa que pueden crear outlets con sólo sus libros y para los consumidores estará, por supuesto, muy bien. Por su parte, las universidades, dentro de poco, todas, tendrán sus editoriales propias, cada departamento, porque tendrán los contenidos, los conocimientos y hacer un e-book resultará un gasto infinitamente menor, y eso será un pro.



Ahora bien. En el caso de nosotros, o de éstos amigos y todo el resto de creadores que pretendan integrarse a este mercado, deberán tener astucia suficiente para meterse y mantenerse. Virginia Collera, en una reciente investigación periodística da buenas pistas, y datos precisos con que más o menos podemos visualizar lo que sucederá, con cierta exactitud. Cuando nacieron las webs de autoedición [casi ninguna supera los cinco años de edad], las editoriales grandes les apuntaban con el dedo ninguneándolos, afirmando que eran de mala calidad, mediocres, donde publicaba cualquiera y que las nuevas tecnologías amenazaban con romper el modelo. De todo esto, pues sólo en la última han acertado. Será por la misma razón que el gigante Pearson adquiriese hace menos de un año Author Solutions, desembolsándose del bolsillo la escalofriante suma de ciento dieciséis millones de dólares. Así, se han dado cuenta que la autoedición es un negocio de más rentable porque es el autor el que asume el riesgo, no ellos, pero tiene la recompensa de que como autónomo, pasando de las editoriales tradiciones, pueden obtener entre el 70% y 80% de los beneficios totales de la venta de sus obras. En el mundo anglosajón ya han partido las editoriales por apostar hacia la autoedición de autores, porque les significa tener otro catálogo además del suyo, que significa una nueva vía de ingresos y la relación directa con los lectores. También sucede que si el autor se llegase a publicar y el nivel de ventas y descargas fuese superior al imaginado, le resultaría a cada editorial un elemento seguro para invertir, traducir e imprimir a ese creador y trasladarlo a la venta en librerías dentro de su catálogo oficial.  En ese punto, dependiendo de los contratos, el autor estaría en libertad también de buscarse el agente literario que más le apeteciese para su representación, sin tener que pasar por ningún “comité de lectura”. Una vez más: Que a esos también les den.



Y sucede que las plataformas de autoedición se están convirtiendo en calderos de nuevos talentos, porque cierto es que detrás de un escritor, bueno o malo, siempre, hay un buen lector, donde a través de comunidades, y de ese estupendo ejercicio de democratización, sea el lector, los lectores, lo que elijan qué es lo que verdaderamente quieren leer, y eso es otro pro, porque resultaría un filón tanto para los escritores o artistas como para las editoriales. J.K Rowling a través de su proyecto Pottermore ha ido más allá, y ha transformado lo suyo en completa y absoluta autoedición, y va facturando cada año cifras que ya quisieran para sí todas las editoriales. Es un gran potencial el asunto de la autoedición, probablemente más incluso que lo económico, porque puede Usted tener el mismo nivel de ventas, pero con la diferencia que elimina a intermediarios, como pueden ser agentes o editoriales, y contar con otros socios tecnológicos, como lo ha hecho Rowling. A pesar de todo, es muy inteligente para cualquier editorial crear estas plataformas, porque los escritores, todos, siempre preferirán autoeditarse con una empresa de prestigio que con otra que no conozca ni Cristo, porque el reclamo de una marca, digan o no, sigue siendo fundamental para la elección por parte de los lectores, porque saben que se van a lo seguro, en lo que a calidad se refiera. Dicho esto, lo que cada uno de los autores debiese asegurarse es la competitividad, y eso radica solamente en el tema de los precios. Venda su obra a 0,99 céntimos de euro antes que a 9,99, porque a precios bajos, el lector se arriesga, siempre. Aprovéchese de la propia globalización. Y eso también es un escudo de plata ante la piratería, porque el lector no tiene prejuicios a la hora de consumir autoeditados desconocidos si el precio amerita arriesgarse, porque simplemente, no es un riesgo. No se ofenda por el precio, porque puede ganar muchísimo más. Y porque ya lo dice Guy Kawasaki, que la belleza de la autoedición consiste en permitir a los escritores comprobar de primera mano si a la gente le gusta su libro sin pasar por ninguna editorial tradicional. Es toda una aventura, y si gusta, pues qué puedo decirle, es un completo subidón. Y luego de eso, pues dese a conocer. A nadie le va bien quedándose de brazos cruzados sentado en casa. Para ello, para darse a conocer, también hay plataformas, y lo importante es inmiscuirse en ellas, e incrementar sus ventas sin seguir los cauces habituales, ni necesitar de ningún crítico literario. Lo mismo: Que les den. Si tiene el talento, hágalo y vaya a por ellos, y por supuesto, como siempre, pase de todo. Se reirá, y mucho. Es una promesa.





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