3.6.13

LA GUERRA DEL BOLSO

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Por estos días, las cosas en París se ven sino negras, marrones. Todo el mundo de la moda calla, pero siguen minuto a minuto la guerra que se ha empezado a librar en el regulador francés del mercado de valores entre LVMH, el conglomerado de Bernard Arnault y la firma Hermès, la última casa de moda de lujo con importante independencia para resistir las embestidas de las multinacionales. Y está ardiendo Troya. Los propietarios de Hermès, han llevado a Arnault ante la audiencia bajo la acusación de complot y ofertas públicas de adquisición realizadas en secreto para hacerse de la casa, probablemente, la única firma de moda que sigue manteniendo su exclusividad y prestigio intacto.



Pero esto no comienza ahora. Hace dos años atrás, se supo que el hombre más rico de Francia [Arnault] había adquirido secretamente una participación del 17% de acciones, que ahora ha aumentado a 22%. La familia Hermès, feroz proptectora por mantener el control familiar de su empresa, en la actualidad dirigida por la sexta generación, quedó estupefacta al descubrir que Arnault se había construido la participación sobre su empresa mediante un sistema que oculta su verdadera identidad, que finalmente, se trataba del mismo hombre secreto de negocios que había pasado durante diez años tratando de apoderarse de ella. Ahora, si el organismo regulador del mercado de valores galo confirma que el juego de Arnault no cumplió con las reglas del mercado, se le impondrán fuertes sanciones. Asimismo, Hermès presentó una demanda legal contra LVMH por presunto uso de información privilegiada y la manipulación del precio de las acciones, sin que después Arnault respondiera con otra demanda en contra por calumnias, chantaje y competencia desleal, en la que se va convirtiendo una película de suspenso con imperios del lujo como telón de fondo en donde un bolso es, simplemente, más caro que un coche.



Cuando digo película de suspenso, me refiero a que no se trata de una empresa cualquiera. Hermès caballeros, fundada en 1837 por Thiery Hermès, partió siendo una tienda de sillas para montar a caballo, hasta finalmente convertirse en una empresa global que incluye alta costura, relojes, marroquinería, perfumería y cosmética. Y porque se la curraron, y muy duro. Utilizando técnicas artesanales en una tradicionalidad que por esta parte de la historia ya casi no existe, la firma abasteció a la nobleza europea fabricando las bridas y arneses forjados más finos y sofisticados de la industria del transporte en su época, haciéndose en 1855 del primer lugar en la Exposición Universal de París, y Thiery, con la medalla de primera clase. Para 1900, la marca ya abastecía a toda la élite del viejo continente, además de la norteafricana, asiática, rusa y americana. Por algo Arnault la quiere.



Mientras los abogados de Arnault dicen en la audiencia que el caso es injusto, disfuncional y desechable, culpando a Hermès como perfectas víctimas de una campaña de calumnias y difamación, la firma, por su lado, sigue desafiando a la crisis financiera con ventas en alza gracias a sus productos de moda hechos a mano, defendiendo a un equipo gigantesco de artesanos cuyos pedidos tardar cerca de tres años en ser entregados tras sus procesos de elaboración, entre ellos su archiconocido y casi inaccesible “Kelly Bag”, dedicado su nombre a la difunta Grace Kelly cuando se protegió con él de los paparazzi. Ahora, esa imagen parece repetirse pero no de fotógrafos, sino de ese hombre de semblante desagradable que rara vez ha estado fuera de los titulares en Francia. Sú último show, fue la sonada petición que el empresario solicitó para acceder a la nacionalidad belga y de esa forma librarse del pago de impuestos, que causó la indignación del país y un completo debate político sobre la evasión fiscal de grandes fortunas. Si las normas de vigilancia del mercado de valores en su contra resultan favorables a Hermès, que serán dadas a conocer a finales de este verano, Arnault y LVMH podrían recibir una multa de millones, que por supuesto, será una gota dentro del océano de ganancias del grupo, que el año anterior registró la suma de 3.42 billones de euros. Estaremos al tanto. De momento, y por lo pronto, quedará sujeto a revisión de qué forma este escándalo afectará a la imagen de las marcas de lujo, de por si, hoy, casi por los suelos en el viejo continente. ¿Qué clase, no...? Igual que antes... Solo el tiempo lo dirá.  



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