1.7.13

DE MILÁN A PARÍS

Image::CHRISTIAN DIOR S.A. © PARIS::


Los dos mayores imperios de la moda internacional, Milán y París, acaban de concluir sus respectivas semanas de la moda masculinas para la temporada primavera-verano 2014. Y como siempre de las femeninas corre mucha tinta [más de la deseada, y necesaria…] pues dedicaremos algunos párrafos a éstas, a las dos más grandes dedicada a los hombres. De la británica, de momento, pasaremos, que ya por sí sola se va confirmando como cita ineludible del tour de temporada en otra brillante puesta en escena donde Londres cerró filas tras la cita que se autoconfirmó sola, y excepcionalmente. En la italiana, para el circo de la temporada en la pasarela milanesa, al mismo tiempo que Silvio Berlusconi era inhabilitado de por vida para ejercer cargos públicos y condenado a siete años de prisión por el caso de Ruby, una prostituta menor de edad y el dúo Dolce & Gabbana también era enviado al calabozo por evasión de impuestos al fisco, la Camera Nazionale della Moda Italiana ponía al frente de una conferencia de prensa a Gildo Zegna, Diego della Valle y Patricio Bertelli con una sonrisa que les partía la cara para esconder una gran [disculpando la expresión] casa de putas, en plan fiesta Bunga Bunga. Milán pierde peso, también terreno como pilar del sistema de la moda global ante la siempre sonrisa felina y mirada displicente de la capital francesa.  



Incapaces de promover nuevos talentos, divididos como circuito y barriendo cada uno para casa, los nuevos miembros de las familias dueñas de la moda italiana se encuentran a las ostias con otros pesos pesados del propio barrio, como Giorgio Armani, quien los apunta con el dedo tildándolos de incapaces y acusándolos de permitir que algunas marcas como Miu Miu y Valentino desfilen en otras ciudades tirando por tierra la credibilidad de la institución. Y vamos, tiene razón. Curioso lo de Miu Miu, en manos del propio Bertelli, no de Valentino, nueva propiedad de los emires de Qatar. Arriba de la pasarela, fue todo una caballerosidad. Debajo, un cuadrilátero hortera sin fronteras, muy a la italiana… como siempre. Sobre prendas, la gran mayoría de casas apostaron esta temporada en la mezcla de lo formal y lo deportivo con pocas ganas de excentricismos. Cosas de crisis. Piezas aparentemente simples pero manufacturadas en alta complejidad tecnológica desde el punto de vista de diseño, con reminiscencias al pasado. Como describe Eugenia [de la Torriente], en Gucci hablaban de sastrería tecno. Prada giñó el ojo a Estados Unidos y Hawaii. Stefano Pilati debutó en Zegna sin caer en estridencias tras su paso por Saint Laurent y el arisco Armani puso a jugar una colección suave de siluetas ajustadas haciendo incapié, de nuevo, en lo tecnológicos y el universo deportivo.



Concluido Milán, entre maletas, taxis, aeropuerto, más taxis, hotel y estridencias, París inauguraba su semana sin antes pasar por noticias gruesas para la industria o su propia historia, como si todo pasase al mismo tiempo. Enlutaban la cita los decesos del creador Jean Louis Scherrer [París, 1935], que como Yves Saint Laurent o André Courrèges, fue también otro de la grupie que llevó la bandera de la alta costura y pret a porter franceses como uno de sus mejores embajadores por todo el mundo, en esa sofisticación y elegancia universal por estos días casi extinta. Muerto. Muerto también Bert Stern al otro lado del charco, en la ciudad de Nueva York. Todo el mundo se quitaba el sombrero por aquel fotógrafo norteamericano considerado el revolucionario de la fotografía publicitaria, el auténtico Mad Man en que se inspiraría Hollywood para la serie de casi idéntico nombre, y último retratista de la estrella planetaria Marilyn Monroe antes de su muerte teñida en especulación y sensacionalismo así, al más puro estilo norteamericano, hollywoodense frente al que París mira para el lado, con aparente desprecio, pero que en secreto lo seduce hasta lo vergonzoso, tapándose los ojos con la mano pero dejando dos dedos entreabiertos a la altura del ojo, aunque no les guste oírlo ni leerlo. Seguimos. A estos decesos se sumaba otro, anterior, o más específicamente a su esclarecimiento. En otro rincón del mundo, en el archipiélago de Los Roques, por el océano caribeño frente a las costas de Venezuela, era encontrado el avión de Vittorio Missoni, el delfín de una de las dinastías más importantes de la moda italiana, desaparecido el pasado 4 de enero sin dejar rastro mientras volaba a Caracas. Roma, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, como el Ministerio del Interior de Venezuela y la oficina d prensa de Missoni confirmaban la noticia. En el accidente también habrían fallecido Maurizia, su compañera sentimental, dos amigos de la parja y dos pilotos. La nave había sido encontrada a setenta metros de profundidad, rota en trozos pero con la matrícula clara.



¿Quiere más? Pues bien. A estos fallecimientos, se sumaba, de la mano, la sorpresiva renuncia de Stuart [Vevers] a la dirección creativa de Loewe para ocupar el mismo cargo en la empresa neoyorkina Coach, reemplazando a Reed Krakoff tras dieciséis años en el cargo, quien abandonaba para dedicarse en tiempo completo a su propia firma.  Bien por Krakoff, también por Vevers. Mal por Loewe, que vuelve a la palestra de la inestabilidad y mal por LVMH, propiedad de Bernard Arnault y propietaria de la marca española, con esta noticia que se suma al actual litigio con el cual se enfrenta a las familias propietarias de Hermès por apropiación indebida de sus acciones frente al organismo regulador francés en otro escándalo público y nada más alejado del glamour. Vamos, un thriller completo con el lujo de escenario en el fondo. ¿Qué tal?, ¿No es suficiente aún para Usted? Pues bien, a todo esto, en la “glamorosa” París, se sumaba que, al mismo tiempo que partía la pasarela masculina, seguramente todos los gays, en pleno día del orgullo desfilando por las calles de la ciudad como feria de primavera en un auténtico circo, gritarían de emoción al leer por las redes sociales el debut de la Editora en jefe y desde hace un tiempo celebridad Anna Wintour, quien a través de su primer twitter, tras el reconocimiento de la igualdad de derechos en las parejas homosexuales por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, escribía: “La resolución de hoy supone un gran paso para todos los estadounidenses que luchan por la igualdad. No podría estar más feliz u orgullosa por ello. A.W.”, lanzando con eso mismo un guiño a Barack Obama quien firma de igual forma con sus diglas B.O. Y la Wintour los puso a todos en llamas, en una París enardecida en la bandera multicolor ante la mueca de asco de casi un millar de personas que desde sus balcones miraban todo ello tras la aprobación por parte de su propio congreso de la unión civil de homosexuales, pasándose a la iglesia, la extrema derecha y a es millar de pirados por donde Usted se lo imagine. Y así comenzábamos con la semana masculina parisina. Ahí vamos.



Al contario de Milán, París fue, años luces, más ordenada, también sofisticada… y no es de extrañar. Cada creador, como escritores, usaron un vocabulario común para componer su prosa. Ann Demeulemeester, belga, se inspiró en el universo de los guardabosques a través de camisas, pantalones y zapatos, utilizando motivos vegetales impresos o bordados, juegos de rayas, esteras y satén de algodón que crearon una puesta en escena de una atmósfera solar y sensible, pero no empalagosa. Acne, la firma sueca ya famosa por sus vaqueros indestructibles y bien cortados, exploraron las formas sofisticadas a través del mundo del arte, mezclando referencias de la década de los años cincuenta con la obra de la pintora abstracta Hilma af Klint, con un resultado interesante y una colección de estética singular creada por Jonny [Johansson]. La Maison Martin Margiela, pese a no defraudar, no es capaz de igualar [ni siquiera imitar] a su fundador. El formato de espectáculo ha diluido su interés. Lamentable; Kris [Van Assche], utilizando un mínimo del idioma del registro como hilo conductor, lo tradujo en una versión deportiva y urbana con una colección en el podio con aspecto propio y rigor, en cortes clásicos que se funden con la ropa deportiva, chaquetas con cuello de cremallera y otras piezas deslumbrantes. Kris no defrauda; Ricardo [Tisci], acostumbrado a saltarse las reglas del juego, aún más con la ropa masculina, creó para Givenchy una colección con una estética basada en las raíces de la calle, expresada en una versión de lujo sin cabida a concesiones. El italiano elige modelos de todos los orígenes y juega con los arquetipos de riesgo como las pandillas de latinos y el rap, superponiendo referencias del mundo del skate, África y la estética retro de los años setenta, con siluetas mezcladas en soluciones saturadas impresas en camisetas, camisas, abrigos bien cortados y trajes impecables, en una elegancia libre y poderosa, solo para gustos específicos. Bien por Tisci, bien por Givenchy; Aldo María Camillo, tras pasar por Valentino, debuta en Cerruti para darle nuevos bríos limpiándola de vocabularios anticuados. Su colección estuvo compuesta por piezas de materiales estrictos y flexibles, como cortes en el aire; En Berluti, Alessandro Sartori encarnó los encantos del clasicismo presentes en la piel del zapatero francés en una colección nutrida de pura cultura gala y específicamente en la elegancia masculina evocada por los impresionistas. Jardineros, Carteros y choferes de ferrocarril fueron su mundo para crear piezas de un lujo impecable en colores densos y materiales extra ligeros, destacando formas simples y precisas. La colección fue presentada en el fabuloso Hotel de Sully, Place des Vosgues.




Dries [Van Noten] se inspira en un fragante jardín de flores, margaritas y otras tropicales para pantalones cortos y tops en un tributo romántico para homenajear a famosos que amaron estas flores, encarnados en las figuras de Marcel Proust y Oscar Wilde. Y pese a parecer cliché, en Dries y su habitual oscuridad, pues no lo es. Usando el negro y el azul marino, disminuye la abundancia para motivar motivos rococó que inspiraron en el siglo XVIII, como una película de terror en Hawaii, enriquecido con bordados para la decoración perfecta e incluso bucólica que mantiene su magnífica oscuridad. Grande Dries; Kim [Jones], por su lado, se zambulle en el universo del scoutismo para la apuesta de temporada de la firma indignia de LVMH, Louis Vuitton. Mezcla la juventud masculina con el mundo de los internados privados, el azulejismo, los viajeros y el montañismo en tonos grises, espiga contra rayas igualmente grises y blanco con toques de pañuelos rojos como señal de su regreso a la noticia. Jóvenes universitarios recién egresados que viajan por el mundo, en la comodidad de una primera clase, un perfecto café castaño, un sweater gris simple para las noches frescas de avión, un traje a rayas para ponerse en caso de fuga, una chaqueta marrón con parches recogidos de todos los países visitados para ocasiones informales y un smoking con incrustaciones en plata que reviven la imagen de Gatsby como esos viajeros elegantes. Lo de Kim en esta ocasión ha sido supremo, quizás, influenciado en gran parte por su último viaje a la Patagonia chilena; Rick [Owens] regresa con el negro en una historia que cuenta la supervivencia y la lucha incondicional desespeñada por el grupo Estonian Winny Puh. Owens mira a la resilencia de la banda excluida de la época de la gran tarea del rock en Los Angeles. La creación per se en un diseñador que ama jugar con humor sobre los códigos del miedo y las zonas de violencia, y no solamente en apariencia de “Vicious”, esta nueva colección de Owens. De lo destacable de la nueva cita parisina, aparte de no mencionar las propuestas [porque no necesitan presentaciones] de Hedi [Slimane] para Saint Laurent y de Hermès, ambas, soberbias, acabamos con el negro también utilizado por Yohji Yamamoto, junto al gris, el naranja y el blanco para su última apuesta. Ofrece múltiples variantes en volúmenes [como en sus pantalones que son más legados de los cortes tradicionales japoneses], en piezas en donde todo va más allá de su función principal, siempre, muy Yamamoto. La camisa naranja es túnica, la chaqueta se transforma, a su vez, en otra cosa y así presenta a hombres que usan trajes negros y sombrillas que parecen empapadas en capas brillantes, y más brillantes. Sabemos todos, gracias a Yamamoto, que aún seguimos aquí.  Y eso ha sido Milán, y eso ha sido París. El resto del tiempo libre, pues lo de siempre, bebiendo y mirando el circo de los front-rows, Tulleries y en esta ocasión, repartida por toda la ciudad oculto tras las gafas oscuras en segundo plano y ojalá, que nadie te vea, ni que nunca supiesen que estuviste ahí, porque como decía Franca [Sozzani] en una reciente entrevista de Kate Finnigan para The Telegraph: “Es la gente en la moda, la que hace de la moda ridícula”… pues eso. Lo hemos vuelto a comprobar. Hasta la próxima.


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