20.1.14

EL DISEÑO COMO ÍMPETU

Image::MR ANTONIO DE MORAES BARROS FILHO © WIREIMAGE::


Recién concluida la tanda de desfiles masculinos para la próxima temporada otoño-invierno 2014|2015 en Londres, Milán, Florencia y París, más la recién inaugurada pasarela deHaute-Couture de la capital francesa, por estos días en plena marcha, demuestran una tendencia para los próximos seis meses del año en curso donde justamente, no se observa una tendencia más o menos homogénea, y esa heterogeneidad, a su vez, se convierte precisamente en tendencia futura. Un desorden entre deporte, futurismo, motoristas y caricias al pasado demuestran que a nivel corporativo, las grandes compañías van cada una a sus propios aires, y no está mal. De todo esto, es interesante dejar un margen para analizar un tema, por supuesto, presente en todas ellas, y me refiero al objeto del diseño, que dada su naturaleza, es extendible a todo el resto de disciplinas, y es necesario hablar de él.


El diseño. Hace no mucho tiempo atrás, la idea en la moda del “Menos es Mas” era una piedra filosofal para la mayoría de creadores que salían del imperio del sobrecargo de los ochenta para meterse de lleno en una suerte de “sobriedad sucia” de los noventa y llegar a la limpieza absoluta de los dos mil, para generalizar. La democratización en la moda puso a los imperios del lujo de cara a un regreso a los orígenes junto con una linea creativa en donde las siluetas eran simples y alejadas de cualquier sobresaturación de todo tipo. Todo ello, hasta hoy, parece haber llegado a su fin. Una especie de modelo designado por lo kitsh y a ratos pasando los límites del mal gusto se instalan sobre las principales pasarelas del mundo, y parece no molestar. Y es curioso caballeros, porque parece ir de la mano con nuestro propio mundo, una época donde los límites en toda suerte de áreas de la vida se difuminan dejándolo todo en una gran nada, que a su vez es un completo todo. Da la impresión severa que, una vez más, la moda representa como nadie a su propia época y es justamente el diseño, el principal responsable de ello.


Entremos al tema del diseño. ¿Sabe Usted cuáles deben de ser las cualidades del diseño? Porque dentro de todo, siempre deben existir unas reglas más o menos regulares para todos… dicen. Hace muy poco tiempo, en una de sus charlas en el American Institute ofGraphic Arts, el creador Milton Glaser regulaba algunas pautas que no son del todo descabelladas. Tiene relación con varios puntos esenciales que como totalidad, podrían avalar el universo de pastiches en el que hoy la moda se ha convertido, y quizás, sea muy válido. MR Glaser afirma que uno debiese trabajar sólo para gente que te agrada… ¿Qué os parece? Es una de las reglas de Glaser sigue, pero ¿Cómo la sigue? En el sentido personal de saber que ser profesional requiere que no te guste particularmente la gente para la cual trabajas, o al menos debías tener una relación distante, lo que significa por ejemplo no almorzar con tus clientes o no tener encuentros sociales. Sin embargo, Milton cayó en la cuenta de que justamente lo contrario era la verdad. Que los trabajos valiosos y significativos que pueden producirse, provienen justamente de la relación afectiva con los clientes. Y en esto no habla de profesionalismo, sino de afecto y de compartir con los clientes algunos principios comunes, donde tu visión de la vida debe ser congruente con la de tu cliente, solamente, porque en lo contrario, lo que se llama profesionalidad, la lucha se torna amarga y falta de esperanzas.


Asimismo, debe de pensarse que si puede Usted elegir, Usted no debe tener un empleo, o sentirse como si lo que hace lo fuese. ¿Por qué? Porque según Milton, pensando de esa forma puede prepararse para la vejez, y eso tiene una entrelineas, que es básicamente, estar mentalmente preparado para reinventarse en el momento justo para continuar en la pista de baile. En ese ejercicio, la mejor máquina de ejercicios es quitarse de encima gente tóxica y quedarse con la buena cepa, y en su práctica, para identificarlos contra el tiempo, es pasar un tiempo con la gente, de copas, o cenando y observar si al final te sientes con más o menos energías, cansado o fortalecido. Si estás cansado, te han envenenado. Si tienes energía, te han enriquecido, y punto final. Lo que se ha visto en las pasarelas masculinas, ha sido algo parecido a eso, como un enriquecimiento creativo de gran parte de diseñadores y compañías, y de forma relajada, pero muy profesional.


En el tema del profesionalismo he de detenerme un minuto, porque la máxima de la aspiración al profesionalismo, es gigantescamente limitante. Lo que el profesionalismo significa en la mayoría de los casos es la reducción de riesgos, y a lo mejor aquello es totalmente lícito como en la medicina o el campo aeroespacial, pero aquí, en el campo creativo, cuando haces algo en forma recurrente para reducir riesgos o lo haces de la misma manera en que ya antes lo has hecho, se vuelve tácita la máxima de por qué en profesionalismo no es suficiente, porque lo que en este campo se requiere, es la transgresión continua, y el profesionalismo no da lugar jamás a la transgresión. ¿Por qué? Porque la transgresión incluye la posibilidad de error y si eres profesional, tu instinto te dicta no fallar, sino repetir éxito, por ende su meta es limitada, y aquello es un peligro que puede terminar por sepultarte. En esto volvemos al “Menos es Más”, que por estos días, pareciese ser un sinsentido, un asunto absurdo y vacío. ¿Por qué? Porque si observas una alfombra persa, en esta tanda de desfiles en más de un par presentes, cada cambio de color, cada cambio de forma, es absolutamente esencial para su calidad estética como parte de la historia visual del mundo, tal y cual como los edificios de Gaudí, el art nouveau o esos trajes fabulosos salidos de los emblemáticos talleres artesanos romanos y parisienses. Y en todo ello, el estilo se vuelve poco confiable. ¿Por qué? Porque es en ese punto irrelevante. Desde la abstracción extrema hasta la fiel representación del naturalismo, todos son fabulosos más allá del estilo, por ende es absurdo ser leal a un solo estilo, no lo merece, y esto para muchos es un problema, en el afán de tener un estilo propio que lo represente, que a fin de cuentas, una vez más, puede terminar por enterrarlo, por eso cada diez años cambian los estilos, par renovar las miradas dependiendo, esta última parte de la historia, a factores económicos siendo los estilos gobernados por intereses particulares y económicos. En ese punto, mantener tus creencias y preferencias se vuelve un acto de equilibrio. En una necesidad vital que junto a ella, en la medida que vives bien, tu cerebro cambia, porque el cerebro no es una máquina, es un jardín silvestre que constantemente está creciendo y esparciendo semillas, regenerándose. El cuerpo es muy sabio señores… es maleable a toda experiencia y a todo encuentro posible en nuestras vidas, y ni siquiera nos damos cuenta de ello. Rodearse de buena gente, dicen. Los locos buenos.


En el profesionalismo, aunque suene a absoluta locura, la duda es siempre mejor que la certeza. Todos siempre dicen que hay que tener confianza y creer en lo que haces, y eso es un error, porque creencias como esas, profundamente arraigadas de cualquier tipo, evitan que te abras a experimentar, por lo que vuelve cuestionable toda posición ideológica sostenida con firmeza, como decía Didier [Grumbach] sobre la moda de París, que es internacional y sin nacionalidades. Es el mejor de los ejemplos en plena semana de la moda en relación a esta perspectiva, sino, es inviable. El escepticismo y el cuestionamiento de todas las convicciones arraigadas es esencial para resolver cualquier problema, siempre, más importante que tener razón, sin cinismos. Eso provoca la sensación de autosuficiencia tanto en el mundo del arte, como en la moda y en el diseño, resistiéndote así a las ideas de cultura que te rodean, esa autosuficiencia que siempre es el enemigo en la triada cliente, audiencia y tú mismo. Como que en todo esto, no debe importarte nada, y cuando digo nada, es nada. Cuando todo te importa nada, relativizas la importancia verdadera de las cosas, y solo con ello, elevando el “No importa”, agregas décadas a tu vida, y si no bastase, salud a tu piel y al alma. No importa. Para terminar, el diseño tiene el rol más importante de todos en el sentido que debe siempre decir la verdad. La verdad sin aceptar ningún nivel mínimo de engaño. Las pasarelas, con toda la diferenciación que estamos viendo estos días, parecen decididas a eso, a decir la verdad, y eso no será nunca malo, al menos en lo que a estilo y tendencias se refiere. Como decía Eugenia[de la Torriente] en uno de sus últimos artículos sobre las pasarelas masculinas: “Es cierto que el resultado escapa a los límites del buen gusto.Pero ¿por qué debe la moda masculina estar tan constreñida por ellos? DianaVreeland abogó por incluir una pizca de mal gusto y vulgaridad en nuestrasdecisiones estéticas para insufrarles vitalidad. ¿Cuál es el obstáculo para queel vestuario masculino no se permita hoy transgresiones que parecían superadashace dos (o tres) revoluciones sexuales? ¿Es un problema de miedo al ridículo?¿O se trata de prejuicios? En todo caso, acatar el imperio de lo mojigato noparece propio del hombre del 2014”. Ya saben, entonces, por donde va eso, eldiseño como ímpetu.



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