30.9.14

PERFIL: GUSTAVO CERATI

Image::CLARÍN © BSAS::

No se llega a cumplir un mes del fallecimiento de Gustavo… de Gustavito, como le decía cariñosamente quién os escribe. Pero Gustavo no estaba muerto desde hace un mes. Lo estaba desde hace más de cuatro años, cuando tuvo ese accidente cerebrovascular en el camarín de una sala de conciertos venezolana, que lo dejó postrado en una cama de ahí hasta que dejase de respirar, ese jueves donde toda Argentina bajó la cabeza en silencio... Es difícil hablar de Gustavo… y es difícil porque tuve una relación cercana con él en mi época de estudiante en Buenos Aires, hace casi una década atrás.


No tuvimos buen comienzo. Lo conocí en mi propio piso, un departamento pequeñísimo que por ese tiempo alquilaba en el barrio de la Recoleta, en la capital transandina. Por esas cosas de la vida, empezó a salir con la que era mi mejor amiga y confidente, una maravillosa diseñadora industrial que a cualquier modelo, de esas que Cerati paseaba como trofeo, ganaba por goleada. Guapa, culta, elegante, discreta, de buenas maneras y muy divertida. Valeria lo era todo. Obviamente, en una noche de juerga en nuestra disco de toda la vida, el palermino Club 54, Cerati cayó rendido a sus pies. A mí no me gustaba nada el tipo. Era un rock star. Eso siempre era un peligro… comenzó el romance y a mí se me levantaba la ceja izquierda y se me dibujaba una mueca en la cara. Vamos, lo odiaba. Lo conocí en ese apartamento, cuando llegó un buen día a buscarla, entró, saludó, se quitó un par de zapatillas carísimas, se tiró en mi cama y me pidió una aspirina. Se le partía la cabeza del dolor. No alcanzaron a pasar sesenta segundos cuando aquel rock star tenía a un veinteañero diciéndole  que se levantara de su cama, se pusiera sus putas zapatillas, se sentara en el sofá, saludara de forma tradicional y de ahí, si caía bien, preguntase si acaso había en casa alguna aspirina…  Gustavo Cerati, el rock star, quedó en shock.


Lo conocía bien. No a él, personalmente, pero si al personaje. Había crecido escuchando su música, su “Persiana Americana” y todo el resto de un repertorio impresionante. Mi hermano lo escuchaba, mis primos lo escuchaban, toda mi familia (una familia muy numerosa) lo escuchaban. Era el “Sting” latinoamericano. En el cono sur era uno de los fijos en cualquier playlist, en la radio que fuese. Pero todo ello no me impresionó. Por el contrario. Aprendí, con Gustavo Cerati, en esa oportunidad, siendo muy joven, que las estrellas no existían. Que iban todos al baño. Algo provocó en él, algo fuerte, porque de ahí en adelante, se portó como un verdadero caballero. Cerati me pagó cuentas en restaurantes y otras delicadezas que prefiero guardarme en el recuerdo de un muy buen sujeto. Un tipo inimaginablemente culto, perfeccionista, un padre preocupado por sus hijos, en ese tiempo pequeños, insolentemente guapo y asquerosamente perfeccionista. Era un buen tipo, era un buen hombre, en la carne y en el hueso. La noticia de su accidente, y luego, de su perpetuo estado vegetal, y hace casi un mes la primicia de su muerte, causó un impacto real y profundo en mí. No por su calidad de estrella, su fama y su historia como uno de los músicos más importantes de su país, su continente y el resto del mundo, sino porque es muy complejo estar frente a la muerte en vida, literalmente, de una persona con la que has compartido, y a la que le tenías un cariño. El mundo ha perdido un gran artista, y más importante aún, a un gran sujero,  a un buen hombre.


Probablemente haya sido, después de conocer y compartir con Gustavito, la lección más grande de vida, determinante, para sentarte luego de los años, y al pasar de los años, frente a cualquier estrella, del área que sea, y no creerte nada de tu interlocutor, a menos que realmente, sea quien dice ser, y no por el trabajo y las luces, sino por lo que es, como hombre o mujer, padre o madre, hermano o hermana, tío o tía, a fin de cuentas, un ser humano más, común y corriente como Usted o como yo… Como bien escribe Alejandro (Rebossio) en el diario “El País”, Gustavo, “Gustavito”, fue un músico muchas veces adelantado a su época no solo en Latinoamérica sino en el ámbito mundial. Y eso, personalmente, te saca una sonrisa, o al menos personalmente, porque ese mismo genio, fue, quizá, un adelantado a su época, en el ámbito más importante de todos: el personal. Besos para sus hijos, Benito y Lisa, y para su madre, que fue siempre, su más importante fan. Que descanses en paz Gus. Al fin. Cumpliste MR. Me quito el sombrero, y lo sabes. Gracias por todo.




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