30.1.15

CHARLIE HEBDO

Image::MR EDDY LEMAISTRE PHOTOGRAPHER © PARIS::


Un miércoles de enero sería un día especial. Conocería a Eva, mi primera sobrina que acababa de llegar desde Francia junto a mi hermano y mi cuñada, una estupenda periodista oriunda de granada. No pensaba en nada más, solo en esa belleza de cuatro meses que solo conocía por las fotos y los videos que me enviaban a la distancia. No era menor. Se trataba de la primera mujercita en una familia de hombres con caracteres bastante fuertes. Entre pura testosterona había aparecido de repente, un puntito de ojos grandes que chupaba su chupete a lo Magie Simpson mirándolo todo, descubriendo el mundo y todo lo que en él se mueve. Y así estaba ese miércoles, al medio de una tienda infantil por primera vez en mi vida tratando de descubrir las tallas en las etiquetas de la ropa para bebés, un nuevo mundo para quién os escribe, indignado por los precios absurdos en las etiquetas de prendas que tendría puesta la niña como mucho tres meses.

En esas andanzas por el mundo de osos de peluche, zapatos talla dos y etiquetas entre cero a cuatro meses, trataba de entender lo que estaba ocurriendo, excitado no, excitadísimo, cuando el móvil me avisaba de un mensaje de texto. “Mira ya la prensa” escribía una amiga desde París. Algo había pasado. Algo gordo. Pagué rápido la cuenta irritante de un vestido hermoso y salí de aquella tienda de Inditex buscando el mesón de informaciones del centro comercial. Al conectarme y ver lo que ocurría, portada de los más importantes tabloides del mundo, y en realidad de todos, tuve que sentarme y dejar la bolsa con el vestido a un lado. La noticia era francamente perturbadora, y me tocaba especialmente siendo ilustrador, al igual que mi hermano. Hacía menos de una hora, a media mañana, al menos dos de tres tipos vestidos de negro de pies a cabeza, entraban al número 10 de la rue Nicolas Appert en París, armados hasta los dientes con kalashnikovs y abrían fuego a quemarropa contra los empleados y periodistas de la revista satírica “Charlie Hebdo”, conocida en Francia por el tono de sus sátiras cómicas contra todos y todo e internacionalmente por ser amenazada por el fundamentalismo islámico radical, o por grupos terroristas con todas sus letras.  

Probablemente nunca un crimen de páginas policiales ocupase tanto espacio y portadas ni en Francia ni en el resto del mundo, y es que el “Caso Charlie” se convirtió en viral, y eso, debido a que atacó directamente al corazón de los medios de comunicación y en la ciudad emblemática del mundo occidental. Al más puro estilo hollywoodense, las kalashnikov se pasearon y escupieron fuego a libre albedrío en las calles de París, inimaginable, pero cierto. Francia se blindó en cuestión de horas, al igual que sus ciudadanos. El país entero salió a las calles y el evento se convirtió en la mayor manifestación social tras décadas de letargo. El nacionalismo se convirtió en grito de guerra en una sociedad acostumbrada a renegar de ese mismo nacionalismo, demostrando que esa misma característica, tan francesa, estaba más arraigada en el inconsciente colectivo que la primera vacuna.


Las críticas al extremismo islámico vinieron de todos los frentes, por partes de ricos y pobres, derechas e izquierdas, jóvenes y adultos, moros y cristianos. Los artistas e ilustradores de todo el planeta se tomaron revancha contra la censura extremista multiplicando sus creaciones por diez mil; radios, televisiones, diarios y revistas se dieron la mano para realizar la cobertura jamás vista a un hecho policial, masturbando el sensacionalismo mediático hasta la eyaculación y por un instante, Occidente entero desafió, advirtió y amenazó a Medio Oriente, a través de la imagen, que la estupidez que acababan de hacer no le atemorizaría, ni ahora ni nunca. Todos los responsables fueron cazados como perros por los servicios de inteligencia y asesinados a tiros sin misericordia ante la expectación nacional y mundial de millones de espectadores. La cacería filmada minuto a minuto en un espectacular reality show.



Independiente de esta lección cívica, política y artística, pocos se han detenido a pensar, sin embargo, en las razones para que un grupo de personas lleguen a esa locura que es el asesinato por la ridiculización de creencias y personajes religiosos. Dìcese que la sátira es propia de sociedades adultas y democráticas donde la posibilidad de duda es tremendamente sana para no permitir las idas de olla de ninguna ideología.  Pero este pensamiento, muy locuaz, no puede pretender ser entendido por una suma escalofriante de millones de personas que no saben ni siquiera leer ni escribir, históricamente sumidos en la pobreza, manipulables y sensibles a la humillación bajo el yugo de dictaduras y fuerzas armadas de violencia indescriptible. Francia, desde su poltrona intelectual y educativa, desde siempre se ha esmerado, quizá de forma inconsciente, de sentirse y creerse superior al resto de culturas, y hacérselos saber de forma pedante y muy bien diseñada. Quien os escribe, ya desde algunos años en el extremo sur del planeta y el continente latinoamericano, no ha visto, porque no es común, la mofa de ninguna religión en los medios de comunicación escritos de ningún país sudamericano. Puede deberse a que son gentes menos intelectuales a nivel general y masivo. O puede deberse también, a que están todos los pueblos de habla castellana dedicados a la devoción por la alegría y la buena convivencia en pro de una paz, a diferencia del primer mundo, por la convivencia sana en los industrializados, donde aún, en un lugar del mundo viven en paz judíos, musulmanes y cristianos. La sátira viene a la vida política de sus países y a la vida común de sus sociedades, cotidiana, no a las creencias, porque desde siempre también, ha crecido en sus mundos de mitología y espíritus. Francia debe aprender de Charlie Hebdo, a entender de una vez que la verdadera democracia radica en la aceptación por la diferencia, no en su ataque, mucho menos a través de sus artistas. Nadie es quién para meterse con la fe de las personas, mucho menos cuando es la piedra angular para superar el sufrimiento de los problemas, la pobreza y la miseria para cientos de millones de almas. El ser una cultura laica, intelectual y racional, no le da ningún derecho a menospreciar a otras y es curioso, precisamente en el caso francés, que en su superioridad agnóstica, sea según el barómetro de la felicidad, uno de los países más infelices de la tierra. Parece ser que los que no creen en nada y saben más, tienden a estar más tristes. Habrá que esperar a ver cómo siguen las cosas. Si el nacionalismo y la xenofobia tras el Caso Charlie ganará terreno en suelo galo, por ende en el resto de Europa complicando aún más la lucha por la igualdad y el mantenimiento de sus pseudo democracias... Si el fundamentalismo islámico volverá a tomarse revancha envenenando más el sentir y pensar de sus súbditos… Si los artistas serán capaces de generar un nuevo tratado universal que regule una ética en el ejercicio del lápiz y el papel para que este tipo de horrores jamás vuelvan a ocurrir, y básicamente caballeros, si seremos capaces, entre todos, de que este mundo sea un poco menos circo, aunque como están las cosas, es poco probable. Mi pésame a todos los colegas de Charlie Hebdo, a sus familias y en especial, a sus hijos.



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